Gruinard Island: el misterio de la isla escocesa del ántrax

Gruinard Island
© Fotografía de Kevin Walsh

Durante décadas, la isla de Gruinard, en la costa noroeste de Escocia, fue demasiado peligrosa para permitir el acceso del público. Se la conocía como «la isla del ántrax» después de que durante la Segunda Guerra Mundial fuera contaminada por científicos que realizaban experimentos de guerra bacteriológica. Ahora, la BBC Scotland prepara un documental especial que se estrena el próximo 1 de marzo.

Los experimentos secretos dejaron el islote escocés inhabitable durante décadas, hasta que en 1981 un grupo conocido como los comandos de la Cosecha Oscura (Dark Harvest commandos) lanzó una iniciativa para llamar la atención sobre la letal contaminación. Cabe recordar que el ántrax es una bacteria letal, especialmente cuando se inhala, y resulta mortal en casi todos los casos, incluso con tratamiento médico.

Churchill y el ántrax como arma

La isla de Gruinard llevaba mucho tiempo deshabitada. Durante la Segunda Guerra Mundial una gran afluencia de soldados llegaron a las Highlands del noroeste para llevar a cabo preparativos secretos.

En 1942, con la guerra en su punto álgido, el Primer Ministro británico Winston Churchill temía que los nazis hubieran desarrollado una bomba biológica. Así que encargó a su equipo de científicos de alto nivel que encontraran la forma de utilizar el ántrax como arma. Tenían que encontrar un lugar de pruebas remoto, deshabitado y aislado, pero accesible desde tierra firme. La isla de Gruinard era el lugar ideal.

Nadie al otro lado de la bahía, en pequeños asentamientos como Laide, sabía lo que estaban preparando en la remota isla. Pero los rumores empezaron a extenderse cuando ovejas, vacas y caballos empezaron a morir de forma extraña.

Los hechos sobre lo que realmente ocurrió no se supieron hasta la desclasificación de una película del Ministerio de Defensa, 50 años después. En ella se mostraba cómo unas 80 ovejas eran colocadas en cajas de exposición frente a la nube de ántrax.

Los hombres que realizaban los experimentos llevaban monos de tela y protectores para el pelo, así como respiradores y guantes. La película muestra una pequeña explosión activada por control remoto y luego un polvo blanco que se desplaza por el viento. «Este pequeño momento, esta bocanada de polvo, libera la muerte», dice el autor Cal Flynn en el documental. En pocos días, todas las ovejas estaban muertas

Los cadáveres infectados fueron incinerados y enterrados en la isla. El experimento se consideró un éxito y los científicos regresaron a Porton Down, aunque el ántrax se quedó en la isla.

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