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Karl Marx, Isabel II y el patriotismo lacrimógeno se citan en Camden

La reina Isabell II
La reina Isabell II

No es ninguna novedad en estas páginas de El Ibérico el hecho de que la mayoría de los españoles residentes en Reino Unido han cumplido con los requisitos administrativos exigidos por el Brexit. Según la Ventanilla Brexit de la Embajada, con datos de finales de 2020, un total de 246.601 españoles han obtenido el settle status o permiso de residencia permanente en Reino Unido. Otros, han optado por dar un paso más allá y han solicitado la nacionalidad británica, o la doble, puesto que España permite ambas con condiciones.

A tenor de las cifras de Home Office (ministerio de Interior británico), en los años previos a 2016 (el del referéndum que decidió por 52% de votos contra 48% la salida de Reino Unido de la Unión Europea) unos 350 españoles aproximadamente se nacionalizaban británicos cada año. Renunciar a la española para adquirir la británica suponía un dilema de mayor envergadura. La nacionalidad tiene dos caras: la administrativa o práctica y la patriótica o emocional. Todo ello genera vínculos que se hacen y deshacen como un ovillo. Desde 2016 la cifra de 350 se ha convertido en 2.500 de media anual. A quienes solicitan la nacionalidad británica se les somete a un proceso burocrático y de costes que tarda unos diez meses y cuesta en torno a las 2.000 libras. Por edad y por circunstancias personales, como cada solicitante, opté por hacerme británica; si no de sentimiento, aunque quizás también, sí de oficialidad. Por más que la Unión Europea suene a concepto abstracto, una especie de cordón umbilical se rompió con el Brexit. Desde enero hay que contar los días de estancia en uno u otro país. Algunos impuestos en la Unión Europea han aumentado por ser de ciudadanos residentes fuera de la Unión Europea, es decir, de país tercero.

Promesa de lealtad a la reina Isabell II para obtener la nacionalidad británica

El proceso administrativo con el Home Office acaba con una ceremonia de nacionalización que se celebra en el ayuntamiento en el que reside el nuevo nacionalizado. A mí me tocó Camden, en el norte de Londres. El rito fue virtual, puesto que la pandemia ha sacado al descubierto la vida virtual. Éramos siete personas de siete nacionalidades distintas haciendo gala a la recurrente noción de melting pot con la que se suele describir la pluralidad y la diversidad de Londres. Dos de las siete lloraron de forma contenida todo el rato. La ceremonia era de juramento o promesa al país y sus instituciones con un enunciado de contenido religioso o civil. Yo opté por el civil. Promesa de lealtad a la reina Isabel II, a sus herederos y sucesores “according to law”, con lo cual los republicanos de convicción, o de circunstancias, podíamos prometer sin contradecirnos a nosotros mismos. Y promesa de fidelidad a los derechos, libertades, valores democráticos y leyes. Un voto a los derechos y deberes del ciudadano.

Imagen del acto online para la obtención de la nacionalidad británica.
Imagen del acto online para la obtención de la nacionalidad británica.

Un acto que recuerda a residentes ilustres de Camden Karl Marx o Sigmund Freud 

Tuve la impresión de que el ritual venía a ser otra vuelta de torniquete a la dialéctica tradicional. A la que te acostumbran si llevas años de forma activa en Inglaterra. Tienden a enaltecer las viejas glorias. No aluden al imperio porque está perdido, pero rezuma a través de citar la Commonwealth y los símbolos de la unidad del Estado. El funcionario de Camden nos hizo una introducción a la ceremonia y resumió, muy sintetizado, el pasado y el presente del barrio nombrando a residentes históricos como Karl Marx, Mary Wollstonecraf o Sigmund Freud: revolucionarios; escogen a revolucionarios para enaltecerse. El rito constituyó un botón de muestra de la idiosincrasia del país: cumplen los estereotipos y también lo contrario; lo tradicional y lo innovador. El acto acabó con la imagen de la reina Isabel II en la pantalla del ordenador y el himno nacional de música de fondo. Los buenos modales del funcionario cerraron los 20 minutos de patriotismo lacrimógeno para las dos personas que no pudieron reprimir su turbación por ser parte del país que las ha acogido. Su emoción se expresaba en taimados sollozos, evitaron ruidosos o acalorados berrinches. Los británicos se contienen.

246.601 españoles que han obtenido la residencia permanente en Reino Unido

La nacionalidad adquirida en la edad adulta se abre como una bifurcación: la práctica y oficial. Que puede sintetizarse como la agilidad y protección en el papeleo y los trámites administrativos que todos necesitamos como parte de la colectividad, y el patriotismo emocional o el vínculo al país en el que se reside. En mi caso, ya llevo casi más tiempo en Reino Unido que en España. Aun así, me tomé la ceremonia como el trámite previo a la solicitud del pasaporte. Los que obtienen la nacionalidad británica pueden votar en elecciones generales y referéndums y solicitar el pasaporte. Los requerimientos para obtener la nacionalidad son otra historia que no viene ahora al caso.

Entre los 246.601 españoles que han obtenido la residencia permanente, debe haber de todas condiciones y circunstancias. Todos habrán creado relaciones familiares, profesionales, económicas, de amistad, de vida social y, con ello, vínculos emocionales con su trabajo, el barrio, los amigos, la ciudad y el país que ya forma parte de la historia personal de uno mismo. Para los españoles residentes en Reino Unido, nacionalizados o no, los dos países, el de origen y el de adopción, se han ido entrecruzando como un armonioso dédalo alterado ahora por el Brexit y la pandemia.

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