Portada | Cultura y Ocio | Cine | Crítica de ‘Killer Joe’: Mathew McConaughey en el papel de su vida

Crítica de ‘Killer Joe’: Mathew McConaughey en el papel de su vida

A pesar de ser el responsable de dos clásicos del cine, como son El Exorcista (1973) y French Connection (1971), lo cierto es que la carrera de William Friedkin tomó un rumbo preocupante una vez terminada la década de los 70. Títulos tan anodinos de la talla de Ganar de cualquier manera, La tutora, Jade o Reglas de compromiso no han evitado, sin embargo, que el director nacido en Chicago siga teniendo una más que notable reputación entre la comunidad cinéfila.

Killer Joe (2011), su lúbrica y polémica nueva película, nos trae al mejor Friedkin de los últimos ¿25 años? recuperando la aridez y minuciosidad formal de sus dos obras maestras…con el añadido de Vivir y morir en Los Angeles (1985). Mathew McConaughey y Emile Hirsh protagonizan este brutal filme basado en una obra de teatro del ganador del Pulitzer Tracy Letts, siendo esta la segunda vez que el realizador de Carga Maldita adapta al dramaturgo a la gran pantalla, después de Bug (2006).

Chris (Emile Hirsh) es un perdedor casi profesional que debe una gran cantidad de dinero a un importante mafioso. El joven convence a su padre (Thomas Haden Church) para matar a su divorciada madre y así cobrar el seguro. Contratan a Killer Joe Cooper (Mathew McConaughey), un estiloso y educado detective de homicidios que se encarga de cometer algunos cuando tiene tiempo libre y gente dispuesta a pagarle.

Pero hay un pequeño problema: ni Chris, ni su padre, ni la pareja y cómplice de este último, Sharla (Gina Gershon), pueden pagar por adelantado. Joe obviará el detalle del dinero a cambio de que los tres fracasados le ayuden a ligarse al cuarto miembro de la familia, Dottie (Juno Temple), la virginal hermana de Chris.

McConaughey no es ajeno a los roles inquietantes. Ya en Escalofrío (2001), dirigida por el actor Bill Paxton, dejó claro que el guaperas norteamericano no solo estaba hecho para enamorar o para ser el héroe de la función. Dicho esto, el personaje de aquella cinta es el James Stewart de Caballero sin espada comparado con lo nuevo del que fue novio de Penélope Cruz.

El actor puede estar orgulloso de haberle dado forma a uno de los más grandes hijos de puta de la historia del cine, uniéndose perfectamente a célebres psicópatas como Patrick Bateman o Anne Wilkes. Especial mención merece la secuencia de la «felación» que le hace Sharla a Joe, una de las escenas más alarmantes (y no por ello menos brillante) que se han podido ver en una película de sangre hollywoodiense en los últimos años.

Solo un extraño y soso (¿acaso no lo es siempre?) Thomas Haden Church empaña el gran trabajo de todos los protagonistas; y no extrañaría nada ver alguna nominación en los próximos premios Oscar para la estimulante Juno Temple o la inmensa Gina Gershon, haciendo el más difícil todavía después de las lejanas Showgirls y Lazos Ardientes..

Todos aquellos que disfrutaron con Terciopelo azul o Pulp Fiction, por poner dos ejemplos cebados de sana (en el arte siempre lo es) amoralidad, pueden estar seguros de que Killer Joe ocupará un lugar de honor entre sus preferencias. Y es que, sin contar con ciertos altibajos en la narración (la persecución a Chris por parte de dos moteros está mal ejecutada y el perro que no para de ladrar durante toda la película podría haber creado más nerviosismo con planos más efectistas) hay que aplaudir el buen hacer de William Friedkin en esta ocasión, optando sabiamente por imágenes viscerales muy acordes con la historia que se narra y sin sacrificar la alta carga sexual por obtener una calificación que hubiera permitido a la película ser más rentable. En USA le han dado un NC-17, que casi equivale a la X española…aunque tampoco es decir mucho si tenemos en cuenta que el país de Obama le puso el mismo sello a Blue Valentine (2010)…no digo más.

Relacionado

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio