Portada | Cultura y Ocio | Ese monstruo de ojos verdes

Ese monstruo de ojos verdes

El monstruo de los ojos verde, la sombra del amor que se burla de la carne que lo alimenta definió Shakespeare a los celos. Nos acecha en el sitio más recóndito de nuestra mente, agazapado para saltar sobre nuestra paz mental en el momento más insospechado.

Tú te encuentras en la cresta de la ola, levantando el vuelo desde tu tabla de surf y sin previo aviso algo te agarra fuerte de la cintura, notas sus garras aferrándose a la boca de tu estómago y un súbito empujón te arrastra hacia el fondo. Quieres gritar y te ahogas con tus propias palabras, el agua no se siente fría nunca mas, bulle a tu alrededor, el sonido del latir del corazón es ensordecedor en tus sienes.

Crédito flickr.com/megyarsh Coming Up for Air

 

Así que te aferras a lo primero que pillas, la pierna de la persona que te acompaña en la tabla, si te hundes tú os hundiréis los dos ¿Quién te dice que no fue él el que te empujó de tu tabla de salvación? Eso es, la culpa debe de ser él, tú no, tú jamás…

Una vez pasada la euforia de las primeras relaciones adolescentes, me convertí en una persona bastante independiente en mi vida de pareja y poco dada a montar escenas. Pensaba ya superadas todas esas inseguridades al grito de “si tiene que pasar pasará, da igual que yo lo piense más o menos” y en los últimos años no me había ido nada mal.

Pero a la vida le encanta ponerte en tu sitio cuando ve que te relajas más de la cuenta o vas de sabionda, be aware ¿En qué momento dejamos de pensar en una persona como ser independiente y lo hacemos nuestro? ¿Cuándo empieza a molestar lo que otra persona haga y empezamos a medir con un doble rasero.

Este pellizco en la boca del estomago hace que saques lo peor de ti, ya sea montando una escena, vomitando nuestro veneno, creando inseguridades y no solucionando nada. Y dice que los celos son causados por la desconfianza, la poca autoestima, el temor a la soledad y el egoísmo. Pues debe ser eso, que de vez en cuando nos quedamos los últimos en la fiesta y con las peores compañías.

Yo por mi parte he decidido coger esa garra, aferrarla fuerte, y mientras le miro fijamente a esos ojos verdes, bailar al son de un buen tango. Si no puedes con ellos, únete.

Relacionado

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio