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Entrevista con Eduard Fernández: “El lugar natural para desarrollar todas las capacidades de un actor es el teatro”

Durante los últimos quince años, Eduard Fernández (Barcelona, 1964) se ha ido abriendo paso entre el grupo de los imprescindibles del cine español. Actor de movimientos calculados, buen fumador en pantalla y con una voz de esas que acompañan nuestras memorias cinematográficas. Un currículum que incluye innumerables premios y colaboraciones en películas de Pedro Almodóvar, Bigas Luna, Mariano Barroso o Fernando Trueba. La semana pasada estuvo en Londres para regalar su presencia al público de la edición primaveral del London Spanish Film Festival.

Junto a Nathalie Poza, has venido a presentar en el Spanish Film Festival Spring Weekend la película Todas las mujeres. En ella haces de una especie de «Peter Pan» adulto… ¿Crees que el personaje refleja al hombre moderno?

Representa esa cierta tendencia del hombre a comportarse de una manera más infantil que la mujer. Nacho, en concreto, es un personaje al que no solo le cuesta crecer sino que no se siente con derecho a ser querido y casi ni a vivir. Busca que los demás le solucionen problemas. Y los demás son las mujeres, a las que sabe embaucar, seducir, manipular. Tiene una incapacidad brutal para el compromiso, para ver más allá del ahora. La película es una huida hacia adelante de una persona que, por intentar solucionar una contrariedad, va creando otras nuevas.

Esta obra ganó el Goya al mejor guión el año pasado. En Norteamérica las películas ganadoras suelen tener una segunda vida comercial. ¿Crees que en España pasó lo mismo?

Ocurre, sí, pero creo que solo con las películas que triunfan mucho, de esas que se llevan los premios grandes. Se reponen y se ven, aunque la repercusión sigue sin ser mucha. Con respecto a este asunto de la taquilla, me gustaría decir que hay una cosa en España que nos afecta negativamente, y eso es el doblaje. La gente está muy acostumbrada al cine doblado, y cuando ven algo en versión original, en español, se quejan de la calidad del sonido.

Tú has ganado dos Goya. ¿Sensaciones, ideas, filosofía sobre los premios?

Pues sienta bien, muy bien. Tan bien que incluso merezco otros que no me han dado (risas). Esto de los galardones hay que tomárselo con deportividad. En los premios influyen muchas cosas, y nunca sabes qué exactamente. Casi todos hemos vivido esa experiencia de ver cómo le dan un reconocimiento a alguien que no lo merece; sin embargo, cuando nos lo dan a nosotros mismos, es difícil pensar que no nos lo merecemos. Habría que tomárselo con calma y media sonrisa.

Tengo entendido que te gusta meterte de lleno en los rodajes y sugerir cambios o ideas a los directores. Esta película es tu tercera colaboración con Mariano Barroso, supongo que conoce bien tus inquietudes durante las filmaciones.

Sí, él me conoce bastante. A mí me gusta proponer, lo considero parte de mi trabajo, pero siempre pensando bien lo que voy a decir. En el caso de un protagonista es además diferente al del secundario…que, por cierto, me parece muy cutre decir «secundario», en inglés es más correcto cuando usan la palabra supporting actor. Tú, como protagonista, vas con la película y la película va contigo, prácticamente sois la misma cosa; yo ahí me siento con la responsabilidad y las ganas de ofrecer mi granito de arena a la hora de crear el entorno apropiado para el resultado final. Al Nacho de Todas las mujeres le sumé angustia, precipitación, prisa y cierta comicidad.

Yo me reí mucho. La conversación con la madre es maravillosa.

Es que es para reírse. Y me gusta que el público se ría con la película, la están entendiendo bien, no se puede hacer otra cosa ante un personaje tan esperpéntico. Lo de la madre es antológico.

Y ya que te gusta tanto aportar en los rodajes, ¿has pensado en llevar el control tú mismo y dirigir algo?

Me lo dicen a veces. Hasta ahora siempre he dicho que no, pero empiezo a pensar en la posibilidad de hacerlo algún día. Creo que comenzaría con un corto. Lo que tengo claro es que, si dirigiera, sería original mío, algo que yo escribiera o co-escribiera con otra persona. ¿Sabes? Antes de estudiar para ser mimo, hice dirección de cine durante dos años. No aprendí gran cosa, para serte sincero. Eso sí, iba a la filmoteca tres veces al día y me empapé bien de la nouvelle vague o el neorrealismo. Es posible que esos dos años vayan a cobrar por fin sentido en el futuro.

Después de dedicarte a la mímica entraste en el grupo de teatro Els Joglars. En alguna ocasión has comentado que fueron años muy intensos y que se trabajaba durísimo, sin apenas pisar la casa. ¿Es tu actual vida en el cine un juego de niños comparado con aquella época teatral?

Es muy distinto. Le tengo mucho cariño al escenario, y, de hecho, me empieza a parecer que el lugar natural para desarrollar todas las capacidades de un actor es el teatro. Tengo muchas ganas de hacer un «solo». No sé por qué no uso la palabra monólogo, siempre digo un «solo».

En teatro, en televisión, en cine… ¿te falta aún por encontrar el papel de tu vida?

Quiero tener siempre la sensación de que no he encontrado todavía el personaje de mi carrera, así seguiré con la misma ilusión. También hay interpretaciones que recuerdo más que otras. La de Todas las mujeres es una de ellas, sin duda, o la de Ficción, donde hacía de un hombre que era el polo opuesto de Nacho: tímido, reservado, de pocas palabras. Sigo con las ganas de buscar historias, de moldear el guión, ese «barro» del que espero no cansarme nunca de meterle mano. Me han hablado de un proyecto, del que no puedo decir nada, y ya estoy ansioso de tener el texto delante de mis ojos.

¿A qué actores has admirado y admiras?

Mi respeto por Marlon Brando no ha cambiado. Siempre ha sido ese mito principal. Con el tiempo he descubierto a otros, como a Philip Seymour Hoffman, que era una bestia impresionante. Lloré su muerte.

Pronto se estrena en España la película El niño. Una de acción, espectacular, tal y como se ve en el tráiler, y algo a lo que no estás muy acostumbrado…

Cierto, todo muy nuevo para mí y muy divertido. No todos los días se sube uno a un helicóptero y se lanza a una lancha. Y trabajar con Daniel fue estupendo, es un amor. En esta ocasión hago de secundario, con una misión muy clara. Mi implicación ha sido menor, lógicamente, pero lo pasé genial.

Aparte de ese proyecto del que no puedes hablar, ¿qué más te espera en los próximos días?

Voy a rodar con Gracia Querejeta el mes que viene, en Tenerife. Es una película coral, donde no soy ni protagonista ni secundario. Es otro color.

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