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Mucho se esforzaron nuestros profesores de Formación del Espíritu Nacional franquista en penetrarnos las doctrinas patrióticas, básicamente de Falange Española, con aquellos: «Por el imperio hacia Dios», «Unidad de destino en lo universal» y muchas otras zarandajas… Al cabo de años nos divertimos recordando, contando sus andanzas y hasta recordando a los que, de buena fe, se habían creído el evangelio falangista y sus imágenes heroicas…

Si nos ponemos a pensar en ello, con detalle… pocos profesores han dejado realmente huella.

Los maestros de doctrina católica venían vestidos de negro, con sotana, con un crucifijo en el pecho que teníamos que besar en señal de respeto. Yo siempre pensaba en si lo limpiaba de vez en cuando, santidad, pero… Bueno, mejor ‘no meneallo’.

Con el tiempo fuimos descubriendo más y más profesores doctrinarios, sin uniforme, con ideas que, de forma más o menos descarada, intentaban propagar entre sus víctimas adolescentes, especialmente los menos dotados intelectualmente, de blanditos cerebros, y criterios evanescentes.

Algunas reacciones fueron notables. El paso del brazo tendido al puño alzado, muchos de nuestros compañeros hicieron la transición, entre vahos de cerveza y discurso victimista, cuando no revanchista. Con la propia firmeza y convicción de la oposición a lo establecido.

Nuestra lucha contra el franquismo tuvo mucho de ‘intelectuales’ contra ‘aborígenes’, a sabiendas de que la auténtica gloria es la de los derrotados y, por encima de todo, los muertos y heridos de ambos bandos.

Los nacionalismos españoles surgidos tras la ‘transacción’ (como un buen amigo dice), pidieron las competencias en educación con un único motivo: Poder adoctrinar a sus jóvenes estudiantes, a los que tratar como rehenes adoctrinables, con visión a largo plazo, con paciencia, como los soviéticos, nazis y fascistas europeos… No hay prisa. Veamos lo que pasa…

Pasa que un jerifalte regional, el político jefe de la Educación condicionada en Cataluña, arengó a una manada de profesores de catalán de los institutos diciendo que eran las ‘puntas de lanza’, o algo así, para ‘hacer país’, de cara al futuro. «La lengua siempre fue compañera de imperio», que escribió Nebrija.

Pasa que a España la creímos vacunada por el nacionalismo franquista, aquél sin miedo al ridículo, tras cuarenta largos años de ‘pensamiento único’ y ‘adhesión inquebrantable’. Y lo peor, lo más fracasado de aquella ‘travesía del desierto’, el nacionalismo y su irracional discurso, resurgen ya, endémicos, en la Península Ibérica, alias ‘Hispania’.

Pasa que las connivencias de algunos sectores de izquierda con los nacionalistas les hace haber aceptado las distorsiones de la Historia de España por parte de las autoridades, aconchabados con los sindicatos y los autores-editores.

Pasa que el virus del nacionalismo, que puede llegar a propagar una epidemia con tintes balcánicos o balcanizadores, que sólo beneficia a los caciques parásitos de la política, con vendedores de estilográficas que engolan su voz para marcar los destinos del país, su dirección, su futuro y, lo que es peor: Su economía.

Pasa lo más característico del facha redomado contra el que no comparte sus ideas: «Si no opinas como nosotros no puedes estar con nosotros…

«Hala, vía… vete pa’ España, que estamos ‘haciendo país'».

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