España is different

 

Las playas, los pueblos y sus gentes, las populares fiestas y nuestro estilo de vida…Recorremos 60 años de carteles turísticos que supieron cautivar al turismo británico

 No sólo por sus playas, sus días soleados y exquisiteces culinarias. España es diferente por muchos más atractivos que enamoraron a nuestros turistas y que, gracias al fondo documental del Instituto de Estudios Turísticos, hoy podemos conocer a través de llamativos carteles que traspasaron las fronteras para atraer a ‘los de afuera’. España is different, tal y como recordaba el slogan más popular que supo convencer a los británicos de que, a poca distancia de sus islas, existía un país latino con buen tiempo, extensa cultura, lindas mujeres, fiesta y estupendas tapas. Echamos una mirada hacía atrás para recordar, gracias a parte de la historia de la promoción turística de España, los encantadores pueblos andaluces, los señoriales monumentos de Madrid, las fiestas más folclóricas de ambas Castillas, el turismo rural de recónditos lugares así como un patrimonio cultural infinito.

El Patronato de Turismo español vio la luz en los años 30, pocos años después de que Alfonso XIII inaugurase el primer Parador en Gredos (Ávila), dando así a conocer la marca «Spain» a través de carteles muy sugerentes. Símbolos, dibujos, lemas y fotos que decían mucho de la idea que tenía el español de su propia imagen en el extranjero.

Las primeras litografías ya hablaban maravillas de los jardines del Generalife en las cercanías de la Alhambra de Granada, o de otros lugares menos populares pero igual de bellos como el Alcázar de Segovia, en cuya promoción se usaron adjetivos traducidos al inglés tan atractivos como «exuberante» y «delicioso». Las frases para enganchar a los extranjeros se simplificaron durante esos años en un escueto «Visit Spain», que siguió dando a conocer lo mejor de las provincias del país, todavía a través de litografías como las de Baldrich o Vaquero. A lo largo de las dos siguientes décadas solo fueron necesarias esas dos palabras para seducir a nuestros actuales «guiris». Un imperativo que se tradujo en varios idiomas para captar más mercado, principalmente europeo.

Parte de la colección correspondiente a los años 40 y 50 fue obra del ilustrador Josep Morell, quien se lanzó a impulsar a nuestra más querida flamenca andaluza de piel morena para encandilar a las pieles más victorianas llegadas de Inglaterra. No obstante, tampoco faltaron durante esa temporada carteles que aludían a las fiestas más conservadoras, como la Semana Santa, o a nuestras apreciadas playas. Los creadores de estos hermosos carteles que ensalzaban el sol y la playa española ni dudaron en crear puzzles con lo más característico de nuestra tierra. Incluir en una misma lámina una maceta con unos bonitos geranios, flor muy ibérica, con una encantadora playa de Tossa de Mar (Girona) es buen ejemplo de cómo los ilustradores deseaban llamar la atención del visitante.

El lado más «beautiful»

Junto al turismo playero había un hueco para promocionar el esquí, y para ello también se crearon carteles que incluían fotografías en blanco y negro de paisajes montañosos nevados, con titulares que resaltaban lo beautiful y different de España.

Los lemas en torno a la belleza de España usados hasta el momento no fallaron y, quizá por ese motivo, no se cambiaron durante la década de los 50. Para ensalzar los destinos, autores como Villemot seguían utilizando las artísticas litografías, que ilustraban a todo color los pueblos andaluces con su gente, ataviada con trajes folklóricos para dar más autenticidad al mensaje. Pero también llegó la fotografía con una mayor calidad.

Imágenes con la buena resolución de la época que daban a conocer las calles empinadas y empedradas de Cádiz, o verdes acantilados junto a playas adornadas con barquitas varadas y gente en la arena. Una perspectiva más real de lo que un turista no se podía perder si visitaba España.

Tanto los dibujos basados en conceptos muy artísticos como la realidad de la fotografía siguieron funcionando y continuaron en los 60, aunque en esa época ya se insertaron algunos cambios muy creativos. Un claro ejemplo fue Ortiz Berrocal, que construyó auténticas obras de arte, como el cartel colmado de fachadas de casas en colores planos y vistosos. Otros titulares llegaron a los carteles para avivar el interés hacia la cultura hispánica. Uno de ellos, Have you ever see Spain? (¿Has visto alguna vez España?), dejaba la pregunta en boca del turista para despertar la curiosidad, e incluía un fragmento de una pintura mural de un pantocrátor donde se aprecia parte de una cara con un gran ojo. Una nueva forma de captar turismo, con conceptos más artísticos, muy nuevos y abiertos a la imaginación del receptor.

La era de los fotomontajes

Algunas campañas ya correspondientes a la década de los 70 se desviaron un poco de lo visto hasta ese momento en temas de promoción turística. Algunas láminas ofertaban a la misma vez el ocio y los negocios a través de un fotomontaje; de este modo no era raro encontrar una especie de sala de conferencias casi sumergida en el mismo mar de una relajante playa; quizá un poco surrealista pero llamativo para esos años. Otros fotomontajes eran más psicodélicos, como el cartel creado para las Navidades de 1972 cuya protagonista fue una bola navideña, donde se reflejaba una calle decorada con motivos para la ocasión. Junto a ello, un escueto titular, Christmas in Spain, Barcelona Christmas Illuminations, y dos escudos, uno de ellos perteneciente a la asociación de vecinos de la ciudad condal.

Los lemas pasaron de destacar la belleza de España a resaltar la simpatía ibérica con un tono humorístico, hasta que finalmente Turismo creó a principios de los 80 el famoso logo del sol de Miró, que sigue en nuestra memoria y en las actuales promociones turísticas de España.

Posters con grandes fotos, como aquella tomada desde la entrada de una acogedora habitación, desde donde se ve una terraza con una mesa preparada como para disfrutar de un exquisito desayuno y unas vistas al torreón de un castillo. Por supuesto, era fácil hacerse una idea de lo a gusto que podías estar disfrutando unos días en España, pero por si acaso emergían dudas, se añadió un bonito titular, Wake up in Spain (Despierta en España). Asimismo, junto al logo de Miró, como sello distintivo de nuestro turismo, se reforzaba la idea del sol con la frase Everything under the sun (Todo bajo el sol).

Con cambios de slogan, olvidando los tópicos y haciendo un hueco a los profesionales de la publicidad, se dio paso a otra época que llega hasta nuestra actualidad, en la que se han ido creando impecables campañas de promoción turística. Eso sí, la España más cañí que dimos a conocer en su día también supo enamorar a nuestros apreciados extranjeros.

Litografía de los años 40 cuya protagonista es una mujer andaluza con claveles en el pelo. Litografía en color de un pueblo andaluz del ilustrador Villemot (años 50). Dibujo de Ortiz Berrocal en la década de los 60. Cartel de los años 30, con los jardines de Generalife como protagonista.

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