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¿Funcionan realmente los matrimonios mixtos?

¿Por qué pesan tanto las diferencias culturales, raciales, religiosas, políticas o étnicas? ¿No es «el amor» el ingrediente principal en una pareja, sea mixta o no? Personalmente, creo que los matrimonios mixtos ayudan a crear un mundo mejor, sobre todo en estos momentos donde la globalización se va extendiendo hacia todos los rincones del mundo. Para empezar, cabe decir que la religión y la cultura se encuentran íntimamente relacionadas y por tanto, las parejas mixtas interreligiosas deben enfrentarse a esos prejuicios y derribar esas barreras culturales y religiosas que existen en la vida cotidiana actual. En estos casos, que cada vez hay más, se ponen en juego las mejores capacidades del ser humano para comprender y convivir con lo diferente, con lo desconocido y a veces, con lo que más tememos.

Pienso que dos personas que profesan una religión -aunque no sea la misma- tienen una gran posibilidad de entablar un buen vínculo amoroso, ya que comparten el mismo nivel de espiritualidad y, probablemente, estén de acuerdo en temas importantes de fondo, aunque no de forma.

Las parejas mixtas tienen que tomar decisiones similares a las no mixtas, por ejemplo, escoger el lugar donde vivir, organizar temas económicos familiares, cantidad de hijos que desean tener y educación que desean darles, entre muchos otras. Las diferencias de credo religioso no implican, necesariamente, que tengan mayor o menor afinidad en el momento de llegar a ciertos acuerdos, para los cuales hace falta mucho amor, paciencia y tolerancia, entre otras cosas.

Otro punto esencial para el bienestar de una pareja, sea mixta o no, es el respeto. Esto no sólo significa ser fiel o no, desvalorizar ni maltratar, sino también aceptar al otro tal y como es, con sus diferencias de pensamiento y sus creencias. Si nos basamos en la premisa del respeto, cada ser humano tiene o debería tener total libertad para profesar libremente su culto, con el apoyo y el compañerismo del otro, lo que, en teoría, enriquece aún más a la relación.

Como experiencia personal, debo decir que el haber estado casada con una persona de una religión y cultura diferente a la mía me ha cambiado la vida, sobre todo me ha hecho más tolerante, requisito fundamental en los tiempos que corren. En su momento tuve que hacer una valoración sobre su identidad social y sobre su educación y, seguidamente hacer una comparación con la mía, y debo añadir que, desde un principio, me pareció algo fascinante y enriquecedor.

Las parejas mixtas conviven estrechamente como nadie, con culturas y religiones diversas y pienso que es desde casa, donde se construyen los mejores puentes de comunicación entre personas de diferentes religiones, culturas y nacionalidades.

Sin duda alguna, los matrimonios mixtos constituyen el mejor ejemplo para las sociedades, afirmando una vez más de que es posible, beneficiosa y deseable la convivencia interreligiosa y multicultural. Que nos sirva esto como ejemplo a todos, sobre todo en estos momentos en que, por desgracia, la violencia nos amenaza con destruirnos a todos con armas de destrucción masiva, y la discriminación e intolerancia son las causas principales derivadas de todas las desgracias que, lamentablemente, vemos y oímos cada día en los medios de comunicación.

Y después de esta breve introducción, quizás deberías plantearte la pregunta: ¿Tendrías una pareja de otra religión o cultura?

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