La importancia de la Monarquía Británica

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Hay tres cosas que uno no debe aventurarse a hacer en un pub si cruza unas palabras con un desconocido; la primera, criticar la cerveza que bebe, puesto que puede ser su marca predilecta. La segunda, reírse de algún equipo de fútbol, ya que quizás el susodicho sea un hooligan del mismo. Y la tercera, y sin duda la más importante, hablar mal de la monarquía, en especial de la reina Isabel II.

Hay que reconocer que a los foráneos nos resulta un tanto llamativa la admiración que se profesa a dicha entidad en este país. De forma sempiterna figura como una de las instituciones más valoradas, y cuenta con el apoyo de 8 de cada 10 británicos, con tan sólo un 13% partidario de su abolición, una tendencia que se ha mantenido constante desde hace décadas. Ahora bien, ¿cuáles son los motivos de su popularidad?

Embajadora, economía y simbolismo

Tal y como ocurre con la mayoría de monarquías actuales en el mundo, la casa Real del Reino Unido carece de funciones. Si bien es cierto que toda Ley aprobada por el Parlamento precisa ser refrendada con la firma de su Majestad, es inconcebible que hoy por hoy rechace algo procedente de esta institución. A pesar de que celebra encuentros constantes con el Primer Ministro y con los líderes de otros países, se da por hecho que sus miembros no deben de realizar declaraciones políticas y que su obligación es mantenerse siempre neutral.

Desde un punto de vista económico, la Casa Real Británica puede considerarse una marca en sí misma, hasta el punto que no son pocos los que de forma un tanto sarcástica la llaman “Buckingham S.A”. Estudios de varias consultoras la catalogan como una de las “empresas” más rentables para el país. Si bien su sostenimiento, con cargo al Presupuesto, ronda los 300 millones de libras (incluyendo el mantenimiento de bienes inmuebles, seguridad, etc), los ingresos generados por la misma se estiman en cerca de 1.700 millones anuales. Es tal su impacto sobre la economía del país que en aquellos años en que ha habido bodas reales, nacimientos y otros acontecimientos se cree que estos han llegado a mejorar las cifras del crecimiento del PIB por la mayor afluencia de turistas y el incremento del consumo.

Pero es quizás el simbolismo de la institución lo que la convierte a ojos de los británicos en una entidad imprescindible. Es la mezcla de extravagancia y clasismo que la Monarquía emana lo que de verdad enamora a los ciudadanos. En una sociedad tan pragmática en cuestiones económicas, la Corona puede ser considerada un reducto de diferenciación, algo tan propio de un país que adora ser diferente y se niega a tener una Constitución, adoptar el sistema métrico o cambiar el té por el café. Y es que aunque suene redundante, se podría parafrasear esa famosa cita sobre el fútbol y decir que la Monarquía Británica es, simplemente, valorada por ser la Monarquía Británica.

Sobre el autor

Economista y abogado de formación y profesión, y curioso por vocación. Un libro pegado a un hombre, llegó a Londres por ver qué hay detrás. Analítico, pero sencillo y (demasiado) despreocupado, jamás dirá que no a un café. Lleva más de un año tecleando para EL IBÉRICO, y lo que aún le queda.

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