¿Quiere Ud. aprender inglés en veinte años?

Recuerdo a un tierno Miguel Gila bromeando sobre la primera frase de método Assimil «My taylor is rich» («mi sastre es rico») y diciendo al publico: «¡A ver dónde encuentro yo un inglés interesado por las finanzas de mi sastre!» Aquí un ejemplo divertido de la desconexión entre el mundo de la enseñanza y el del aprendizaje utilitario. Mentira es que veinte años no sean nada, como dice el tango.

El esfuerzo que realizan los profesores de inglés parece bastante ineficaz. ¿Por qué tan pocos estudiantes acaban «sabiendo» inglés, después de la cantidad de horas que dedicaron a su estudio? Parte del problema puede que venga de la distribución de estudiantes en diferentes niveles, como en los pisos de un edificio, sin ascensor… Lo que parece claro es que cada persona tiene sistemas y formas predilectas para adquirir conocimientos, pero estos datos apenas se toman en consideración.

Mi padre nos sometió a una refinada tortura, antes de un viaje a Italia, repitiendo en voz alta las frases de un libro: «Aprenda italiano en quince días». Cuando ya teníamos la cicuta preparada, una mañana dijo «arrivederci», se fue y no tuvimos que soportar su «cantinela» en una quincena… ¡Vaya alivio! Tal fue el hartazgo. Aprender inglés puede ser muy efectivo si se emprende como la vía de exploración de una lengua, el descubrimiento de sus misterios… Todo lo contrario de un «viaje organizado». En una lengua se puede reír, soñar, amar, llorar y hasta seducir. Tal vez no acabe nunca nuestro camino hacia aquel objetivo, en una aventura gratificante, placentera y feliz. ¿Cuántas veces hemos aprendido «this is my book»? Demasiadas…

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