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La escapada estaba anunciada

Hace un par de meses recibí una llamada con número oculto a mi teléfono español. «¿Sí? Dígame» dije yo con voz cascada, pues el día anterior había estado celebrando mi cumpleaños y acabé cantando «Las mañanitas» en un parque cercano a la estación de Barbican. «Buenos días», me respondió una señorita con prontitud y buena técnica al aparato, de las que se nota que viven del oficio de hacer encuestas por teléfono.

«Le llamamos de la Universidad Juan Miraflores, Valencia», me dijo la telefonista. Empecé a calentarme un poco. Perdón, empecé a cabrearme porque sabía por dónde iban a ir los tiros. La amable señorita empezó a abordarme con preguntas inútiles, sin fondo, a sabiendas de cuál iba a ser mi respuesta. «¿Cuál es la puntuación que le pones a la universidad, del uno al cinco?» me preguntó ella. «Un cero» contesté yo, pensando al mismo tiempo que la respuesta correcta podría haber sido «un cero patatero». Pero uno tiene educación.

Los que entienden mi postura compartirán las mismas sensaciones que tuve en ese momento. Había pasado cinco años en la universidad y en el programa de estudios tan sólo figuraba una asignatura de inglés… ¡y para colmo optativa! ¿Qué podía responder? No ha sido nada fácil para muchos de nosotros salir al extranjero y darnos cuenta que por muchos años que hayamos pasado en la universidad, sin un buen nivel de inglés, no somos nada. Nuestra generación no lo tuvo fácil en este sentido y creo que a las venideras les va a costar cambiar un poco la mentalidad del sistema educativo español.

Por suerte, ahora sé que U2 se llama U2 y no «Udos». Aunque ya sabéis, cuando estamos entre nosotros, entre camaradas, con algunas copas de más, nos enorgullecemos de ser españoles y de llamar a U2 «Udos». «Que se jodan los anglocabrones», decimos entre carcajadas. Pero en realidad sabemos que la única salida hoy en día al mercado laboral es hablando un inglés correcto, y qué pena no haber visto desde pequeños las películas en versión original, por poner tan sólo un ejemplo. Por tanto, de anglocabrones nada. Inglaterra es el país que nos ha acogido con los brazos abiertos y el que nos da la oportunidad de aprender la lengua internacional por excelencia.

Sí, la escampada estaba anunciada. Aún antes de que llegara el abismo económico, muchos de nosotros ya habíamos decidido dar el paso. Ahora, con mucha más razón, muchos españoles están llegando a las Islas Británicas con esa excusa, la de aprender inglés. Esperemos que no sirva como excusa sino como una obligación, la misma que deberían tener los que elaboran los programas formativos universitarios.

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