Hugo Chávez, ¿ángel o demonio?

Decenas de personas, velas y pancartas en mano, se congregaron bajo la estatua de Simón Bolívar, localizada en la londinense Belgrave Square, con el fin de rendir homenaje al recién fallecido ex-presidente venezolano. / Venezuela Solidarity Campaign. «Cada vez que hay alguna crisis por la que la humanidad pasa, esta produce y elige gente a la que obliga a obtener un rol de liderazgo. La Historia produce gente de este tipo de vez en cuando, lamentablemente no tan frecuentemente». Estas son las palabras que el portavoz del grupo Venezuela Solidarity Campaign (VSC), Francisco Domínguez, compartió con El Ibérico el pasado 7 de marzo bajo la sombra de la estatua de Simón Bolívar de Belgrave Square durante la ceremonia de conmemoración de la muerte del caudillo bolivariano Hugo Chávez, fallecido esa misma semana.

La muerte del ex-presidente de la República Bolivariana de Venezuela ha dividido, casi literalmente, en dos al planeta. Y es que si todo jefe de Gobierno, de Estado, o político en general tiene la inexplicable capacidad de polarizar al público en general, con Hugo Chávez este ejemplo se convierte en paradigma de esta dualidad.

Se trata, sin lugar a dudas, de uno de los líderes más carismáticos que jamás hayan existido. Su Gobierno respondía a un modelo político híbrido, ni un régimen totalmente tiránico, ni tampoco uno del todo democrático, aunando las elecciones -a priori- democráticas con un control cada vez mayor del sistema judicial del país. Sea como fuere, el caudillo llevó las riendas del país sudamericano durante nada más y nada menos que 14 años, algo que ha despertado las sospechas de muchos de sus detractores.

Lo cierto es que una de las razones por las que se estima que Chávez haya sido electo tres veces es su consideración como el «Robin Hood de Venezuela». En los tres años siguientes de que fuera elegido presidente por primera vez en 1998, logró que tres millones de personas aprendieran a leer y a escribir; la seguridad social se convirtió en un servicio gratuito; estableció una política agraria bastante estricta, acabando con los latifundios, lo que él consideraba el mayor problema de la Venezuela moderna.

De esta manera, Venezuela se ha convertido en los últimos años en el país de la región con el nivel más bajo de desigualdad, según el Coeficiente de Gini, indicador de la desigualdad de los ingresos dentro de un país. Según estos datos, la desigualdad se ha llegado a reducir en un 54 por ciento, mientras que la pobreza llegó a pasar del 70,8 por ciento en 1996 hasta el 21 por ciento en 2010.

A fin de cuentas, Chávez se ha convertido en un icono en lo que concierne a la consecución del legado bolivariano, poniendo así en tela de juicio la subordinación latinoamericana que durante muchos años ha imperado con respecto a las grandes potencias occidentales, como es el caso de Estados Unidos, alejando así el país de conceptos como el «capitalismo» o «imperialismo» y acercándose a países como Rusia, Irán o Cuba.

El ex-presidente bolivariano se convirtió para los más desfavorecidos en todo un símbolo de prosperidad y promesas cumplidas. Retratos de Chávez cuelgan en las casas de los famosos «barrios» de las afueras de Caracas, en las favelas más pobres de Brasil, y en las zonas más marginales de La Paz. La ola neoliberal que intentó asentarse en Sudamérica durante la década de los 90 acabó resultando en Gobiernos de izquierdas respaldados -y a veces incluso financiados- por la figura de Chávez, con el fin de arrimar el hombro a la hora de luchar contra la pobreza y para alcanzar la igualdad social. Néstor y Cristina de Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, José Mujica en Uruguay y Ollanta Humala en Perú son ejemplos de políticos que han contado con el favor del venezolano y conseguido ascender hasta lo más alto.

Cuando Chávez asumió el poder de manera definitiva en 1999, la economía de Venezuela estaba al borde del abismo. En cambio, el ex-presidente venezolano reafirmó su presencia en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEC por sus siglas en inglés) y negoció contratos con empresas petroleras internacionales, de manera que el PIB del país llegó a triplicarse en un espacio de 14 años, según cifras oficiales, lo que promovió que Chávez pudiera invertir en programas sociales, constituyendo esto la base del Chavismo.

No obstante, la sustentación económica a base de petróleo ha dado lugar a que Venezuela sea, en estos momentos, uno de los países con los índices de inflación más altos del mundo. La deuda pública externa ha aumentado un 240 por ciento en seis años, mientras que el pasado mes de febrero, el Gobierno de la República de Venezuela anunciaba una devaluación del 32 por ciento de su divisa -el bolívar-, la cuarta en una década, por lo que la situación económica del país no resulta alentadora.

Por otro lado, los discursos de Chávez han fomentado el maniqueísmo de tal manera que la propia población venezolana se ha visto fraccionada e incluso enfrentada. Según el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), tan solo en 2012, 21.692 personas murieron fruto de la violencia callejera, lo que supone un total de 73 asesinatos por 100.000 habitantes, superando así holgadamente las tasas de países como México (22 por 100.000 habitantes), Brasil (entre 23 y 24) o Colombia (entre 32 y 34).

El mismo día de la muerte del caudillo, la organización a favor de los Derechos Humanos, Human Rights Watch, presentaba un informe en el que afirmaba que el legado «autoritario» que deja Chávez está cargado de «una concentración de poder y una indiferencia absoluta por las garantías básicas de los Derechos Humanos».

Durante los 14 años que Chávez estuvo en el poder, es por todos conocida la influencia que este tuvo en los medios de comunicación independientes u opositores al régimen. Según un informe publicado por la organización World Association of Newspapers and News Publishers (WAN-IFRA), el ejecutivo del ex-presidente habría conseguido silenciar las voces críticas más influyentes, manteniendo, al mismo tiempo, un aparente clima de diversidad mediática.

Según este informe, se estima que 32 emisoras de radio fueron clausuradas, además de un canal nacional y dos regionales, mientras que los periódicos de la oposición se han visto asfixiados por una desequilibrada distribución de la publicidad oficial.

En definitiva, ángel o demonio, muchas veces una situación tiene una cara y una cruz; no todo en esta vida es blanco o negro, sino que existe una amplia gama de grises que nos facilita no quedarnos en los extremos.

Simón Bolívar, emblema del movimiento revolucionario que llevó a América Latina a emanciparse del Imperio español en el siglo XIX y modelo de referencia de Chávez, predicó durante su discurso ante el Congreso de Angostura en 1819: «La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos… Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbre a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía. Nuestros ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo magistrado, que los ha mandado mucho tiempo, los mande perpetuamente».

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