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Entrevista a Jordi Mollá, ‘El español tiende mucho a quejarse, y después se va de vacaciones todo el mes de agosto’

Jordi Mollá (Barcelona, 1968) se pasó esta semana por Londres para recibir el homenaje que el Spanish Film Festival tenía preparado para él. Homenaje cinematográfico, mayormente, pero en el que también cabía una exposición de pinturas del internacional actor. Multifacético donde los haya, Mollá tiene pendiente de estreno su segunda película, que terminó hace un par de años y por la que “habría que preguntar al productor” sobre la fecha de estreno. Además, en estos días podemos verlo en la espectacular Riddick, junto a Vin Diesel. Imparable.

 Jamón, jamón (1992) forma parte del homenaje que te ha dedicado el festival este año. Con Bigas Luna, recientemente fallecido, colaboraste en dos películas más ¿Qué palabras tienes para él?

Bigas era un padre para mí, un padre en lo artístico y para todo lo demás. Un señor con el que tuve una suerte inmensa de encontrarme. No habría sido el mismo si no me hubiera cruzado con él. Éramos amigos, hablamos de cine, de agricultura, de ciencia, de teología, del futuro… y ese es un poco Jordí Mollá, ¿sabes? La culpa de que yo sea como soy es gracias a Bigas Luna. Siempre quise absorber otros campos, y siempre me animó y me dio fuerzas para hacer otras cosas.

Después de tu primera película como realizador, tardaste casi diez años en ponerte de nuevo detrás de la cámara con 88 (2012), que está pendiente de estreno. ¿Por qué tanto tiempo desde No somos nadie (2002) a 88?

Después de No somos nadie me encontré con muchos proyectos para actuar. Lo de dirigir era como darte un homenaje, como decir “hoy voy a comer de puta madre”. Fue un capricho que me llevó tiempo. Curiosamente, a raíz de 88 tengo más proyectos en marcha para dirigirlos, también porque he encontrado una pieza clave, que es un guionista con el que puedo trabajar y escribir todo tipo de historias. Y sí, bueno, pasaron diez años…pero creo que cuando hay una segunda película hay una tercera. La jodida es la segunda.

Los que vieron 88 en el festival de Gijón dicen que hay mucho de David Lynch, ¿lo hiciste a propósito?

Totalmente. El cine de Lynch me interesa muchísimo. Me gusta cómo aborda el subconsciente. Es un genio al que le tengo un gran aprecio. 88 la quise rodar en inglés y en otro lugar que no fuera Barcelona. En cualquier caso, al final hice una película arriesgada, que era lo que yo perseguía. Una película que me hundiera para siempre o que me hiciera evolucionar.

 ¿Qué directores con los que has trabajado te han aportado más a la hora de dirigir?

Vuelvo a Bigas Luna. Cuando ruedo con un director nunca voy al monitor o me “entrometo” en la creación de la película, pero con Bigas me gustaba ver sus métodos en la filmación, cómo la iba cosiendo poco a poco. Esa actitud de director ante su obra me fascinaba. Bigas era un hombre que creía en todo…y al mismo tiempo creía en nada. Ese acercamiento es más sano. He madurado mucho, como actor además. No sé, hay gente que lo da todo por una película, y tampoco es eso, ¿no? No estás salvando vidas. A las cosas hay que darles la importancia justa; y eso que No somos nadie era una aventura muy complicada de realizar. Había muchas localizaciones, muchas cámaras, extras, efectos digitales… Fue un despliegue brutal, y encima yo era el protagonista.

 Cuando publicaste tu segundo libro hace unos años, Agua estancada, comentaste que lo habías escrito para ti. ¿Te ocurre lo mismo con una película tan heterodoxa como 88?

Mientras rodaba 88, mi madre me dijo un día: “Jordi, ¿esta película que estás dirigiendo va a ser tan rara como la primera?”. No llegaba a entender las razones de mi estilo, y supongo que le pasará a otro público. Tengo un proyecto para el año próximo con el que pretendo agradar más, pero igual te digo que a lo mejor después hago otra cosa más personal. No sé, es un vaivén. Mi pintura, por ejemplo, la hago para la gente, no pinto para mí. Si hago una exposición en Londres, pinto teniendo en cuenta lo que le puede gustar a un inglés, y si la hago en Italia pues pinto para los italianos. Tampoco tengo una idea clara de todo esto, a ver si me entiendes, no tengo todas las respuestas. Esto de las entrevistas es como ir a terapia; me oigo en voz alta y a lo mejor descubro algo que ni siquiera yo sabía. Descubro cosas sobre la marcha.

