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Ernesto Cánovas expone ‘An American Trilogy’ en Londres

Iconografía setentera del sueño americano vista desde un prisma desconcertante de personajes anónimos y encuadres sugerentes, al ritmo de An American trilogy. Esta es la propuesta del artista español Ernesto Cánovas que la Halcyon Gallery presenta en su sede londinense de Mayfair, desde el 30 de abril al 26 de mayo.

En su primera exhibición individual dentro de este espacio expositivo, -que representa también al artista canario Pedro Paricio, entre ilustres como Bob Dylan o Lorenzo Quinn- se sumerge en los estereotipos de la cultura americana, con más de 25 obras repartidas por la imponente sala principal, que recibe al visitante, y el mezzanine room, una pequeña estancia que sirve de colofón a la exposición. La evolución artística de Ernesto Cánovas se escalona a través de series o bloques temáticos dentro de un mismo esquema y, en esta ocasión, abre una ventana a una realidad lejana de escenas costumbristas contemporáneas, en las que el espectador se identifica y reconoce al formar parte de un pasado reciente.

La carrera de este artista catalán ha sido corta pero intensa. Empezó hace ocho años en Edimburgo para pasar por una corta etapa en Nueva York y asentarse en Londres, donde fue seleccionado por la Saachi Gallery entre los artistas emergentes de mayor talento en 2011, reconocimiento que le puso en primera línea y que le sirvió de impagable escaparate para llegar hasta aquí. «La exposición representa un antes y un después en mi carrera, ha sido un proceso de conquista por ambas partes que ha durado tres años hasta llegar a esta oportunidad. Me siento valorado pero intento seguir mi mensaje, que me lleva a girar en un movimiento helicoidal entre la abstracción y el figurativo con obras que combinen los dos canales en una conexión evidente de sensaciones. No me quiero encasillar y necesito siempre evolucionar y buscar nuevas vías de mensaje, nuevos caminos…mis caminos», comenta el artista.

Le obsesiona la idea de la inmigración, ya que ha sido y es inmigrante, y utiliza este continuo peregrinaje como base de su mensaje. En la exposición evidencia la idea que la sociedad tiene de América y el sueño americano, representada hasta la saciedad por los medios, y que descontextualiza y reinterpreta a su manera. «Mis obras son fotografías que saco de los periódicos, revistas o de la calle, inspiradas en ocasiones también en películas. Me gusta la idea de encontrar iconos, situaciones y ambientes fácilmente reconocibles pero que no se corresponden con una realidad concreta, sino con un ideal», asegura Cánovas acerca de la fuente de inspiración de sus instantáneas.

Juega, retoca, une y las encuadra a su antojo formando unas postales de la vida real a las que salpica de positividad a través de colores vivos que se intuyen en pequeños puntos sobre la lijada y barnizada tabla. Estos puntos cromáticos son un toque irreal, así como las figuras geométricas: se fusionan con la imagen, desconciertan al que se sitúa frente a la obra y lo trasladan de nuevo al punto de origen.

En las piezas presentes en la exposición, se denota un énfasis en la ambigüedad y descontextualización, ya que muchas de las fotografías no representan la realidad sino un icono. «En ocasiones corto fotográficamente las cabezas de las personas u oscurezco los rostros, en cuanto se sabe el contexto la foto se ve de una manera diferente y cobra un sentido absolutamente distinto» explica Cánovas. Este mismo limbo visual, ha permitido al artista en otras ocasiones dar un paso más en su mensaje y conectar, por citar un ejemplo, la monstruosidad conceptual de la humareda provocada por una explosión nuclear con la majestuosidad de los escorzos que crea: imágenes impactantes y reconocibles se convierten en nubes sin cielo.

La representación de figuras históricas, privadas de su contexto – el hombro insinuante de Eva Braun, las hamacas de los Kennedy o unas manos esposadas – traslada al espectador a esa dualidad entre la vida y la muerte, normalidad y carisma, para crear un envoltorio que rodea la historia de cada una de las personas que aparecen, y cambiar totalmente la perspectiva. «El ambiente menos descontado y predecible es el que me gusta, por eso intento generalizar y crear realidades paralelas con el anonimato por bandera» aclara el artista.

Cánovas se debate entre lo concreto y lo aparente con una tendencia a unir ambos campos sin distinguirlos absolutamente. «Abstracción y realidad, realidad y abstracción…no las distingo…viendo desde la ventana puedo ver casas y percibir la realidad común, pero, a la vez, veo la geometría y la abstracción con los mismos ojos y no me causa una sensación diferente, ya que las englobo en el mismo contexto, son parte de una misma cosa», revela el artista acerca de un mensaje en el que crea la interrogante entre lo real y lo irreal, junto a la percepción aparente y el condicionante del contexto.

Ernesto Cánovas se sirve de sus imágenes para plantear algunas cuestiones acerca de la identidad global y particular del individuo y su relación con el mundo presente, como una consecuencia del pasado y un interrogante sobre el futuro. En esta ocasión, presenta un mundo risueño de rock, astronautas y cielos azules, donde un ojo indiscreto abre las capas de barniz, pintura y colores para llegar sin darse cuenta al fondo del mensaje, a la intención del artista, y formar parte de su mundo creando otras realidades.

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