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Instantáneas del viejo continente

La crisis del euro, los recortes del Estado del bienestar y las insurrecciones sociales componen la fotografía de Europa

 Madrid, 15 de mayo de 2011. Más de 20.000 jóvenes se dan cita en la madrileña Puerta del Sol para protestar en contra del sistema económico y político actual. Exigen un cambio. Lo que comenzó como un aparentemente improvisado ir y venir de jóvenes se convirtió, en cuestión de días y gracias a las redes sociales, en una marabunta de indignados acampados alrededor del kilómetro cero. El sábado 21 de mayo, jornada de reflexión antes de las elecciones municipales en 13 de las 17 Comunidades Autónomas de España, la Puerta del Sol acumuló un total de 28.000 personas. No son los únicos. A pesar de que la Junta Electoral Central emitió un comunicado en el que prohibía las manifestaciones, la ola de indignación ya se había extendido sin control por toda España. Según fuentes policiales, 10.000 personas se congregaron pacíficamente en Valencia, 4.000 en Sevilla, 5.000 en Barcelona y 3.000 en Bilbao, entre otras muchas ciudades españolas.

 

Atenas, 25 de mayo de 2011. El país heleno es una olla a presión que está a punto de estallar. La plaza Syntagma, frente al Parlamento griego se convierte en el punto de encuentro de 20.000 personas que se manifiestan en contra del nuevo plan de ajuste aprobado por el Gobierno socialista griego encabezado por Yorgos Papandreu. Tras años de corrupción política camuflada bajo un espejismo de falsa bonanza económica, Grecia, al borde de la bancarrota, realizó su llamada de socorro ante la UE y el FMI. El 7 de mayo de 2010, el Consejo Europeo aprobó un plan rescate de 110.000 millones de euros para ayudar a Grecia a salir de la crisis. No ha sido suficiente. El país está sumido en una cadena de huelgas generales, déficit y violencia. Un nuevo paquete de ayudas financieras está en camino a cambio de la implantación de un, aún más severo, plan de austeridad por parte del gobierno de Papandreu. Aumento de los impuestos indirectos, reducción de los salarios de los funcionarios, subida de la edad de jubilación y congelación de las pensiones son algunos de los puntos de un plan que no suena muy diferente al presentado por José Luis Rodríguez Zapatero en Mayo de 2010.

Londres, 30 de junio de 2011. Más de 30.000 personas se unen a una manifestación por el centro de la ciudad en contra de las medidas de ajuste económico propuestas por el Primer Ministro británico, David Cameron. Los funcionarios británicos, especialmente profesores, secundan una huelga general del sector con una masiva participación en todo el país. Más de 5.600 colegios permanecieron cerrados durante la jornada y otros 5.000 sufrieron interrupciones durante gran parte del día. Los indignados londinenses protestan contra una reforma que reducirá las prestaciones sociales en el Reino Unido con el fin de ahorrar unos 5.500 millones de libras en gasto público en los próximos cuatro años y disminuir el déficit del país. David Cameron, admitió que se trata de uno de los cambios más «radicales y fundamentales» llevados a cabo en el Estado del bienestar desde que se creara éste después de la segunda Guerra Mundial.

Medidas económicas con miras a contentar a los inversores extranjeros de los diferentes países de Europa. Todo parece estar movido por el ir y venir de los flujos financieros. Mientras tanto, la gente de a pie, los trabajadores, ven como día a día van perdiendo prestaciones y derechos. Las pensiones se atrofian y, como una pierna en gangrena, son cortadas de raíz. Los sueldos se congelan bajo mínimos insoportables (Grecia 681 euros al mes y España 600 euros mensuales). Las cifras del paro dan miedo, especialmente en España con un total de 4.910.000 parados o, lo que es lo mismo, una tasa de desempleo del 21,29% y una tasa de paro juvenil que roza el 44%.

Podría haber ocurrido en cualquier momento y en cualquier otro sitio. Las revoluciones sociales son el motor de la historia desde que el trabajador tomó conciencia de su poder como clase. Sin embargo, si 2011 pasa a la historia como el año de las revoluciones, no ha de extrañarle a nadie. La masa ha recordado que unida tuvo, tiene y tendrá poder de cambio. Madrid, Atenas y Londres. Tres lugares y tres momentos concretos en los que la sociedad grita al gobierno de turno que ya está cansada de engaños, recortes y corrupción. Son sólo tres instantáneas, aunque podríamos seguir tomando fotos con nuestra Polaroid: Portugal, Irlanda o Italia serían los próximos destinos. Sin duda, todas juntas conformarían un precioso y deprimente álbum de la Europa actual, una Europa, por desgracia, hundida y fragmentada por la indignación social.

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