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El rapto de Europa y sus consecuencias chipriotas

(Arriba) El rapto de Europa de Rembrandt, un cuadro que representa el mito de Zeus, en forma de toro blanco, raptando a la princesa fenicia Europa.

Desde la creación de los primeros tratados hasta la Unión Europea que conocemos actualmente, nuestro continente, pletórico de contenidos diversos y sumamente heterogéneos, ha experimentado una evolución que en tiempos suscitaba medias sonrisas en los que ahora son «los viejos del lugar». Recuerdo frases despreciativas como, «La Europa de los mercaderes», «Esto es cosa de los comerciantes»… Toda la historia de la UE está plagada de escepticismos. Pirrón de Elis, el supuesto promotor de las doctrinas escépticas, inspiró a todos los detractores de los tratados europeos, que sembrando todo tipo de dudas sobre el futuro de la UE, pusieron «palos en las ruedas» de un pensamiento europeizante que movió a millones de personas (no solamente a los francmasones), testigos involuntarios de los desastres de nuestras guerras, llamadas Mundiales con un inevitable egocentrismo.

Un porcentaje mayoritario de los británicos, gracias a sus medios de comunicación, son básicamente contrarios a la UE, y no pasa un día sin que reciban noticias en contra del €uro. Divertido es ver la cara que ponen cuando ven la realidad del cambio Libra esterlina/€uro, que no mejora ni a tiros.

El Parlamento Europeo

La evolución de las instituciones es la que las define con más claridad. Partiendo de una cámara con muy poco poder real, todo un «cementerio de elefantes políticos», los cambios en el PE han sido y siguen siendo muy relevantes. Las ideas y discusiones alimentan una visión futurista de unidad con total respeto a la diversidad. El crecimiento de la UE no ha menoscabado lo más mínimo su funcionamiento, y los partidos y coaliciones políticas nacionales encuentran allí un lugar para agruparse bajo una ideología concreta o reagruparse por razones estratégicas. El enfrentamiento y la confrontación civilizada, sin violencias. Una visita al Parlamento Europeo nos traslada hasta un pasado con nombres muy relevantes, con personalidades surgidas de dos guerras, con millones de muertos y heridos, enfrentamientos que en la actualidad nos parecen muy distantes pero que están ahí, a la vuelta de la esquina.

Nace el Euro (entre risas y burlas)

Y el escepticismo general alcanzó niveles de doctrina en contra del €uro. Desde sus comienzos y hasta mucho antes de su aparición en los mercados, la pomposa «moneda única» sufrió todo tipo de ataques, basados, sobre todo, en la falta de unidad política. Poco realista parecía el asunto: ¿cómo se puede tener una moneda común sin tener una unidad total? En términos sociales sería como tener hijos sin estar casados…

Y, sin embargo, hace ya una docena de años que dicha moneda alegra los bolsillos de multitud de europeos y habitantes de la llamada Eurozona; su valor con respecto a las otras monedas del mundo ha subido de forma imprevisible, especialmente con respecto al dólar USA, pasando de 0,90 € por cada US $ en el momento de su salida al mercado (2002), hasta los actuales 1,30 dólares que los americanos tienen que sacar de sus bolsillos para comprar una moneda única, aquella de la que se mofaban hace solamente doce años.

¿Es el atractivo del €uro su principal problema? ¿Puede la «moneda única» morir de éxito y no ayudar a superar las dificultades derivadas de las deudas acumuladas por los países de la «eurozona»?

Por suerte para los países europeos, los EEUU soportan una deuda superior; la UE es la primera potencia económica mundial y el US $ ha pasado a ser la segunda moneda del mundo, tras el Euro, tal vez como consecuencia de una política exterior. También es posible que el problema más grave de los dólares estadounidense resida en las «lavanderías de dinero» que disfrutan de libertad controlada en la «Dolarzona», desde que Breton Woods adquirió un significado en el sistema económico mundial. El control bancario es total, y «los amigos son los amigos». La credibilidad está en juego.

La «solución» argentina

Cuando miles de argentinos salieron a la calle para pedir (exigir) a su gobierno que no pagara las deudas del estado, convirtiendo a su país en un «paria» financiero, estaban sentando las bases de un sistema corrupto, con la inseguridad jurídica propia de los delincuentes internacionales. La depredación y la rapiña, el hoy y no el mañana, la falta de confianza en el futuro… Así no hay manera de que un país crezca, que una población guarde su dinero dentro, en lugar de fuera. Atraer inversiones, progreso y mejora de las condiciones de vida. El «desgobierno» peronista, todo un ejemplo de lo que no se debe hacer, garantiza un futuro de miseria económica, impropia de uno de los antaño países más ricos del mundo, donde los «chorros» ocupan puestos de muy alta «irresponsabilidad».¿Es esto lo que piden los chipriotas en la calle?

La Comisión, ¿irresponsable?

Chipre es un ejemplo muy interesante. Poco sabemos de sus «cloacas monetarias», aparte de su apestoso olor a corrupción financiera.

¿Necesitan Chipre y su Gobierno un sistema «policial» que evite los lavados de dinero procedente de los oligarcas rusos y sus sicarios? La sumamente inefable Comisión de las Comunidades Europeas, compuesta por unos cuantos miles de burócratas, podría tener una responsabilidad mayor en el control de las finanzas comunitarias. Su falta de capacidad de inspección es uno de los problemas más graves de la UE. La «burrocracia» de la Comisión, cobrando lo que cobran, compuesta por supuestos «cerebros privilegiados», deberían ser más responsables, sin ninguna duda.

En esa lucha constante entre políticos y burócratas, magistralmente expuesta en la serie televisiva «Yes minister», los problemas se diluyen, y las soluciones quedan en manos de los irresponsables de siempre, siempre listos para «echarles tierra encima», con la esperanza de que el tiempo repare las fracturas producidas en el sistema.

Los chipriotas y sus problemas financieros son nuestros problemas, tenemos maneras de solucionarlos, sistemas que, aplicados correctamente, corregirán cualquier problema. Esto no es África.

Afortunadamente, gracias a los ciudadanos europeos, Europa es un continente con un gran contenido. Y, además, «siempre nos quedará Suiza…».

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