¿Nacionalismos?

Sentirse orgulloso (o avergonzado) por haber nacido en un lugar determinado me produce estupor, especialmente en alguna parte de España donde no es común el sentido del ridículo. El sentimiento de pertenecer a una tribu es un problema generalmente asociado a la estupidez humana. La nación, en mezquino, es ‘una familia pero a lo bestia’. Recurrimos a una humorada del muy seguido y perseguido Josep Pla que dejó escrito: «El nacionalismo es como un pedo, sólo le gusta al que se lo tira». Mario Vargas Llosa ‘nos legó’ un discurso en su aceptación del premio Nobel de Literatura, diciendo del nacionalismo: «Ideología -o, más bien, religión- provinciana, de corto vuelo, excluyente, que recorta el horizonte intelectual y disimula en su seno prejuicios étnicos y racistas».

Para mayor dislate de la locura nacionalista podríamos entrar en los hechos históricos analizados de forma torticera por historiadores a sueldo de los caciques locales, que intentan obtener beneficios manipulando comportamientos instintivos del pueblo llano. Los nacionalismos, como exaltación de los sentimientos tribales de pertenencia al grupo social, han sido responsables de la división entre seres humanos, innumerables carnicerías y discriminaciones criminales. Su versión política, el fascismo, impregna todos esos movimientos más o menos etnicistas o indigenistas, que menosprecian la enorme labor realizada por miles de educadores. Unos medios avanzados fueron proporcionados a unos pueblos primitivos, incapaces de comunicarse con el resto del mundo. Decir esto no está bien visto, me temo. Muchas mentiras se han escrito sobre la Historia de algunos pueblos, ansiosos de poder contar con un pasado glorioso. Si no lo tienen se lo pueden inventar y hasta conozco algún ejemplo de ‘escribidor’ patriotero-mendaz por encargo y necesidad.

Y muy próximo a uno de los mayores espectáculos del mundo, tenemos a la gran familia olímpica, ejemplo de internacionalismo representado por cientos de banderas de los diferentes estados. Rechazamos la tribu en aras de una mayor preeminencia de países serios, agrupaciones de ciudadanos libres, organizaciones abiertas y responsables, nada que ver con las tribus primitivas cuyo único aglutinante es el odio a un enemigo común.

Y para ‘Falsa Moneda’, la de Imperio Argentina.

Alfonso Posada
Prof. de bachillerato
Alfons.inn@gmail.com

 

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