Portada | Actualidad | Economía | Europa se aprieta el cinturón

Herman Van Rompuy, presidente del Consejo Europeo. Fuente: novinite.comLa Unión Europea acordó el pasado 21 de mayo endurecer las sanciones económicas y políticas a los países miembros que excedan los criterios del plan de estabilidad de la alianza

En el encuentro del llamado Grupo de Trabajo sobre Gobernanza Económica, no se fijaron medidas concretas pero sí el firme compromiso de evitar por todos los medios que la institución europea y su moneda vuelvan a sufrir una crisis como la que están atravesando.

Herman Van Rompuy, ex ministro belga y actual presidente del Consejo Europeo, destacaba la necesidad de reducir las divergencias en Europa para alcanzar un desarrollo más equilibrado en la zona euro.»Debemos llegar a una disciplina presupuestaria más grande. Necesitamos reforzar el Pacto de Estabilidad y volverlo más eficaz. Todo el mundo está de acuerdo», señaló Van Rompuy en la rueda de prensa posterior a la reunión.

Y aunque en la cita no se especificó cómo se castigará a los países que incumplan el pacto, sí se precisaron cuatro objetivos según Van Rompuy: «Alcanzar mayor disciplina presupuestaria», «reducir las divergencias de competitividad entre los Estados, al menos cuando sean muy grandes», «contar con un mecanismo efectivo de gestión de crisis» y, por último, «reforzar la gobernanza económica, en términos institucionales, para poder actuar de forma más rápida y de forma más coordinada y más eficiente».

Mientras, la ministra de Economía española Elena Salgado apuntaba: «Las sanciones ya están incluidas en el Pacto de Estabilidad, se trata de reforzar esa parte preventiva».

Primera crisis del euro

Después de esta reunión, a la que asistieron los ministros de Economía de los Veintisiete, el comisario de Asuntos Económicos y Financieros, el presidente del Eurogrupo y el del Banco Central Europeo bajo la dirección de Van Rompuy, los ministros asistentes de los distintos países realizaron una breve revisión del llamado plan de rescate aprobado el 10 de mayo.

El plan consiste en un paquete de 750.000 millones de euros entre préstamos y garantías por parte de los Estados de la Eurozona y aportaciones monetarias del Fondo Monetario Internacional y de la Comisión Europea para los países europeos con serias dificultades económicas como Grecia. Este dinero, que no supone un desembolso real a no ser que sea necesario, fue lo que Alemania aceptó a cambio de que se castigara duramente a los países que no hacen los deberes y no cumplen con los parámetros económicos establecidos en el pacto.

Y es que la locomotora europea se ha convertido en el hueso duro de roer para la Unión en cuanto asuntos económicos se refiere ya que, y no es para menos, se ha comprometido a aportar 22.400 millones de euros de los 110.000 millones de euros que recibirá Grecia para salir del agujero.

Por su parte, la canciller alemana, Angela Merkel, advertía en el parlamento nacional que el futuro de Europa está en juego y, por consiguiente, el futuro de Alemania en Europa y destacaba: «Los ojos de Europa están puestos en Alemania. Sin nosotros, no se puede tomar ninguna decisión».

Medidas en cadena

Desafortunadamente, Grecia no está sola en el escenario. En las últimas semanas varios han sido los países europeos que se han subido al carro de los recortes para atajar el déficit. Al austero plan aprobado en el parlamento griego el pasado 6 de mayo, le siguió el sacrificio del gasto social en España y el incremento de impuestos en el país portugués a partir del 1 de junio entre otras medidas.

Francia, por su parte, contempla la posibilidad de retrasar la edad de jubilación y se enfrenta a movilizaciones sociales mientras que el nuevo Gobierno de coalición de Reino Unido echa la culpa de sus desgracias a la zona euro. El país anglosajón, que no participa de la unión monetaria y que ha visto como los países de la zona euro se apresuraban a anunciar recortes en sus gastos, no quiere quedarse atrás y ha decido aplicar un recorte presupuestario de 7.300 millones de euros. El ministros de Finanzas británico George Osborne aseguraba que «los países se están despertando ante los peligros de una crisis de deuda soberana y tomando medidas para vivir con sus propios medios».

Mientras tanto, en España se aprobaba en el Congreso por la diferencia de un voto y gracias a la abstención de CiU, UPN y CC, el conjunto de medidas que Zapatero exponía pesaroso en el hemiciclo el pasado 12 de mayo. «Estamos haciendo lo que toca hacer. No lo que nos gusta» declaraba la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega tras la votación.

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