La erupción que detuvo el tiempo en Pompeya

El Museo Británico de Londres presenta la exposición Vida y muerte, Pompeya y Herculano.

Año 79 A.C. Eres un ciudadano romano que vive sus días tranquilamente en el municipio de Pompeya a los pies del Monte Vesubio. En este momento, tu mujer se encuentra haciendo pan y tus hijos corretean por el jardín tras el perro, que a su vez persigue a una paloma.

En los días previos, el suelo bajo tus pies ha temblado de forma repetida, pero no le has dado demasiada importancia, pues los quehaceres diarios ocupan toda tu atención. Nada hace presagiar lo que se avecina.

En veinticuatro horas tu vida va a dar un giro inesperado. Todo lo que abarca tu mirada va a quedar sepultado bajo las cenizas. Hablamos de los restos del volcán que siempre ha estado presente en las vistas del horizonte. El mismo que creías extinto, y que tal vez no debieras haber subestimado. Los temblores eran señal de una actividad sísmica que tu ignorancia te ha impedido prever. No das crédito a lo que ven tus ojos. Una lluvia de meteoritos empieza a destruir la ciudad. De repente, el viento transporta una gran nube de gases tóxicos y la temperatura sube como si estuvieras en un horno. Tu familia, tu casa, tu ciudad y tu vida van a quedarse parados en el tiempo.

La exposición

Vida y Muerte es la nueva exposición del Museo Británico centrada en las ciudades romanas de Pompeya y Herculano, las cuales quedaron sepultadas bajo metros de ceniza a raíz de la erupción del volcán Vesubio, cerca de Nápoles. Es la primera vez que los restos arqueológicos de Pompeya y Herculano, de gran valor histórico, salen de la península itálica. Hacía más de veinte años que Londres no preparaba una exposición de tal importancia.

El hallazgo de estas ciudades en el siglo XVIII permitió a los expertos estudiar por primera vez el día a día de una ciudad romana. Es por esto que en la exposición del Museo Británico todo gira en torno a la idea de la cotidianidad. En ella se pueden ver un total de 450 piezas que van desde mosaicos, estatuas, ánforas, frescos, muebles, ornamentos, joyas y muebles carbonizados a restos de comida calcinada. El estado de conservación de los elementos expuestos es simplemente magnífico. Uno tiene la sensación de que el tiempo se congeló.

Visitar la exposición es como sentirse un pompeyano de clase alta por un dia. El diseño de los objetos que se pueden ver están dispuestos según la arquitectura de una casa romana. La estancia principal (atrium), el dormitorio (cubiculum), el jardín trasero (hortus), la cocina (culina). Con detalle y con gusto, parece ser que todo tiene cabida en la exposición.

De carne y yeso

Las excavaciones siguen su curso en Pompeya donde, hasta la fecha, se han encontrado más de 1.150 cuerpos, mientras que ha habido un hallazgo de unos 350 en Herculano. Las cenizas de la erupción se depositaron sobre los cuerpos, endureciéndolos. Con el tiempo, la materia orgánica desapareció, quedando una cámara vacía. En 1865 el arqueólogo italiano Giuseppe Fiorelli sugirió rellenar los huecos que habían dejado los restos humanos con yeso obteniendo de esta forma moldes de gran precisión de los últimos momentos de la vida de estas personas.

En la muestra presente en el museo se pueden observar algunos de estos impactantes moldes de yeso. La exposición está situada en el centro del Gran Atrio, donde se ubica la sala de lectura que antes formaba parte de la Biblioteca Británica. Si quieres viajar atrás en el tiempo, esta exposición es totalmente recomendable, y permanecerá abierta hasta el 29 de septiembre.

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