José Álvarez, Guest Ambassador de The Shard: ‘Trabajar en The Shard me ha ayudado a apreciar más Londres’

Hace poco más de un año que se inauguró el edificio más alto de la Unión Europea, el imponente The Shard. En este poco tiempo, el inmueble, diseñado por el arquitecto italiano Renzo Piano, ha conseguido tener un gran número de seguidores, pero también son muchos los detractores. Tanto es así, que mucha gente lo asocia con el famoso eslogan de Marmite -un producto típico del desayuno inglés-, ‘love it or hate it’ (ámalo u ódialo).

José Álvarez, un ovetense afincado en Londres desde hace más de 7 años, es uno de los Guest Ambassadors de la empresa The View from The Shard. Dejó España e hizo las maletas con destino Reino Unido, en concreto Londres, «por el atractivo de esta ciudad como idea». Asimismo, las oportunidades laborales que ofrece la capital británica, que son cuantiosas -aunque como él mismo admite, encontrarlas «no es fácil»-, fue otro de los motivos por el que decidió iniciar su aventura por tierras inglesas. Debido a que la construcción de The Shard formaba parte del plan de regeneración de la zona de London Bridge, uno de los objetivos que se buscaba con esta renovación era beneficiar a la gente de la zona. En este sentido, tal y como cuenta José, «se comprometieron en emplear a un cierto número de personas residentes del barrio.

Yo cumplía este requisito y, además, no tenía trabajo, por lo que me presenté al proceso de selección para trabajar aquí». La razón por la que se quería dar trabajo a los locales era, según Ruth Howlett, directora del departamento de prensa de The View from The Shard, que son los mejores para guiar a los visitantes -o invitados, como les llaman- del mirador «porque son los que tienen mayor conocimiento de la zona».

El este de Londres desde The Shard, donde se puede ver la zona empresarial de Canary Wharf y el estadio olímpico de Stratford. /Pepe Torrecilla Sillero

«Mi trabajo consiste en recibir y guiar a la gente dentro del edificio. Es como una especie de guía turístico del edificio en cierto modo», explica José. Además, apunta que puede estar ayudando a los invitados a identificar lo que deseen desde el mirador, como puede estar vendiendo tickets o atendiendo al cliente en los ascensores -estos llegan a alcanzar una velocidad de 6 metros por segundo-.

Aunque la inauguración del edificio se produjo en junio de 2012, ya que querían que fuera un icono de la ciudad antes de los Juegos Olímpicos, The View from The Shard fue abierto al público el pasado 1 de febrero, cuando el alcalde de Londres, Boris Johnson, estrenó oficialmente esta parte del edificio.

«Trabajar aquí es una experiencia bastante excitante e interesante», asegura el asturiano. De hecho, la primera vez que subió al mirador, «me dio un poco de miedo y me costó tocar el cristal», cuenta Álvarez. Según dice, lo que consigue trabajando en este rascacielos, no lo obtiene en ninguna otra parte. Y es que, como confiesa, este trabajo «me ha ofrecido un gran conocimiento sobre Londres y me ha ayudado a apreciar más la ciudad en la que vivo». «Me siento orgulloso de trabajar aquí», comenta.

Un trozo de cristal en Central London
The Shard ha tocado el cielo de Londres en una de las zonas de Central London que, de acuerdo a lo que dice Howlett, «necesita mucha regeneración y este edificio forma parte de ella». Lo que se quería con este edificio era «crear una ciudad vertical en Londres en la que se pudiera dar cabida tanto al trabajo como al ocio», asegura la jefa de prensa. En este sentido, José señala que se trata de un rascacielos «con muchos propósitos, no está dedicado solo a uno». Así, el edificio alberga tanto oficinas, como tres restaurantes (Oblix, un american grill; Aqua Shard, un british; y Hutong, de comida china), un hotel (Shangri-La Hotel), apartamentos y The View.

El edificio, que se inició como un proyecto privado y encontró la financiación en Qatar, busca ser «un nuevo icono urbanístico de la ciudad», afirma Álvarez. Se quería construir algo especial y, según aclara Howlett, el arquitecto describe el diseño del edificio «como un trozo de cristal», lo que explica su nombre ‘shard’, que se podría traducir en español como ‘astilla’. «Es como si rompes un espejo, coges los trozos y los pones en vertical», explica José. Además, para recalcar más esta idea, la fachada de The Shard está compuesta por 11.000 paneles de cristal.

Además, lo que se busca con ese nombre es evitar que se conozca al edificio por algún sobrenombre erróneo. Otros edificios singulares de la ciudad, como por ejemplo el 30 St Mary Axe, no se conocen por su verdadero nombre. De hecho, muchos no habrán adivinado de qué inmueble estamos hablando. No obstante, si decimos The Gherkin (el pepinillo), todo el mundo sabe a qué nos estamos refiriendo exactamente, porque es como se conoce popularmente a este bloque de la zona de Bank.

Una parte del trozo de cristal
The View from The Shard, en su punto más alto, se encuentra en el piso 72 a 244 metros, lo que le convierte en la panorámica más alta de Europa Occidental. De esta manera, se proporciona a los invitados una vista de 360° de la ciudad, pudiendo ver hasta 64km de distancia. Con estas características, José apunta como curiosidad que hay gente que cuando llega arriba del todo, «se piensa que se puede ver el mar o incluso Francia».

Los visitantes a la atracción –se estima que unos 5.000 diarios– pueden, además, explorar a tiempo real, la ciudad que tienen bajo sus pies gracias a los 12 telescopios (Tell:scopes) situados frente a las cristaleras. Esto les permite identificar alrededor de 200 puntos de referencia del skyline de Londres y obtener información al respecto con solo enfocar en cada uno de ellos, así como de disfrutar de vistas alternativas (pregrabadas) de la ciudad: al amanecer, al atardecer y de noche.

Es tal el atractivo de Londres a esa altura, que muchas parejas han convertido este mirador en un lugar idóneo en el que comprometerse. De hecho, la primera proposición de matrimonio en la cúspide del The Shard se produjo solo 10 minutos después de que el mirador abriera sus puertas al público. «Tenemos una proposición a la semana más o menos», asegura José. «A nosotros nos informan y nosotros les ayudamos a que tengan su intimidad, su espacio», continúa.

Los precios de las entradas varían en función de la edad y si se han adquirido con antelación o no. Los tickets que se adquieran por adelantado costarán £24.95 para adultos y £19.95 para niños. En cambio, si compran para el mismo día, los precios suben a £29.95 y £23.95 para adultos y niños, respectivamente.

A este respecto, el de Oviedo afirma que suena caro pero merece realmente la pena. «Como turista, esto es una de las cosas que la gente debería visitar porque vas a tener una visión de Londres que no vas a encontrar en otra parte. Si cuando vas a París subes a la Torre Eiffel, ¿por qué no vas a hacer esto?».

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