Esta es la ciudad con capacidad para 70 millones de personas que quiere construir China

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Si incluimos a su área urbana asociada, Madrid cuenta con unos 6.5 millones de habitantes, una cantidad más que respetable con la que logra entrar dentro de las 100 ciudades más grandes del mundo. Una población que parece quedarse en poco si la comparamos con el llamado Gran Buenos Aires o Ciudad de México, conurbaciones que aglutinan no tan solo las ciudades en sí sino las áreas adyacentes. ¿Vives en Londres? Te habrás dado cuenta de los millones de personas que la habitan, aunque es una capital que a su vez palidece ante los casi 40 que pueblan a la nipona Tokio, una urbe que hoy por hoy se coloca como la mayor aglomeración del planeta. Pero, ¿y si uniéramos en una sola ciudad a la población de las ciudades mencionadas? Es lo que pretende hacer China con la megalópolis del río de las perlas, una impresionante entidad que albergaría a casi 70 millones de personas y que sería candidata a convertirse en la “capital del mundo”.     

Un crecimiento explosivo  

A finales de la década de los 70, Shenzhen, al norte de Hong Kong, era un pueblo de 30.000 habitantes dedicados a actividades de subsistencia. El gobierno comunista del país, liderado entonces por Deng Xiaoping, una persona bastante más pragmática que su predecesor, decidió crear varias áreas económicas especiales con la intención de atraer inversión privada. En una de ellas fue incluida la mencionada ciudad, atendiendo a su cercanía a la por entonces colonia británica que era la mayor economía de la zona, así como por contar con un puerto natural con un inmenso potencial y vastas extensiones de tierra disponible y fácilmente urbanizable.   

El impacto demográfico y económico en la región fue brutal, algo que además se vio reforzado por la puesta en marcha de innumerables proyectos de infraestructuras públicas a gran escala que reforzaron su crecimiento. El desarrollo de este territorio supone la mayor expansión urbanística en la historia de la humanidad; por ejemplo, ciudades como Guangzhou o Shenzhen han logrado en tres décadas multiplicar su población por 6 y por 75 veces respectivamente. Además, el PIB de la zona se ha multiplicado por 10, y hoy por hoy cuenta con tres de los puertos más concurridos del mundo, una de las áreas industriales de más peso global, así como centros administrativos y financieros de gran relevancia.   

Hong Kong y el coronavirus, los grandes obstáculos  

Hoy por hoy los esfuerzos del gobierno chino pasan por reforzar las conexiones entre las áreas que conformarían dicha área. Y uno de los mayores inconvenientes a los que se enfrenta es que agrupa tres zonas que operan bajo distintos regímenes legales y económicos: la propia China, además de las regiones especiales de Macao y Hong Kong.   

Como antiguas colonias portuguesa y británica, Macao y Hong Kong disfrutan en la actualidad de regímenes legales propios e incluso divisas diferentes. Todavía hoy día el pase de una zona a otra requiere la obtención de permisos que dificultan el tránsito y que convierte a dicha área en un laberinto burocrático para empresarios, inversores y turistas. China ha puesto en marcha diversos proyectos de integración con los que busca una “fusión suave” de estas regiones administrativas, siendo quizás el más palpable el super puente que une a las citadas ciudades con Zhuhai y que supuso una inversión de 19.000 millones en una obra faraónica con 50 kilómetros de carreteras que atraviesan puentes, túneles y que incluso implicó la construcción de islas artificiales, pero cuya utilización en la actualidad queda muy por debajo de las previsiones que había realizado Pekín.    

Mientras que las autoridades de Macao han dado el visto bueno a una mayor integración en el país, en Hong Kong se han sucedido las manifestaciones y protestas contra Pekín. La autonomía de esta región está cada vez más en entredicho tras la aprobación del conocido como “plan de extradición”. Además, en términos económicos Hong Kong pierde cada año peso relativo en relación a la China continental, con lo cual no es disparatado considerar que su asimilación podría perjudicarle, pasando a ser un centro financiero de carácter secundario.  

Por otra parte, la pandemia del Coronavirus amenaza con ralentizar el plan de integración de esta área. Desde hace meses se ha reducido la actividad comercial de toda China, dejando a las ciudades en un estado de casi latencia. Los propios ciudadanos pueden verse poco incentivados a moverse o permanecer en zonas de alta densidad demográfica donde resulta más complicado frenar la expansión de pandemias.   

¿Es posible llevar a cabo este proyecto?  

China lleva varios años trabajando en el proyecto. Sus directrices quedaron establecidas en el 13º Plan Quinquenal, cuyo lema era “prosperidad moderada para las masas”, y que buscaba fomentar el desarrollo en industrias específicas.   

Se preveía que su finalización fuera para 2020, si bien después se ha aplazado el objetivo a 2022. No obstante, hoy por hoy sigue contando con los mismos problemas administrativos que antes de la puesta en marcha del plan, e incluso las perspectivas de lograr una integración pacífica de Hong Kong en dicha área son cada día menores. Pekín sigue trabajando en desarrollar una megalópolis que le permitiría contar con el que pasaría a ser el mayor centro financiero, tecnológico e industrial del mundo, una zona que por sí sola tendría un PIB superior al de países vecinos como Rusia o Corea del Sur, y que sería clave para arrebatar el primer puesto de superpotencia a Estados Unidos. Sin embargo, parece que todavía es pronto para poder determinar si este proyecto finalmente llegará a materializarse en algo real o quedará como un diseño cuya ejecución no pudo jamás completarse.  

Sobre el autor

Economista y abogado de formación y profesión, y curioso por vocación. Un libro pegado a un hombre, llegó a Londres por ver qué hay detrás. Analítico, pero sencillo y (demasiado) despreocupado, jamás dirá que no a un café. Lleva más de un año tecleando para EL IBÉRICO, y lo que aún le queda.

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