Portada | Cultura y Ocio | Cine | En el hoyo. Desde los cimientos del Segundo Piso

En el hoyo. Desde los cimientos del Segundo Piso

Tras el reguero de alabanzas que dejaba el documental mexicano en su debut inglés en abril, En el hoyo (In the Pit, con título en inglés) sale ahora a la venta en el Reino Unido. Una obra para saborear con calma

El tráfico de Ciudad de México es un entramado imposible. Recuerdo que eran las 6 de la mañana de un día de abril de 2007 cuando el bullicio y la aglomeración en las carreteras eran ya desesperanzadores. Como buena turista una ve en toda adversidad una ocasión para las fotos y -en lo que encontraba la cámara en el bolso- un mamotreto, un monstruo de cemento, se nos apareció abriendo las fauces. “¿Pero qué co… qué es eso?”, murmuré al taxista apretando la frente contra el cristal trasero tratando de conseguir perspectiva para verle la barriga a esa serpiente que nacía quién sabe dónde y terminaba donde nadie sabe qué. “Eso, güerita, eso es el Segundo Piso. ¿Te quieres subir?”.

En el hoyo. Bienvenidos a la construcción del Segundo Piso.

Juan Carlos Rulfo comenzó este proyecto de documental en 2003 con las excavaciones en la esquina de su casa para lo que iba a ser el puente más largo de México. El Segundo Piso, como llaman los mexicanos a este animal en concreto, rodea la ciudad sobre el Anillo Periférico actuando como un conductor vial, un “desahogo” del tráfico de la ciudad. Este documental mexicano, hecho a pinceladas, toma a los personajes como si fueran colores para ir pintando un cuadro muy complejo. Por supuesto los ruidos, los cortes de tráfico, el desorden y el desmadre que provocan las obras de las ciudades nos hacen muy conscientes de que están sucediendo, pero nunca nos hemos parado a pensar que esas obras no son simples acontecimientos automáticos.

Esas obras están vivas, tienen una biología que es tan rica como los seres humanos que la componen. Y eso es lo que En el hoyo nos sirve en el plato: una suerte de humanidad en las grúas y el acero. “Se llama En el hoyo porque todo empezó dentro de una de las excavaciones para los pilares.” explica Juan Carlos, director de la cinta. “Se me ocurrió empezar por lo más bajo para ir subiendo con los pilares de la obra.” El documental transforma ese mamotreto de cemento en un personaje vivo y dinámico. En el hoyo saca provecho de nuestra tendencia natural a humanizar todo lo que nos rodea y, gracias a las personalidades de los obreros, al final lo que nos conmueve es el propio personaje del puente. De él se muestra todo, el puente queda desnudo ante la cámara de Juan y su equipo, ellos se encargan de exponerlo ante nuestros ojos: su parte dura, su despotismo, su maldad y hasta su lado tierno y protector. Ese puente no es un puente cualquiera, ese puente es Chabelo, es Pedro, es El Guapo, El Grande, El Chómpiras… al final ese puente ha llorado, ha sido padre, maltratador, hermano y hasta mafioso, vendedor de dientes de acero y montador de caballos salvajes.

En el hoyo se nutre de qué y quién es esta autopista. Cuando el documental empieza, con una toma escalofriante de un hombre que ha caído en uno de los hoyos, los demás obreros le lanzan una cuerda y le dicen que se la ate a la cintura. En realidad nos la están lanzando a nosotros. “¿Estás bien?” Nos preguntan. Y mentalmente contestamos “sí”, aunque no estamos muy seguros… pero ese personaje en el hoyo contesta por nosotros y el equipo entero comienza a tirar de la soga. Allá vamos. A partir de ahí vamos a vivir dentro del “útero” de este animal. Toda la música, exceptuando el tema final del plano aéreo, ha sido compuesta 100% con sonidos de la construcción; así que esos sonidos nos envuelven como los latidos de la madre al feto. Lo tenemos por todos lados. Poco a poco iremos saliendo y subiendo literalmente los 40 metros de altura de los pilares que sostendrán el Segundo Piso.

Ya hemos nacido, ya nos hemos acostumbrado a sus ruidos y compases, ya hemos conocido a sus hacedores, ya somos parte del proyecto. Un logro para quitarse el sombrero. En el hoyo consigue hacernos olvidar el celuloide, precisamente gracias al uso tan impecable de los recursos del cine documental: desde la foto fija hasta la composición de un plano secuencia inusualmente largo y limpio. Este equipo se recrea en los contrastes, este México DF podría llamarse Bogotá, Lima o Santiago; estos personajes podrían vivir en Venezuela, Panamá o Bolivia; porque la “belleza” del retrato reside en el primer gran choque que nos llevará de la mano desde el principio: el peligro constante en el que trabajan estos hombres del hierro. Que si en la obra llueve el hoyo se inunda y si el hoyo se inunda la pared se desmorona. Pero sin hierro no hay trabajo y sin trabajo no hay comida. “Más miedo nos da no comer el sábado. ¿Verdad Chaparro?” – nos gritan desde las dos dimensiones. Esta obra cinematográfica que ponía sus cimientos en el mismo hoyo que uno de los pilares del Segundo Piso, crece, quizás sin quererlo, junto con el puente hasta compararse a su altura. El plano secuencia de cierre nos deja con el corazón en un puño preguntándonos si volveremos a ver al Chaparro, a Pedro, al El Grande… Si ahora volviera atrás, mientras pegaba la nariz contra la ventanilla de aquel taxi del DF, contestaría inmediatamente a la pregunta del taxista: “Sí, claro que quiero subir”. Allí llevaría hasta el límite, mi agudeza visual en busca de algunas de las caras de los que ya son amigos, a lomos del dragón que una vez nos unió por un puñado de horas…

…Como acaba el documental: yo, ¿qué más les cuento?

En el hoyo (In the Pit) a la venta desde el 21 de junio

Relacionado

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio