Decepción en la Puerta de Alcalá.La candidatura de Madrid volvió a morir en manos del COI por tercera vez consecutiva. La capital española, con una apuesta más esperanzadora que en las ediciones anteriores, vio esfumarse su sueño olímpico al no pasar la primera ronda de votaciones, y no pudo así competir contra Tokio, sede escogida frente a Estambul.

Madrid no convence. No lo hizo con su propuesta para organizar los Juegos de 2012, cuando no llegó a disputar la final contra Londres, ni tampoco con su proyecto para 2016 al sucumbir en la votación final ante Río de Janeiro. Esta vez, más preparada y con un volcado nacional sin precedentes, la capital vuelve a la resignación tras el que parecía un día de triunfo para el deporte español.

Las esperanzas de la ciudad madrileña pasaban por el espíritu deportivo, la experiencia de anteriores candidaturas y por la promesa de un plan viable, algo que intentó transmitir el equipo español liderado por el príncipe Felipe de Borbón, Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico Español, y Ana Botella, alcaldesa de Madrid.

Sin embargo, la realidad se presentó fría e impasible cuando Jacques Rogge anunció que sería Estambul, y no Madrid, la que pelearía por el triunfo olímpico ante Tokio. Inesperado y duro final para un proyecto persistente aunque tal vez desacertado. O eso hace pensar el tercer patinazo español.

Economía y dopaje, dos frentes sin aclarar
«Madrid es la base financiera más razonable y responsable en la historia olímpica reciente. El 80% de las inversiones ya están hechas y lo poco que queda está plenamente garantizado por el Gobierno», afirmó el presidente Rajoy en defensa de la candidatura española.

Sin duda el tema económico fue un hándicap del que Madrid no pudo escapar. Sobre todo al ser un candidato inclinado hacia unos Juegos acordes a la situación económica ‘real’ frente a la gigantesca y derrochadora propuesta de la ganadora Tokio. El COI, reacio a abandonar la burbuja idílica y fantasiosa que siempre ha caracterizado tal evento deportivo, prefirió escoger lo que será un nombre más en los precedentes de los Juegos antes que una candidatura diferente y arriesgada. Además, la crisis financiera en la que se encuentra sumida España difuminó un mensaje que se antojó poco creíble ante un proyecto económico obligado y de dimensiones mundiales.

Por otro lado, el dopaje fue otro frente que tampoco consiguió superar el punto de corte. A pesar de haber endurecido las leyes antidopaje e incrementar las sanciones deportivas ante este tipo de fraudes, la realidad no es otra que varios sectores del deporte español han estado salpicados por graves escándalos en los últimos años. Dato que los ponentes fueron incapaces de defender con contundencia y que varios miembros del COI no pasaron por alto.

«España está a la altura en la lucha contra el dopaje no sólo por el número de controles, sino por el firme compromiso del Gobierno y de los atletas para luchar contra esta lacra. Hemos tenido un problema por haber endurecido la ley y haberlo llevado al terreno judicial. Eso ha alargado el proceso, pero todo surge por el compromiso contra el dopaje», explicó Alejandro Blanco, al ser cuestionado por las medidas de las autoridades ante casos de corrupción deportiva como la ‘Operación Puerto’.

Ambos asuntos, señalados como lacras horas después de la votación, se tildan de determinantes ante la decisión del jurado, el cual apagó finalmente la llama de una candidatura larga y pesada. Madrid, que nunca ha albergado unos Juegos Olímpicos, tendrá ahora que medir su tolerancia ante la frustración para las próximas candidaturas olímpicas.

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