Knockeando al deseo

Es imposible, lo tengo comprobado, cuanto más asertiva intento ser menos los consigo. Me pongo seria conmigo misma y me digo que la próxima vez que diga un “no” este va a ser el definitivo. Pero entonces ¿por qué siempre nos termina pasando lo mismo? ¿Seremos nosotros que nos boicoteamos? ¿Será el “no” el que nos boicotea toda la diversión? ¿será que no estamos hechos para darle la espalda al deseo?

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No soy dueño de mí mismo ni voy donde a mí me agrada, atado llevo el deseo al hilo de tu mirada.

Salvador Rueda

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Siendo personas adultas, cuerdas -ejem, bueno, eso aún esta por demostrar- y resueltas ¿por qué somos incapaces de elegir lo bueno para nosotros? ¿Por qué elegimos el postre de azúcar refinado frente a la fruta que teníamos en mente? ¿Por que nos tomamos esa última copa que nos remata?¿Por qué seguimos enganchados a esa persona tóxica que nos hace daño en vez de a aquella que nos trata con adoración?

Y yo te voy a contar el porqué, la mayoría de la veces, un “no” no basta:

A veces con un “no” no basta, no basta con pensar “no, no y no” mientras tus ojos gritan “sí, sí y sí”. No nos basta con una leve resistencia mientras te toma de la muñeca y te dice “Ven”. Tus botas se clavan en el suelo mientras tus alas se despliegan para levantar el vuelo.

A veces un “quizás” se convierte en un “por siempre” mientras que lo que nosotros queríamos era un “nunca más”. El “quizás” es el peor enemigo de “asertividad”; es la puerta abierta al deseo, es un whatsapp cuando ya llevas tres copas de vino. Es un sé que te dije que “no, no y no” pero “ven, ven y ven”

Y en ocasiones esa mueca de medio lado no es vista como la señal irónica que queremos lanzar sino como una invitación inequívoca a ser besados. entonces el “si” agarra al “no” y lo knockea , el “quizás” le hace el una llave al “nunca” y desde el cielo ves tus botas clavadas en el suelo, señal inequívoca de que ya tus alas levantaron el vuelo.

Y entonces es cuando “deseo” asoma una sonrisa picara sabiendo que, esta vez, ha ganado el torneo.

Y tú ¿qué tal llevas el “no” definitivo en tu vida? ¿Permites esa sonrisa picara de “deseo” a menudo?

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