¿Escuelas de ladrones?

No disponemos de un registro claro de los primeros amigos de lo ajeno, aunque seguramente nacieron junto con los propietarios de algo. Sin propiedad no hay robo y viceversa. ¿Ejemplos? Demasiados. Recuerdo a nuestro tierno Oliver Twist aprendiendo el oficio de carterista en todo un poema victoriano que mostraba de forma clara la terrible situación de los huérfanos, obligados a robar para sobrevivir.

Nuestra adolescencia fue trufada de piratas cinematográficos, fabricados en serie, heroicos espadachines y navegantes de fortuna. Con la magnífica excusa del Imperio, los descendientes de aquellos piratas-corsarios de siglos anteriores elevaron las actividades a categoría de arte constituyente, haciendo legislaciones bien apañadas, al gusto de los colonialistas. Negocio fue dignificar el espolio, como las normas de los consulados del mar hicieron en su día. Los abogados de los diferentes países se siguen moviendo en una maraña de leyes, grupos de presión, extorsiones y hasta variados secuestros.

Los Pepito Grillo en que se han convertido las agencias de calificación de riesgo, que se permiten el lujo de llamarse «malhumorado» o «temperamental», presionan a los estados de forma indirecta y seguro que impune. Las escuelas de negocios enseñan cómo ganar y como robar dinero, de formas muy complejas y elaboradas. Pero ¿Qué piden las empresas? ¿Hay futuro para un especialista en ética en los consejos de administración, como consultor? ¿Puede un ladrón tener un papel en el funcionamiento de la empresa? ¿Se puede actualizar la figura del corsario o el «privado», con su patente expedida por el estado? Veo un gran futuro para gente capaz, joven y atrevida, sin escrúpulos de conciencia.

Ladrones hay, profesionales y aficionados de diferentes calidades. Cuando alguien nos priva del equipo de música del coche haciendo un destrozo al mismo tiempo pensamos que otro lo habría hecho limpiamente, sin causar ningún problema para el vehículo. Un profesional instruido es menos perjudicial para la sociedad que un simple aficionado, nervioso e inexperto, manazas.

¿Problemas?

Buscad unos tontos, cargados con el atrevimiento propio de su ignorancia.

Alfonso Posada
Prof. de bachillerato
Alfons.inn@gmail.com

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