Gabriel Orozco: El arte de las cosas

El mexicano expone su obra en la Tate Modern hasta el 25 de abril

Objetos de la vida cotidiana reinterpretados, despedazados, descontextualizados y convertidos en arte. Esta es la carta de presentación del artista mexicano Gabriel Orozco, que exhibe sus ochenta obras de arte en la Tate Modern londinense hasta el 25 de abril, después de mostrar su trabajo en el MOMA neoyorquino y en el Centro Pompidou de París. En la muestra, la más completa en los veinte años de creación del artista, Gabriel Orozco juega con la contradicción, el absurdo, lo efímero y el abandono de las cosas para transformarlas en arte.

La colección nos recibe con una fotografía del busto desnudo del artista con las manos entrelazadas, ‘My hands are my heart‘. Entres sus manos, un trozo de arcilla se moldea en forma de corazón. Y es que Gabriel Orozco intenta transmitir con su arte sus inquietudes, lo que le divierte, lo que le gusta y lo que le asusta. «No invento, sólo reinterpreto», ha apuntado en varias ocasiones.

Porque donde unos sólo ven residuos y desperdicios, este veracruzano ve arte. Como prueba de ello, La DS (1993), una de las piezas estrella de la exhibición. Un viejo Citroën DS que el autor encontró en un desguace parisino y por el que enseguida se sintió fascinado. Lo dividió en tres partes y retiró la parte central del automóvil juntando los dos laterales. El resultado es la paradoja de un elegante monoplaza de diseño aerodinámico sin motor, estático.

Lo mismo sucede con el ascensor, Elevator (1994), elemento que Gabriel Orozco rescató de la demolición de un edificio en Chicago. Según Orozco, sacar el ascensor del edificio y descontextualizarlo colocándolo en medio de una sala es como darle la vuelta a la cáscara de una naranja donde el exterior es el interior. Lo elegante, lo bonito, lo luminoso, está dentro mientras que el exterior de un ascensor común es sucio y grasiento.

Y es que este autor de 49 años no se cansa de interpretar, de jugar. Una mesa de billar sin posibilidad de que las bolas se cuelen en los bolsillos de las esquinas, Carambola with Pendulum (1996). La mesa es ovalada y la esfera roja está suspendida del techo como el péndulo de Foucault, aunque puede ser golpeada. El truco es calcular el tiempo del movimiento de la bola que pendula y los participantes establecen sus propias reglas del juego. «Trato de hacer mis propios juegos para tratar de entender el mundo», explicaba el artista.

Una de sus instalaciones más impactantes es Lintels (2001), consistente en los residuos compactos que se encuentran en los filtros de las secadoras tendidos como si fueran prendas de ropa. Estos residuos están compuestos por lo general por piel, pelo y tejidos y Orozco los recogió de las lavanderías neoyorquinas. La obra se convierte en una meditación sobre la precariedad de la vida humana y se exhibió en Nueva York dos meses después del fatídico 11-S.

«Para mí es importante el cuerpo, no como identidad en términos de sexualidad o nacionalidad, sino como generador de residuos, de erosión», explicaba el artista durante la presentación. Además de instalaciones, en la exhibición se pueden contemplar fotografías, composiciones, esculturas, pinturas y dibujos. La sala central de la exhibición está rodeada por más de 40 fotografías en las que aparecen dos motocicletas amarillas modelo Schwalbe en distintos lugares de Berlín, Until you find another yellow Schualbe (1995). Una de ellas, es la del artista que la fotografiaba siempre al lado de otra igual cada vez que encontraba una aparcada en las calles de la capital alemana. «Se convirtió en un juego», dice el autor en el catálogo que acompaña la muestra. «Cuando la usaba (la motocicleta) descubrí que había una especie de comunicación entre los dueños de las Schwalbes».

Jessica Morgan, comisaria de la muestra, decía sobre Orozco: «Con él, las obras cambian, las ideas cambian, la manera de hacerlo cambia. Siempre hay una nueva aproximación (…) Esto ha cambiado la manera de pensar de toda una generación sobre la forma de hacer arte». Y añadía que Gabriel Orozco es uno de los artistas contemporáneos más importantes de los últimos 15 años.

Además, la retrospectiva se presenta como parte del compromiso de la Tate con el arte latinoamericano, respecto a lo que Orozco asegura: «Hemos roto muchos clichés sobre lo que era o debería ser el arte mexicano y eso ha ayudado a que el diálogo con otras culturas se enriquezca, porque se trata de evitar prejuicios y de mostrar que no hay una manera de hacer las cosas, sino que uno puede inventarlas».

Tate Modern

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London SE1 9TG
020 7887 8888
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