La artista María Marí Murga presenta su obra en la Embajada de Filipinas en Londres

Con un toque provocativo entre tradición y modernidad, la artista alicantina nos presenta 25 obras. Desde el 7 al 21 de noviembre la encontramos en la sede de la Embajada de Filipinas en Londres, situada en Suffolk Street. De padre español y madre filipina, María refleja en su arte esa simbiosis entre oriente y occidente. Su mensaje salta de las reminiscencias clásicas florentinas, ciudad donde se formó,a la contemporaneidad de una artista de su tiempo establecida en Londres.

 ¿Cómo ha surgido la oportunidad de la exposición?, ¿cuál es el enfoque que le ha querido dar? 

En abril de este año recibí el premio “The Royal Society of British Artists – The de Laszlo Foundation Award”. La Embajada de Filipinas se interesó y Su Excelencia, el embajador Enrique Manalo, me ofreció la oportunidad de hacer una exposición individual.

En colaboración con el arquitecto RIBA y comisario artístico Leif Miguel Martínez, he llevado a cabo la gestión y diseño de la exposición. El espacio está dividido en tres salas. En una se expondrá el diseño del zapato escultura, en otra la figura humana y en la tercera sala, paisajes y bodegones.

 ¿Cómo refleja en la exposición ese contraste de culturas y religiones presentes en Zamboanga? 

La ciudad de Zamboanga está situada en la punta sur del archipiélago filipino. Es una ciudad conflictiva y donde conviven muchas culturas juntas: la islámica proveniente de Indonesia, la católica que trajeron los inmigrantes españoles e incluso la budista procedente de China y de toda la parte de Malasia.

 ¿Cómo definiría usted su estilo?

Definir es limitar, es encasillar… en ese sentido soy inidentificable. Como artista me forjé en Florencia, donde me especialicé en técnicas pictóricas del renacimiento, pero soy una mujer de mi tiempo y por tanto mi visión es contemporánea. No soy una artista comercial. Aunque en mi obra trato temas aparentemente amables, con poco que se indague en el simbolismo de la escena, se encuentra la controversia. Mi diálogo tiene una dimensión social que generalmente trata de favorecer a la mujer.

[pullquote]“Aunque en mi obra trato temas aparentemente amables, con poco que se indague en el simbolismo de la escena, se encuentra la controversia”[/pullquote]

 ¿Cuál sería el contraste entre tradición y modernidad en las mujeres que pintas?

Las mujeres que pinto tienen los trazos y estética del clasicismo, pero si indagas un poco más te puedes dar cuenta de que las telas son el tejido tradicional Yakan. Los Yakan son tribus musulmanas que habitan en Basilan, en la provincia de Mindanao. En ese sentido, que una mujer lleve unos atributos musulmanes en un contexto como este es una controversia. En la obra “Odalisca”, que estará en la exposición, la forma de trabajar es clásica pero el fondo está completamente desdibujado, inacabado, y dejo la tela del lienzo transparentar a través de la pintura. Es una mujer musulmana que está enseñando su cuerpo y sus tatuajes. Cuando represento el desnudo femenino no busco la exhibición, prefiero la reivindicación.

 Esta exposición tendrá un trasfondo benéfico y de obra social. El 25% de los ingresos por ventas serán destinados íntegramente a obra benéfica en Filipinas. ¿Cuáles son los detalles de esta iniciativa y cómo surgió? 

Tras mi último viaje a Filipinas quedé conmocionada por la situación y pensé que tenía que luchar por intentar ayudar a tantas personas, sobre todo niños, que injustamente sobreviven en la calle en condiciones paupérrimas. La organización con la que colaboro en la exposición es The Holy Rosary Family Center, organización no gubernamental que pertenece a Child Fund. Son monjas dominicas que también tienen sede en Madrid y cuya labor de caridad conocía desde hace muchos años. Su misión es renovar escuelas, educar a niños indigentes de la calle, a personas enfermas de lepra, y también ayudan a familias musulmanas. Además de enseñarles a leer y escribir les trasmiten la cultura tradicional filipina, una cosa que considero fundamental para preservar la identidad como país.

 ¿Qué cree usted que puede aportar como artista para mejorar la situación de los niños en esas zonas tan castigadas?

Creo que el artista es mucho más que un producto para el mercado del arte; el artista es un cronista social, un educador que tiene una enorme responsabilidad en su lenguaje artístico. Por ello he decidido dar a mi trabajo artístico una dimensión social. La educación, valiosa herramienta que nadie puede arrebatar, no solo ayudará a que el día de mañana esos niños puedan labrarse un futuro mejor, sino que también les hará libres.

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