El gigante con pies de barro

Pese a que el brabucón americano se empeña en mostrar a través de Twitter que sus 7 maillots amarillos siguen en el pedestal del salón de su casa, Lance Armstrong es para la gran mayoría un gigante con pies de barro. La UCI estudió los informes de la USADA y ha declarado culpable al que, por mucho tiempo, fue considerado como el mejor ciclista de todos los tiempos. Recuerdo mi etapa infantil disfrutando de los tours ganados por Indurain, cuando observaba estupefacto como unos hombres tan fibrosos –aunque muy delgados- se pegaban esas palizas a base de yogures y plátanos. Ahora que no somos tan ignorantes, nos informan que muchos de estos deportistas de élite usan drogas para subir montañas,
para encestar canastas o marcar goles. Armstrong ha sido el gran reclamo de los medios para atacar a una parte del deporte que no gusta y que se viste de gánster para despojar a todos esos gladiadores de sus historias más memorables. Larga vida al deporte y corta –ojalá así sea- a la instalada red de doping que afea una disciplina –la deportiva- tan bonita y necesaria.

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