Jorge Ramirez-Escudero: «Quiero comunicar que todos nosotros, sin distinción, somos uno, somos grandes y, sobre todo, somos libres. Que no se nos olvide”


Envuelto en plena gira y días antes de su concierto en el London Jazz Festival, el cantante madrileño se sienta para responder algunas preguntas acerca de su nuevo disco, de la peculiaridad de sus sonidos y de algunos temas de actualidad

«Jorge» para los amigos, «El jorge» cuando se pone a componer e «Hyperpotamus» cuando se enfrenta al gran público, «por aquello de quitarse importancia», dice. Directo, introvertido, perfeccionista… así es el «hombre orquesta vocal» que se encuentra detrás de la singularidad artística de Hyperpotamus. Un proyecto que surgió con el mero afán de «hacer algo que no había hecho nunca», pero que apenas cinco años después de su creación le ha llevado a girar por todo el mundo.

Jorge, conocí tu proyecto cantando en la mítica sala madrileña de La Vía Láctea. Por aquel entonces, los amigos que me llevaron me decían que eras un cantante del metro. ¿Son esos realmente tus orígenes?

Como Hyperpotamus, sí. Lo primero que hice recién «formado» como grupo fue tocar en el metro, una experiencia inolvidable de la que guardo muy buenos y surrealistas recuerdos. A veces, lo echo de menos y no dudaría en repetir la experiencia si se tercian la ocasión y las ganas.

Y como ex-cantante de la calle, ¿qué opinas de la reciente ley que va a hacer que los músicos de la calle del centro de Madrid se tengan que sacar una licencia para poder tocar?

Me parece una excusa más para sacar dinero. Legislar algo tan espontáneo y bello me parece un error. Puedo entender que se limite el horario y el volumen, por el descanso vecinal, pero lo de la licencia es absurdo.

Sin embargo, no tardaste mucho tiempo en mudarte de Madrid a Londres. ¿Cómo surge la decisión de venir a vivir aquí?

Di con un contacto con residencia en Londres. Eso, sumado a mi inquietud natural y la morriña por vivir como extranjero, hizo todo lo demás. Además, a Londres siempre le he guardado cariño, prácticamente me crié aquí.

¿Hay que vivir en una ciudad con la cultura musical de Londres para que tu trabajo sea lo suficientemente reconocido como para poder dedicarte profesionalmente a él?

Paradójicamente, no. Pronto se dio la situación de que yo vivía de los conciertos que me seguían saliendo en España, algo de lo que pude disfrutar gracias a Ryanair (a quien guardo mucha antipatía, por cierto). Es curioso, pero establecerme musicalmente en Londres se me hizo muy difícil al principio. Ahora, poco a poco veo que el trabajo que llevo haciendo aquí empieza a dar sus frutos y pronto espero equilibrar la balanza.

Año 2009, sale Largo Bailón, un disco caracterizado por su variedad sonora, pero años luz del crisol de estilos, contrastes y matices que es tu nuevo disco Delta. ¿De qué fuentes musicales surgen estos sonidos?

Es muy difícil sintetizar fuentes de influencia, pero para facilitar las cosas, puedo decir que Michael Jackson, John Coltrane, Erik Satie, Debussy, Nirvana, Don Caballero, Jacques Brel, Fugazi, los ritmos africanos, la música afrocubana y el día a día son fuentes inagotables.

Por cierto, supongo que para la gran mayoría de tu público internacional, un título como «Una, grande y libre» pasará totalmente desapercibido. No así para tu público español…

Me gusta que hagas esta pregunta. La canción es un desacato a la autoridad, un alentar a la gente a no tomar demasiado en serio las figuras autoritarias. El estribillo y el título de la canción son un intento, por mi parte, de coger una frase con fuertes tintes autoritarios y darle absolutamente la vuelta. Es decir, quiero comunicar que todos nosotros, sin distinción, somos uno, somos grandes y sobre todo, que somos libres. Que no se nos olvide.

Acostumbrado a ver a grandes bandas sobre escenarios inmensos, es chocante ver un concierto de una persona a solas con sus instrumentos, ¿cómo son esos momentos de soledad compartida?

Es un equilibrio curioso y lo aprendí a llevar desde que empecé a tocar en el metro. Aunque al contrario de lo que puedas pensar, cuando toco, nunca estoy solo. Está el promotor, el técnico de sonido, el amigo donde voy a dormir, el público… La gente me mira, me observa como a un bicho curioso, incluso puede entrar a juzgar. Estás completamente expuesto y eso te hace fuerte, porque te haces una pequeña coraza que, no obstante, permite cierta osmosis.. Digamos que estoy a gusto con mi propia compañía, aunque tampoco soy un ermitaño, ¿eh?

Inmerso en plena gira, por suerte para los residentes en Londres, te podremos disfrutar (y de manera gratuita) en el London Jazz Festival. ¿Cómo recibe uno la llamada de un festival como este?

Estoy absorto en la gira ahora mismo. Hace dos semanas que toqué en Nueva Zelanda y Hong Kong, y ahora mismo estoy en México. Es una locura. La llamada del festival fue muy bien recibida por mi parte. Es el festival más serio e importante que me ha contactado, sobre todo si tenemos en cuenta a los que comparten cartel: Sonny Rollins, Paco de Lucía, Brad Meldhau, Herbie Hancock… Ni en mis mejores sueños, de verdad. Es todo un honor.

Para acabar, Jorge, tras semejante aceptación de tu segundo disco, ¿dónde crees que están los límites de la música de Hyperpotamus?

En mi aguante físico y mental. Ya veremos. Nunca creí que estaría haciendo esto casi cinco años después de empezar. Quien sabe…

Relacionado

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio