La misteriosa desaparición del faro de las Islas Flannan, en Escocia

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En las islas Hébridas exteriores, frente a la costa oeste de Escocia, hay un faro donde figuran las islas Flannan, un conjunto de siete islotes deshabitados que conforman uno de los espacios menos apacibles del mundo. Se caracterizan por tener un terreno muy accidentado, con acantilados muy pronunciados, donde en invierno se alcanzan temperaturas gélidas y azotadas por un continuo viento. Además, siempre han sido asociadas a brujas y kelpies, figuras malignas típicas del folclore escocés. Y todo esto no se consideraría más que superchería sino fuera porque en el año 1900 tuvo lugar una de las desapariciones más misteriosas de la historia. Un hecho trágico sobre el que todavía a día de hoy no se tiene pistas claras y que incluso ha servido de fuente de inspiración para películas y series.

La instalación de un faro

La zona mencionada ha sido siempre un lugar de nieblas frecuentas y con un fondo muy accidentado causante de multitud de naufragios e incidentes. Con el fin de evitarlo, la Northern Ligthouse Board decidió construir un faro, completado en diciembre de 1899. Fue dotado de todo tipo de servicios adicionales, como una zona de atraque o escaleras, y su luz era visible hasta una distancia de 30 kilómetros.

En esa época pensar en faros automatizados era casi ciencia ficción.  Por ello, se necesitaba contar con un pequeño equipo de personas que se encargaran de su funcionamiento y mantenimiento. Dado que las islas estaban deshabitadas, ya que ni siquiera los pocos pastores que las frecuentaban se atrevían a hacer noche allí, se tuvo que contratar a un equipo de hombres que se asentarían allí de forma rotatoria. Y es allí donde intervienen los protagonistas de este extraño suceso.

La llegada de los tres hombres 

El trabajo de mantenimiento del faro no revestía gran dificultad. Quizás el mayor inconveniente que presentaba era los largos períodos de aislamiento y soledad, que implicaba pasar semanas lejos de casa en un habitáculo de reducido tamaño sin muchas alternativas de ocio.

En diciembre, el trabajo de guarda del faro le correspondía a James Ducat, Thomas Marshall y Donald McArthur. Las alarmas saltaron el 15 de diciembre de 1900. Un barco a vapor, el Archtor, se percató que la luz de faro se encontraba apagada. Las condiciones del mar, con fuerte marejada y poca visibilidad, justificaban el encendido del mismo, por lo que el barco trató de entablar contacto con el personal de faro para solicitar su funcionamiento, algo que fue imposible. En los días posteriores se repitió la misma acción por otros mercantes. Ya el día 26 de diciembre, el barco de aprovisionamiento Hesperus logró aproximarse a la costa, disparando una bengala y haciendo sonar la bocina. De nuevo no se obtuvo respuesta.

Fue entonces cuando Joseph Moore, el cuarto farero que debía actuar de relevo, arrió un bote para dirigirse a la isla. Le extrañó que las cajas de provisiones anteriores estuvieran en el punto de descarga y que nadie se acercara a recibirlo. Y fue incluso más inquietante cuando entró en el faro. La puerta estaba cerrada desde dentro, con lo que tuvo que tirarla abajo tras no obtener contestación alguna. Dentro los relojes se habían parado al no darles cuerda, las cenizas estaban frías y la comida estaba servida sobre la mesa. Los fareros que debían custodiar el lugar se habían, simplemente, desvanecido.

Comienzan las investigaciones

Aterrado por lo que podía haber ocurrido, Moore no se atrevió a continuar la investigación por su cuenta. Decidió regresar al barco para explicar lo que había visto. Iba acompañado de cuatro hombres y comenzaron las pesquisas a fin de esclarecer lo que había sucedido.

No lograron dar con nada que pudiera proporcionar información relevante. Pero el sitio del atraque del oeste presentaba daños graves. Algunas cajas, situadas a más de 33 metros del mar, estaban rotas y su contenido esparcido, como si hubieran sido golpeadas con mucha violencia. Las barandillas de hierro forjado y los raíles se habían doblado o directamente arrancado, e incluso en la cima del acantilado, a más de 60 metros del nivel del mar, había puntos en que la vegetación parecía haber sido descepada. No se encontró ningún rastro humano ni nada que indicara que se hubiesen alejado del faro.

El cuaderno de anotaciones no mencionaba ningún acto reseñable. Incluso el día 15 se decía que las condiciones climatológicas habían permitido el apagado de las luces, algo que incluso añadía más confusión a la situación.

Especulación y conjeturas

Los periódicos británicos de la época, tan acostumbrados comolos actuales a divagar con todo tipo de teorías, sugirieron múltiples escenarios. Aquella que más cuajó fue la del homicidio por parte de uno de los guardianes. Presumiblemente se trataba de McArthur. Por su carácter más volátil, y afectado por la soledad, habría asesinado a sus compañeros para acto después, preso del remordimiento, suicidarse arrojándose al mar.

Otra teoría sugirió la presencia de una ola gigantesca. Un oleaje de centenares de metros, como jamás se había visto antes, que logró barrer la isla, provocando daños en el faro y arrastrando a los fareros a la muerte, ya que entonces se encontraban a la intemperie tratando de poner a salvo las instalaciones.

Y como no, no faltaron conclusiones mucho más fantasiosas. Una huida acordada por los fareros para comenzar una nueva vida, el asesinato de todos por parte de un gobierno extranjero como acto de sabotaje e incluso el recurso a la mitología gaélica, citándose la aparición de fantasmas e incluso el monstruo del lago Ness, que habrían castigado a sus moradores por haber osado instalarse en unas islas consideradas casi sagradas.

El faro tras el incidente

Tras el incidente los hombres fueron sustituidos por un nuevo equipo. Entre ellos figuraba Moore, el cuarto farero, que no pudo soportar la situación y enloqueció llegando a recibir tratamiento. El faro no volvió a experimentar accidentes reseñables en las siguientes décadas, y en 1971 fue automatizado, eliminando así la necesidad de contar con personal permanente.

Investigaciones posteriores, atendiendo a la especial orografía de la isla, acabaron por certificar como causa oficial de la desaparición que los fareros fueron arrastrados por una ola. Al parecer en el embarcadero oeste abundan los acantilados estrechos, llamados geos, en los que el agua puede rebotar y salir disparada con fuerza. Pero dado que las puertas estaban cerradas y que los cuerpos no fueron encontrados, la conclusión presenta ciertas lagunas que permiten continuar con todo tipo de especulaciones.

El incidente ha sido un recurso recurrente de la ficción, con referencias que van desde el Doctor Who hasta la reciente película The Vanishing protagonizada por Gerard Butler. Hoy en día puede visitarse este lugar, el cual a raíz de ese incidente quedará para siempre asociado al misterio y la mitología.

Sobre el autor

Economista y abogado de formación y profesión, y curioso por vocación. Un libro pegado a un hombre, llegó a Londres por ver qué hay detrás. Analítico, pero sencillo y (demasiado) despreocupado, jamás dirá que no a un café. Lleva más de un año tecleando para EL IBÉRICO, y lo que aún le queda.

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