Desde sus inicios, la gestión del Gobierno de Rafael Correa ha enfrentado fuertes críticas de diversos sectores de la población ecuatoriana. La insatisfacción de estos grupos sociales han cuestionado los tientes autoritarios de gobierno y su fuerte control del oficialismo sobre los poderes del Estado, lo cual ha dificultado el diálogo y la negociación política con varios sectores de la sociedad.

La semana anterior, el día jueves 30 de septiembre, un nuevo sector social ecuatoriano mostró su descontento ante una nueva ley que limita los ingresos que reciben los miembros de la policía y otros empleados estatales. A tempranas horas, varios grupos policiales protestaron contra la nueva medida adoptada. Las manifestaciones se dieron en varios cuarteles de las principales ciudades del país: Quito, Guayaquil y Cuenca.

Por su parte, el mandatario ecuatoriano acudió a uno de los cuarteles en Quito para defender su posición respecto al tema. A la salida de dicho cuartel el presidente Correa y su comitiva se enfrentaron a un ambiente de manifestación hostil y a una nube de gases lacrimógenos. En medio del caos, Correa, quien recientemente fue operado en su rodilla y aun está en proceso de recuperación, tuvo que ser ingresado en un hospital policial cercano, donde fue acorralado por cuerpos policiales. Acto seguido, se informó que las protestas policiales se habían extendido a las instalaciones de la Asamblea Nacional, y militares de la Fuerza Aérea habían bloqueado la pista del aeropuerto capitalino «Antonio José de Sucre».

Desde las ventanas del hospital, en un acto calificado por la oposición como provocador, Rafael Correa pronunció un discurso pasional. «Señores si quieren matar al presidente, aquí está, mátenlo si les da la gana» Después de declarar el «Estado de Emergencia», el presidente del país, ordenó a radios y televisión interrumpir su programación para dar paso a noticias producidas por el canal del Estado. «O salgo como presidente de una nación digna o salgo como un cadáver», advirtió Correa, asegurando que removerá a los policías que tomaron parte de la insurrección, y sostuvo que no anulará la ley que motivó la sublevación. Además, Correa señaló como culpable de lo acontecido ese día al ex presidente Lucio Gutiérrez, quien inmediatamente negó su participación.

Correa calificó el levantamiento como «Golpe de Estado» y recibió el respaldo de la comunidad internacional. Sin embargo, este es un tema controvertido, ya que durante la permanencia del presidente en el hospital, nunca hubo el pronunciamiento de un líder del grupo policial, ni se presentó un equipo de gobierno alternativo. Correa continuó ejerciendo sus funciones de presidente de la República, firmo el decreto de Estado de Excepción de forma electrónica, recibió la visita de ministros, asambleístas de su movimiento y también atendió a tres delegaciones de policías que pedían cambios en la Ley.

Por su parte Lourdes Tibán, una representante política de la oposición perteneciente al partido indígena Pachakutik reprochó la conducta provocativa de Rafael Correa. Según mencionó Tiban a la BBC «Este es el resultado de meses de protestas de todos los sectores sociales que han sido pisoteados por el Gobierno». En los últimos 15 años, la sociedad ecuatoriana ha vivido una gran inestabilidad política y económica. El actual gobierno desarrolla un modelo a través de un sistema de administración del Estado nuevo y bajo una constitución reciente; esto ha significado, en algunos sectores, un constante motivos de resistencia. Sin embargo sería conveniente que el oficialismo analice las razones de fondo de las diversas protestas, para instaurar los correctivos necesarios, evitando conflictos que pueden traer graves consecuencias anti democráticas.

Relacionado

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio