La española Bad Gyal derrocha música y energía sensual -y sexual- ante una audiencia londinense entregada

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Bad Gyal durante su concierto en el O2 Forum de Kentish Town. / Imagen cedida por la productora.

Desde que brotaron las habaneras y los negreros en el siglo XIX, hasta 1997, Vilassar de Mar (Barcelona) no produjo ningún fenómeno musical y sociológico, como el de Bad Gyal. Allí nació hace 27 años Alba Farelo Solé, la mayor de cinco hermanos, conocida (como se decía antes) con el nombre artístico de Bad Gyal (tipo Bad Bunny; ella, reguetona; él, rapero). Ella actuó el pasado viernes 3 de mayo en el 02 Forum de Kentish Town, norte de Londres. La cola para entrar a la sala de conciertos auguraba gran concurrencia, puesto que serpenteaba a larga distancia Highgate Road arriba.

También, como se decía antes, de telonero, actuó DJ KHRIZ (Christopher Zahouani) considerado como el promotor de música latina más importante del Reino Unido y responsable de traer a suelo británico a estrellas de la talla de Marc Anthony (14.000 asistentes), Daddy Yankee, Ozuna, Bad Bunny o Anitta, entre otros. Aunque su actuación se retrasó, la audiencia actual tiene paciencia y está acostumbrada a esperar. Los latinos residentes en Londres conocen a DJ KHRIZ y le adoran, y se conocen al pie de la letra sus canciones. Volviendo a Bad Gyal, una audiencia joven, contemporánea a la cantante, con representantes de todas las especies, y más, del colectivo LGBTQIA+, junto a chandaleros con todo tipo de mensajes y cenefas en pantalón o sudadera, la esperaban con ganas. Entre las fans, algunas con bikini (pieza inferior de faldita, lo que antes llamaban taparrabos) y botas altas hasta la rodilla.

Otras asistentes se embutieron en vestidos apretados hasta desafiar la respiración; de tejido elástico, dos tallas menos de lo holgado para el cuerpo; estiraban hacia abajo, por delante y por detrás, por la derecha y por la izquierda, y el vestido no daba para más. Las fundas palabra de honor se estiraban hacia arriba con poco nulo resultado. Por casualidad o causalidad, al salir la diva al escenario resultó vestir de uniforme (bikini y botas altas) plateado: sujetador, faldita de flecos y cinturón sobre tanga y botas de tacón alto hasta la rodilla: todo plateado, brillante y reluciente para reflejarse con la iluminación. La melena rubia se extendía hasta la cintura como una cortina.

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Bad Gyal durante su concierto en el O2 Forum de Kentish Town. / Imagen cedida por la productora.

Bad Gyal tiene un gran contingente de fans españoles en Londres. DJ KHRIZ se dirigió en español al público; ella alternaba español e inglés, y como dijo Concha Buika hace unos meses en el escenario del Barbican, “Londres significa mucho para mí”. Ambas coincidieron en la misma frase. La que escribe estas líneas, probablemente la única con artritis en el foro de Kentish Town, se alió con las dos vecinas que, como muchos seguidores entusiastas, le daban al bailoteo y tarareaban las canciones sin dejar adjetivo ni substantivo perdido. Y como casi todos también se hicieron fotos para llenar un álbum de 2GB.

Carmen, nacida en Madrid de padre vasco, y 27 años (¿coincidencia con Bad Gyal?), iba con Nicole, colombiana y beauty therapist en Londres. Ambas simpáticas y dicharacheras, contentas de ver a su ídolo. Carmen estudia y trabaja, e inició la conversación al preguntarme: “¿Has venido con tu hija?”. A lo cual contesté: “No, he venido sola”. “¡Qué guai!”, añadió. Nicole haciendo honor a su trabajo se había alicatado inmaculadamente. Fueron mis guías del concierto. Siguen a Bad Gyal desde que empezó a componer canciones hacia 2016, más aún, desde que alcanzó la fama hacia 2020. Cantó temas de su nuevo disco La joia y otros temas conocidos: Mi loba, Sin Carnet, Bad Boy, 44, Flow 2000 o Enamorate. Letra y rimas rápidas y sonoras sobre sexualidad, amoríos o empoderamiento de mujeres.

Acompañada de cuatro bailarines, dos de cada género, vestidos de negro u oscuro, contrastaban con el plateado que deslumbraba en ella. Cuatro figuras naturales alrededor de la belleza prefabricada de Bad Gyal que se movía con desparpajo, soltura y facilidad por el escenario. Los cinco, con distintas combinaciones, se miran, se observan, se rozan, se tocan en extremidades u órganos genitales, se magrean, como se decía antes; se perrean, como se dice ahora, aunque la Real Academia de la Lengua ya cita “bailar perreo” como uno de los significados de perrear atribuido al reguetón. Y todos los fans ponen el grito al cielo cuando la cantante, entre paso firme o aspaviento de penetración sexual, levanta los flecos de la faldita y enseña el tanga plateado por la raja del maquillado culo. El culo no es solo tema de una canción, Perdió este culo, sino que es bandera de su forma de perrear, y es la parte favorita de su anatomía perrera, que la provee de seguridad. Consigue mover las nalgas como si fuesen independientes de las caderas: filigranas y acrobacias con los muslos y la cadera; perreo sensual como hace con dos cuerpos en paralelo, o perreo sexual con movimientos explícitos.

Carmen y Nicole es la primera vez que ven a Bad Gyal en Londres y, como la mayoría de los fans, están entusiasmadas en el concierto con cada canción, cada baile, cada gesto, cada morreo insinuado o ejecutado, o, como se decía antes, beso de tornillo en el escenario o cada alusión a lo que podría ser, pero no es, porque aquí hay todo tipo de sofisticación musical menos instrumentos musicales. Y después del concierto, algunos se trasladaron a la fiesta post concierto a La Pollera Colora Latin Club, la discoteca latina de moda en Londres y que queda muy cerca de London Bridge.

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