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Gilberto Bosques Saldívar: Un baluarte de los derechos humanos

La diplomacia humanitaria de un mexicano universal

En esta ocasión, deseo rendir un homenaje a la hermana República de México, en el marco conmemorativo de la celebración de sus 202 años de Independencia Nacional y los 102 años de la Revolución Mexicana, el próximo 15 de septiembre de 2012. Por este motivo, me refiero a uno de sus hijos más ilustres, don Gilberto Bosques Saldívar, un ciudadano ejemplar nacido en Chiautla de Tapia, Puebla. Un hombre que dedicó su vida entera a servir a su país y a la humanidad; ya que su fecunda gestión en favor de los derechos humanos ha traspasado las fronteras y goza hoy del reconocimiento mundial. Nos encontramos sin lugar a dudas frente a un personaje universal.

Supe sobre la existencia de este ilustre patricio de la diplomacia mexicana por su nieto, Pedro Mock-Bosques, un distinguido diplomático suizo con el que me unen ricas conversaciones intelectuales acerca de la doctrina internacional de los derechos humanos. En la medida en que él me hablaba de su abuelo y me iba facilitando artículos periodísticos, conferencias, discursos, libros y fotografías, una poderosa energía recorría mi alma. Evocar la vida y obra de personajes como el que nos convoca, tonifica el ánimo y fortalece la convicción. Y es que referirse a don Gilberto Bosques Saldívar es hablar en grande, es hablar de la excepción, de lo fuera de lo común.

 

Gilberto Bosques Saldívar fue un hombre extraordinario, un principista y pragmático, un auténtico demócrata de personalidad cautivadora, descollante y de sólidos principios morales. Fue un personaje culto, revolucionario, moderno, un gran humanista, un gran político, y fue un profesor, escritor, periodista, legislador y una de las figuras centrales de la diplomacia mexicana, a cual puso siempre al servicio de la justicia, la paz y el desarrollo, mostrando así, con idealismo, honradez y responsabilidad su plena adhesión a los compromisos internacionales y a los valores y paradigmas cívicos y morales anclados en el humanismo. La inspiración social de su obra se centró en el valor de la condición humana. Fue un adalid de los derechos humanos, mostrándonos un rostro de su país muy distinto al creado por el actual bombardeo mediático, un México de la dignidad, la honestidad, el humanismo y la integridad.

Gilberto Bosques Saldívar fue
un hombre extraordinario,
un principista y pragmático,
un auténtico demócrata

El poblano chiauteco universal participó desde muy joven en la Revolución Mexicana, en la rebelión de Aquiles Serdán en 1910, para luego iniciar su carrera política como diputado en Puebla.

Cónsul de la paz durante el exilio y el asilo anti-nazi en México (1938-1945)

En 1939 fue nombrado Cónsul General en París, y cuando las tropas alemanas estaban a punto de tomar la ciudad, traslada el Consulado a Marsella teniendo como objetivo primordial proteger a los ciudadanos mexicanos. Luego extendió su ayuda, en el marco de su noble labor diplomática de salvación, a la protección a los españoles refugiados de la dictadura de Franco, alemanes antinazis, italianos antifascistas, austriacos, polacos, comunistas, socialistas, liberales, conservadores, masones, judíos, protestantes, católicos cristianos y ateos.

El inquebrantable compromiso cívico y moral y su profunda convicción humanista llevaron a Bosques a enfrentarse al aquelarre de salvajismo, prepotencia y exceso de los regímenes totalitarios. Saldívar se opuso así al nazismo, fascismo y franquismo, otorgando visas a todos los perseguidos y organizando personalmente embarques desde el Puerto de Marsella. Los barcos viajaban repletos de familias de refugiados a tierras mexicanas para ponerlos a salvo en el exilio, arriesgando de esta forma su vida y la de su familia. Eran las denominadas «Visas Bosques» otorgadas con valentía por fines humanitarios.

Salvó la vida de cerca de 30,000 personas. Lo llaman el «Oskar Schindler mexicano».

Tras la ruptura de las relaciones diplomáticas entre México y el régimen de Vichy se llevó a cabo su detención y la de su familia por la Gestapo, siendo recluidos en un hotel-prisión en Bad Godesberg, Alemania.

Cabe destacar también el rescate de niños, en su mayoría huérfanos recogidos de los alrededores de los campos de concentración de los que habían escapado, en muchos casos con pre-anemia o con los pies congelados por el invierno. Bosques organizó una casa de recuperación para estos menores donde recibieron alimentación y asistencia médica.

Se estima que salvó la vida de cerca de 30,000 personas. Lo llaman el «Oskar Schindler mexicano» en alusión a aquél industrial alemán que salvó la vida de 1200 judíos que trabajaron en sus fábricas.

Entre 1950 y 1964 fue designado embajador de México en Portugal, Finlandia, Suecia y Cuba. En Portugal siguió con su labor humanitaria protegiendo a los perseguidos del régimen de Franco. Mientras, en Cuba gestionó para que México otorgara asilo político a Raúl Castro y que Fidel Castro obtuviera un visado mexicano, tras ser liberado del penal de la Isla de Pinos gracias a una amnistía.

Honores y reconocimientos por su lucha por las causas nobles

Dentro de los múltiples honores y reconocimientos de los que ha sido objeto, se hizo acreedor en 1956 del Título de Maestrante de la Orden de la Liberación de España, emitido en París por el Gobierno de la República en el exilio. Desde el año 2000, aparece grabado su nombre con letras de oro en los muros del recinto del Congreso del Estado de Puebla en México. Asimismo, el Gobierno de Austria en el 2003, con el fin de honrar la memoria de este ilustre diplomático mexicano quien durante la II Guerra Mundial ayudó a salvar a muchos austriacos del poder nazi, puso el nombre Paseo Gilberto Bosques a una avenida en el Distrito Donaustadt de Viena. En el 2010, la cineasta Lillian Lieberman le dedicó su documental «Visa al Paraíso», producido en México. En el 2011 el Senado de la República de México aprobó la creación del Centro de Estudios Internacionales que lleva el nombre de Gilberto Bosques.

Reflexión final

Indiscutiblemente, la memoria de Gilberto Bosques Saldívar es un referente común, un paradigma de lo que debe de ser el quehacer diplomático. Una figura que genera consensos como pocos en la historia, una personalidad brillante, de alma valerosa y espíritu noble, incansable en la prédica y defensa de los derechos humanos, con gran capacidad persuasiva para construir puentes donde otros pretendieron establecer fronteras. Se trató de un hombre comprometido con la verdad, un misionero social, su conducta intachable es parte esencial de esa savia vital que empuja a la humanidad hacia adelante con optimismo y sin odios.

Bosques fue un verdadero protagonista de la historia, un auténtico patriota, un hombre de todos los tiempos, cuyo magisterio moral e intelectual constituyen un legado humano de enorme valor. Murió en 1995, en la ciudad de México a la edad de 103 años, pero su recuerdo sigue vivo y será ejemplo para las futuras generaciones. Nos corresponde trabajar a todos, mexicanos y no mexicanos, para que su legado no desaparezca y para que su lucha no haya sido en vano.

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