Five o’clock: ¿quieres un té?

Beber té es una tradición muy arraigada en la cultura inglesa y su preparación es todo un ritual
Muchas son las leyendas que hacen referencia a los inicios del té en China y su exportación a los países europeos. Sin embargo, no hace falta especular y montar hipótesis sobre la gran repercusión que esta bebida ha tenido y tiene en la actualidad en el Reino Unido y, especialmente, en la capital británica. Desde el famoso Earl Greay (tradicionalmente compuesto por una mezcla de té negro -blendaromatizado con aceite de bergamota) hasta el más afrutado, las diferentes variedades de té ofrecen un amplio abanico de sabores, propiedades y formas de tomarlo.

 

Ya que estamos en el país del té, es importante conocer que no todos son iguales, ni tienen los mismos beneficios para la salud ni la misma forma de preparación. La calle Neal Street, en pleno corazón de Covent Garden, acoge una de las tiendas más famosas de té que se pueden encontrar en Londres. Con 30 años de antigüedad, «The Tea House» presume de vender alrededor de cien tipos de té diferente y con influencias tanto orientales como europeas. Andrew Broadstock, manager de la tienda, explica cuáles son los tipos de té más demandados por los consumidores y comenta la gran variedad de infusiones que tiene el establecimiento. «El más vendido quizás sea el English Breakfast Tea aunque el Earl Grey también está muy demandado. Son dos clases de té que se pueden tomar en cualquier momento del día.

Selección de diferentes variedades de té de The Tea House.

Aquí puedes encontrar desde té verde a té negro procedentes de plantas inglesas, pero también tenemos té que llega de otras partes del mundo.» Asimismo, Broadstock explica el porqué del nombre rooibos y de dónde procede: «El rooibos debe su nombre al color rojo que queda una vez que ha fermentado; es una especie de té diferente, que se cultiva en otro tipo de planta en el sur de África». Por otra parte, los más golosos o los más «teteros» se pueden decantar por aquellas infusiones más afrutadas o cítricas, con sabores tan populares como limón, naranja, caramelo o incluso chocolate. La preparación de esta bebida supone todo un ritual. A pesar de que en la mayoría de los casos basta con dejar reposar las hojas de té unos minutos, lo cierto es que cada infusión tiene sus particularidades.

Uno de los más fuertes, el llamado tea nodes apenas se deja reposar 30 segundos debido al gran grado de fermentación que posee. «Mucha gente no conoce esto y lo beben tras 2 ó 3 minutos de reposo, luego comentan que tiene un sabor horrible», afirma Broadstock. En cuanto al hecho de añadir leche, el manager de la tienda lo tiene claro: «El té verde nunca deben ir acompañado con leche, así como tampoco irán aquellos que son más delicados, que estén menos fermentados. Por otra parte, las variedades de té negro y aquellos que sean más fuertes tendrán mejor sabor si les añadimos ese toque lechero.»

El té de las cinco: ¿Mito o realidad?

Muchas películas nos lo han dejado grabado en la retina: el hombre inglés llega a casa, se quita su bombín y mientras lee el periódico disfruta de su infusión, servida con dulces y una pequeña jarra con leche; todo ello en fina porcelana china, mientras que el reloj marca las cinco de la tarde. En la actualidad no encontraremos el bombín y quizás obviemos la porcelana china, pero sí que es cierto que el té de las cinco supuso y supone una tradición en algunos hogares ingleses. Broadstock explica que éste «se sirve con pasteles, tartas y sándwiches; suele ser un tipo de té suave, que se puede tomar con leche». Si lo que se quiere es disfrutar de esta bebida en otros salones u hoteles, la etiqueta será imprescindible, puesto que se acogen a la más fiel tradición británica; la propia de las clases altas de antaño, cuando esta infusión era exquisitamente destinada para aquellos que podían pagarla, debido a su elevado precio.

Afortunadamente, hoy en día el té no conoce de clases, razas o nacionalidades. Es tomado por la mañana en el desayuno, a media tarde, al anochecer e incluso antes de acostarse. Españoles afincados en Londres y gente de otros países también se han habituado a esta tradición que lejos de desaparecer, sobrevive entre los autobuses rojos y las cabinas de teléfono, como una seña más de identidad que el país ha recogido y mantenido con tanto ímpetu.

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