150 años de ‘underground’

En la estación de metro de Baker Street uno suele tener que esperar a veces bastante tiempo en los andenes de las líneas Circle y Hammersmith and City, lo cual ofrece la ocasión de contemplar la primitiva arquitectura de esa parada, restaurada hace tan solo unos años.

Así, ayudado por unos carteles en las paredes, que reproducen los dibujos arquitectónicos de la época, se puede visualizar cómo era aquel lugar al inaugurarse hace 150 años, el sábado 10 de enero de 1863, el Metropolitan Railway. El trayecto iba por debajo de las calles, desde Paddington, zona todavía semi-rural, hasta Baker Street y de allí continuaba hasta terminar en Farringdon.

En algunas de aquellas estaciones, sobre todo la de Baker Street y en la parte del trayecto entre King’s Cross/St.Pancras y Farringdon, se puede apreciar toda la magnificencia de la ingeniería civil de la época victoriana, al pensar en los miles de navvies, es decir los peones, principalmente irlandeses, que construyeron aquellas masivas obras.

¿Cuál era la finalidad de tan colosal inversión de capitales? La razón era que al final del trayecto de Farringdon se encontraba la «City». Hoy centro financiero, en el siglo XIX, zona de trabajo de toda clase. Estaba sobrecargada de población, residente, pasajera y obrera. Carros, coches de alquiler, omnibuses y hasta 200.000 personas llenaban las calles diariamente al dirigirse a sus lugares de trabajo en aquella zona relativamente pequeña. La intolerable congestión exigía alguna solución.

Además, el obrero tenía que presentarse a primera hora de la mañana si quería ganar su jornal. No había otra alternativa que residir cerca del lugar de trabajo. Los alquileres en la City, por consiguiente, eran muy altos. No era factible vivir lejos porque los omnibuses, tirados por caballos, eran caros para hombres que ganaban entre quince chelines (75 peniques) y una libra por semana. El nuevo Metropolitan Railway permitía que el obrero viviese más barato y más agradablemente en Paddington, aun añadiendo el coste del viaje diario en tren.

38.000 personas usaron el servicio el día de la inauguración

El Metropolitan Railway encargó sus propias locomotoras, de vapor hasta casi final del siglo, a la casa Beyer-Peacock de Manchester. Entre los 9,5 millones de viajeros que emplearon los servicios del Metropolitan Railway en su primer año de funcionamiento han debido de figurar algunos españoles. Y no es imposible que entre los españoles que experimentaron ese modo tan moderno de viajar hubiera uno que reconociera el diseño de las locomotoras, puesto que estaba basado en el modelo de las máquinas construidas por la Beyer-Peacock para el ferrocarril entre Bilbao y Tudela.

Tres minutos después de abandonar Farringdon, los convoyes del Metropolitan llegaban a King’s Cross, antes de Gower Street (hoy Euston Square), Portland Road (hoy Great Portland Street), Baker Street, Edgware Road y Paddington, cubriendo los aproximadamente seis kilómetros del trayecto en 33 minutos. Los asientos, por lo menos los de primera y segunda clase, eran cómodos. Los vagones estaban iluminados con gas, aunque la corriente de aire hacía que parpadease la luz mortecina. Sin embargo, el viaje debió de constituir una experiencia algo sucia, porque los condensadores de las locomotoras no tragaban todo el humo. Incluso en las fotos de la época se puede ver que los viajeros fumaban en pipa.

Aquel primer día 10 de enero de 1863, los trenes comenzaron sus viajes a las seis. Sobre las ocho, en cada estación de la línea, cuando subían a los trenes los empleados de los bancos y oficinas de la City, era evidente el enorme éxito del nuevo ferrocarril. En seguida se vio que se había subestimado la demanda, por lo que hubo que pedir prestados al Great Western Railway, que tenía su base en Paddington, vagones y locomotoras para ofrecer servicios adecuados a las muchedumbres que hacían cola para comprar billetes. De hecho, en King’s Cross, durante una hora y media, los taquilleros recibieron la orden de no vender más billetes en dirección a la City.

Algunos viajeros incluso sacaron billetes para volver a Paddington, comienzo de la línea, con el fin de asegurarse una plaza. Se calculó que hasta las seis de la tarde habían viajado en el Metropolitan Railway unas 38.000 personas, sin incidente de ninguna clase. Así empezó el primer metro del mundo.

 

Michael Alpert

Profesor Emérito de Historia

de España en la Universidad

de Westminster

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