La energía de los alimentos

Estamos acostumbrados a medir y categorizar la comida por su contenido calórico, cantidad de grasa o gramos de proteína. Sin embargo, si observamos la medicina tradicional china notamos que se centra en la calidad de la comida, con el fin de prevenir y tratar enfermedades.

Todos los alimentos tienen energías y características distintas que nos permiten sentirnos sanos, livianos y nutridos; o bien, provocan desequilibrios que pueden resultar en enfermedades. Esto es lo que se conoce como la energética de los alimentos. Conocer este tema nos permitirá elegir la comida con mayor consciencia, de forma que podremos construir una base más firme para nuestra salud y bienestar.

Por ejemplo, consumir alimentos de nuestro propio jardín o comprarlos en los mercados de agricultores locales nos hará sentir más ligados a nuestro hogar o comunidad. Cuando comemos productos de temporada y de producción local, nuestro cuerpo está en mayor contacto con el orden natural de las cosas y tiene mayor capacidad para mantener el equilibrio de adentro hacia afuera.

Así, resulta muy beneficioso aprovechar las frutas frescas y los vegetales verdes ligeros durante el verano, cuando están en su pico máximo de cosecha. Mientras que las hortalizas más compactas y firmes como los tubérculos y las calabazas que crecen en invierno le aportan calor al cuerpo.

Otra forma de aprovechar la energía de los alimentos -para promover la salud  y sanación del cuerpo- es cocinar y comer de manera consciente: disminuyendo el ritmo en que preparamos las comidas y comiendo en ambientes relajados. De esta forma, absorberemos mayores cantidades de nutrientes, pues nuestro estado mental está más presente y alerta.

A continuación, revisaremos algunos alimentos, sus propiedades energéticas y la mejor manera de cocinarlos para aprovechar al máximo sus beneficios:

(*)Estos productos es mejor no consumirlos, o hacerlo en cantidades muy moderadas, ya que ocasionan inflamación en las células y pueden devenir en múltiples enfermedades, tales como diabetes, hipertensión, colesterol, sobrepeso y cáncer.

Una forma adicional de procurarnos la mayor cantidad de energía de los alimentos es consumir variedad de colores. Cada color en la naturaleza se deriva de sus propiedades nutricionales. Así, los alimentos rojos (tomates, fresas) mejoran la circulación; los color naranja (zanahorias, calabazas) proporcionan antioxidantes; los amarillos (piña, bananas) estimulan el sistema nervioso y los verdes (espinacas, germinados) ayudan a limpiar el organismo.

Sea cual sea el sistema que utilice para elegir sus alimentos, procure tomar consciencia de ellos, observe sus propiedades, sienta su olor y textura; en la medida de lo posible, trate de comprar alimentos sin etiquetas ni ingredientes impronunciables. De esta forma, podrá honrar de manera saludable el adagio que dicta “¡eres lo que comes!”.

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