Durante años mi sistema digestivo fue un problema. Creí ser intolerante… ¡a casi todo! Cada vez que visitaba al médico o al nutricionista eliminaban algún alimento, o me recetaban una nueva medicina. Cansada de sentirme mal, acudí al tratamiento holístico y en mi primera consulta me aconsejaron que tomara jugo de apio dos veces al día… ¿Solo eso? ¿Jugo de apio?

Aun escéptica, empecé a tomar el jugo y noté como mi digestión mejoró radicalmente. Todos los síntomas que había padecido por años ¡desaparecieron!; por lo que decidí investigar y descubrí que la gran mayoría de malestares tiene su raíz en la acidez y la inflamación. Mucho de lo que comemos actualmente, por su preparación y calidad, propician un ambiente ácido en el organismo lo cual daña las células y esto deviene en enfermedades (colon irritable, diabetes, hipertensión, migraña, cáncer, entre otras).

Así que los jugos -especialmente, los verdes- deberían formar parte de un régimen de vida saludable, pues actúan como alcalinizantes, contrarrestando la acidez e inflamación. Asimismo, son una forma eficaz y rápida de proporcionar nutrientes, nos ayudan a desintoxicarnos y a cuidar el peso. Además, nos brindan los siguientes beneficios:

• Aumentan los niveles de energía

• Fortalecen el sistema inmunológico

• Ayudan a controlar el apetito

• Proporcionan un descanso saludable al sistema digestivo

• Proveen los beneficios de frutas y vegetales que quizá no comeríamos crudos

Ahora bien, para obtener la mayor ganancia, lo ideal es hacer los jugos nosotros mismos. Los supermercados están repletos de opciones empacadas que duran en la alacena meses y ¡hasta años! Las frutas y vegetales solo duran frescos unos cuantos días, así que los jugos procesados están llenos de preservantes y aditivos para extender su vida comercial pero no aportan mayores beneficios nutricionales. Si no puede hacerlos en casa, opte por los jugos frescos que venden en tiendas de productos naturales, y prefiéralos orgánicos.

A la hora de preparar sus jugos, tome en cuenta lo siguiente:

• Idealmente, utilice un extractor de jugo, pero también puede licuar las frutas y vegetales -sin añadir agua- y luego colarlos.

• Incluya uno o dos jugos en su rutina alimenticia diaria. Tome uno en ayunas y otro a media tarde.

• Ingiéralos frescos. Las vitaminas y minerales se destruyen conforme se exponen al aire y la luz; así que bébalos al instante.

• No dependa solo del jugo. Aunque parece estar de moda bajar de peso con dietas líquidas, el sistema digestivo necesita trabajar y el organismo requiere de todos los grupos alimenticios para subsistir.

• Aventúrese a probar nuevos sabores. La próxima vez compre alguna fruta o vegetal que no haya probado antes y hágalo en jugo.

• No todos los jugos son iguales. Aunque los jugos de frutas son ricos en vitamina C, tienen un alto contenido de azúcares; por lo que es mejor consumirlos esporádicamente. Prefiera jugos de vegetales y hojas verdes.

Recuerde que su alimento puede ser su medicina; así que, use su creatividad, ¡sáquele el jugo a su comida y que comience la magia!

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