 Con respecto a ese tercer proyecto en la dirección, ¿tendrás algún apoyo financiero desde España? Y te lanzo la pregunta que está a la orden del día, ¿cómo ves la situación actual en la industria cinematográfica española?

En ese tercer proyecto, si sale, no hay dinero español. Es dinero internacional, pero porque ha surgido así, es una cosa más de fuera y me dejo llevar. Mis dos primeras películas estaban financiadas con dinero público de España y con el apoyo de las televisiones.

Y sí, es triste lo que está ocurriendo en nuestro país, pero tampoco hay que quejarse ¡eh!, que las películas siempre se pueden hacer, hasta con teléfonos móviles, y la distribución en el cine también está cambiando. Las salas están muy afectadas porque la gente mira el contenido en el ordenador, en aparatos portátiles, etc. La experiencia es diferente pero hay que adaptarse. Y lo de culpar siempre al impuesto del 21%…pues sí pero no, que el dinero se puede gastar para comprar un jersey o ir al cine a ver una película. Si a ti te gusta el cine, el 21% no te va a privar de ir a ver una obra, porque te gusta esa experiencia y quieres ir a verla. Ahora, si no te interesa demasiado, pues te irás al fútbol, o a cenar por ahí o a comprarte ropa. El español tiende mucho a quejarse, y después se va de vacaciones todo el mes de agosto, algo que no acabo de entender muy bien. Yo hablo mucho con los taxistas del mundo entero, aprendo mucho de ellos, y lo que me diga un taxista va a misa. En Madrid, en verano, algunos de ellos me han dicho sorprendidos cosas como “no hay un duro y está la ciudad vacía”. Y tienen razón.

Escribes, actuas, diriges, pintas… y pusiste la voz al personaje de un videojuego, concretamente Call of Duty: Black Ops 2. Háblame un poco de esa experiencia ¿En qué pensaste cuando recibiste el proyecto?

En el sobre (risas). Es halagador que te ofrezcan todo tipo de trabajos, te hacen saber que existes. Mi carrera está llena de cosas contradictorias. La integridad me interesa cada vez menos…pero tengo mi integridad. Quiero dar el triple salto mortal, ser totalmente plural pareciendo no íntegro pero siendo íntegro precisamente en eso…es donde estás a salvo de todo, es como tirar esta botella de agua por la ventana y decir “bueno, es Jordi, ya lo conocéis”. Eso es ser libre, en cierta manera.

Con lo del videojuego, pues apelé a esa libertad, aunque algunos pudieran pensar que Jordi Mollá no debía hacer algo así, ¿por qué no? Hay un montón de gente a la que le gusta estos juegos y lo hago también por ellos. Otro ejemplo: Riddick. Esta película no tiene nada que ver con El cónsul de Sodoma, por decirte una, pero es que hay que ponerse en las situaciones. A mí, como espectador, sí que me interesa más El cónsul…, pero veo Riddick y reconozco que es chula y espectacular. Intento ser plural y no tomarme muy en serio ciertas cosas, como te decía antes.

 En Riddick vuelves a hacer de malo en una película norteamericana…

Y qué voy a hacer, hijo, es que es lo que me ofrecen (risas). Debe de ser que lo hago bien. Los “gringos” ven a un español en la pantalla y lo relacionan con el “bad guy”. Y esto es así, a no ser que hagas películas pequeñas e independientes. En el cine, y en todo, da mucho miedo lo nuevo, por eso repetimos siempre lo mismo, y en el caso del cine comercial norteamericano es muy patente. Es como si Brad Pitt interpretara…yo qué sé…un papel en el que nunca lo has visto en tu vida; igual el público lo rechazaría. El espectador, en general, no quiere riesgos, quiere ver lo mismo o, al menos algo muy parecido.

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