Javier Ortega: ‘Conectar con un grupo de desconocidos es una de las experiencias más gratificantes de mi vida’

Cuando la gente le pregunta: ¿Desde cuándo eres mago? Su respuesta suele ser: «Mi padre era mago, mi abuelo era mago, mi bisabuelo era mago… y yo tampoco quería trabajar…». A Javier Ortega siempre le gustó la magia, desde que era un niño. Se levantaba muy temprano los sábados para ver en la pantalla a Juan Tamariz. Por supuesto, sus primeros pinitos llegaron gracias a la famosa caja de Magia Borrás hasta que Javier decidió dedicarse a ello profesionalmente, a partir de 2005, y asentarse en Londres para consolidar su carrera. Sin embargo, su bagaje profesional se gestó años atrás, como profesional de efectos especiales, o ‘magia del cine’, escultor y fabricante de moldes. Pasen a unos de los rincones del mercado de Covent Garden, conocido como el Magic Corner, y vivan a carcajadas las experiencias más mágicas de la mano de este simpático cartagenero.

 

Eres un mago que no olvida la parte cómica en ninguna de sus actuaciones, ¿Es indispensable el humor para hacer magia?

Uso la comedia en mi show porque se adapta muy bien a mi personalidad. También se usa el humor como método de distracción al hacer magia. Si te digo algo gracioso, lo más probable es que te rías, relajes tu mente y cierres los ojos durante ese segundo que necesito para sacar el elefante que llevo en el bolsillo y ponerlo en la mesa sin que te enteres… Pero no es indispensable. Otros magos presentan su show en silencio, con música de fondo…En mi caso, el humor me ayuda bastante en mi presentación. Como digo al principio de mis actuaciones: Me gusta mezclar magia y comedia. Así que si algo no tiene gracia… es magia.

Seduces con buenos trucos y bromas tanto a los niños como a los adultos, ¿Quienes son el público más difícil?

Es complicado definir qué público es más difícil. El adulto está muy condicionado socialmente y puede no expresar un sentimiento claro. Sin embargo, alguien puede descubrir cómo has hecho un truco, pero por ser educado te dice: ¡Genial! ¡Muy bueno!. Un niño, por el contrario, no suele tener ese tipo de barreras. Si te descubre, te lo dice sin tapujos. Pero si consigues llegar a él y hacerle llegar la magia, su reacción será franca y una de las más gratificantes. Ahora, si consigues con tu magia romper esas barreras sociales y sacar de dentro de un adulto a ese niño que se sorprende y abre la boca y los ojos como platos, sabes que estás haciendo tu trabajo correctamente.

El adulto es el público más difícil. Está muy condicionado socialmente y puede no expresar un sentimiento claro

Lo tuyo es ‘la magia de cerca’… ¿Qué significa esto?

Sí, la magia close-up (magia de cerca) se lleva a cabo normalmente para un grupo reducido de gente. Con ella, los objetos cotidianos, como monedas, pañuelos, cubiertos…, desafían las leyes físicas y desaparecen, cambian de lugar, tamaño, color… ¡Y hasta levitan! Personalmente prefiero la magia de cerca porque, a diferencia de los grandes escenarios, se lleva a cabo delante de las narices del espectador y las reacciones suelen ser muy claras y definidas.

Y tu palabra mágica es… ¡Sungi tumi!, ¿Qué significa exactamente?

De 2006 a 2008 estuve viviendo en diferentes países de África, entre ellos en Sierra Leona para colaborar con varias ONG’s (Oxfam, Handicap International, Payasos sin Fronteras…) adaptando mi magia para ayudar con distintos proyectos. Tuve la suerte de conocer a un guerrero que un día me dijo que me iba a dar algo muy valioso: sus propias palabras mágicas, las cuales me traerían el éxito. Sin embargo, insistió: Debes pronunciarlas de otra forma, así las harás tuyas y las originales permanecerán en secreto…Así que Sungi Tumi es mi ‘versión’ de lo que aquel guerrero pronunció. Creo que soy el único mago del mundo que tiene sus propias palabras mágicas.

Conectar con un grupo de desconocidos, encantarlos con tu magia y ganarte la vida con ello, es una experiencia muy gratificante

Sabemos que un mago nunca desvela sus trucos, pero al menos nos podrías contar cuál ha sido el truco más difícil al que te has enfrentado…

¡Por supuesto!, un mago nunca revela sus secretos. Cuando alguien insiste, normalmente digo: ¿Sabes guardar un secreto? La respuesta es siempre que sí, así que la mía es: ¡Yo también!. No sabría decir cuál es el truco más difícil al que me he enfrentado. Lo que todo mago debe aprender es a llevar su personalidad al frente y conectar con su público. Si eso falla, no es un mago.

¿La magia se trabaja o se nace con el don de saber hacerla?

La magia es un arte ancestral, y como todo arte, requiere mucha dedicación. Por ejemplo, Mozart tenía ese talento innato, pero prácticamente cualquiera puede aprender a tocar un instrumento o componer música. Eso sí, dependiendo de la pasión y el empeño que cada uno ponga en ello, los resultados variarán enormemente.

¿Qué recibes del público en la calle que sería imposible conseguir en un escenario?

En la calle, lo primero que aprendes es que nadie te conoce y nadie te debe nada. Si se paran a ver tu espectáculo completo es porque realmente estás sacando lo mejor de ti y llegando al público. Conectar con un grupo de desconocidos, hacerles olvidar sus problemas por un rato, encantarlos con tu magia y ganarte la vida con ello, es una de las experiencias más gratificantes que he tenido nunca.

He leído que uno de tus trabajos en Inglaterra fue el de localizador de juegos de Play Station, ¿Nos puedes explicar qué es exactamente esto?

Fue uno de los trabajos que realicé mientras viví en Sheffield, donde traté de ganarme la vida a través de los efectos especiales. Mi trabajo consistía en pasar el día probando esos juegos para localizar faltas de ortografía y de redacción en la versión en español. Un trabajo duro, pero alguien tenía que hacerlo…

¿Algún proyecto de futuro?

Tengo un proyecto en mente relacionado con magia, payasos, malabaristas…que espero que me lleve de vuelta a África. También estoy preparando unos talleres de magia tanto para niños como para adultos. Por el momento mi mayor proyecto y más inmediato es disfrutar de mi reciente paternidad. Fui papá hace tres semanas y ya voy durmiéndome por las esquinas. Es bastante cansado, pero una experiencia incomparable.

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