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El ejemplo de la selección

La semana pasada hablaba con unos amigos españoles que habían viajado hasta Sudáfrica con motivo del Mundial de Fútbol. También llamé a mis amigos de Alicante y Teruel para intercambiar opiniones sobre lo que se avecinaba: estábamos a un paso de conseguir la ansiada Copa del Mundo de Sudáfrica. Hasta mi madre, poco aficionada al fútbol, estaba nerviosa y me dijo: “Hijo, estos chicos se merecen ganar la final”.

Todos coincidíamos en que en esta ocasión, se respiraba algo diferente entre los aficionados, sabíamos que este grupo de jugadores era capaz de hacer historia y que lo darían todo por alcanzar la gloria. Después de gozar con el gol de Andrés Iniesta el pasado domingo y ver a tantas personas emocionarse, abrazarse o llorar de alegría me di cuenta de lo que realmente este grupo de personas había conseguido. España lleva muy mala racha, todo el mundo lo sabe. Cualquier dato negativo, bien sea en relación al número de desempleados españoles o a las malas perspectivas de la reforma laboral, se convierten en el blanco perfecto para que la prensa internacional y especialmente la británica, nos haga la puñeta y nos malvenda con algún titular dañino.

Razón tienen pero no toda; y algo ha cambiado desde que el pasado domingo nuestros gladiadores levantaran la Copa del Mundo. Se respira optimismo, que se entere todo el mundo. España fue durante muchos años una economía a seguir, un ejemplo para todos y por desgracia, cayó en picado como una baraja de naipes. Pero hemos vuelto, por lo menos así lo han demostrado este maravilloso grupo de jugadores de fútbol, que han puesto al país de nuevo, en el centro del mundo. Espírtu de superación, compañerismo, dedicación por el trabajo bien hecho, responsabilidad… son sólo algunos de los valores que la Selección Española de fútbol ha sabido transmitir a toda la sociedad española.

En la vida, como en el deporte, uno tiene que plantear las situaciones con un punto de optimismo y orgullo que pueden ser claves para salir de una determinada crisis. El domingo estuve en Picadilly y Trafalgar y vi a toda esa gente feliz, orgullosa de ser española, celebrando el título con mucha alegría, como si hubiera querido desquitarse de la mala suerte que le ha perseguido desde hace algún tiempo. Estos jugadores se merecen una estatua y un templo, por lo menos; por la felicidad que nos han hecho sentir y porque han puesto a nuestro país de nuevo en el centro de todas las miradas. A partir de ahora la historia de España tiene un antes y un después tras la consecución del título mundial. Conscientes del tirón que la selección española de fútbol ha provocado, tenemos que aprender de sus virtudes y aprovechar la oportunidad de vendernos de nuevo como un pueblo campeón.

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