La ONG española con sede en Londres que combate el “chemsex”, la mayor amenaza al LGBTQ+ desde el Sida

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Un grupo de voluntarios en Controlling Chemsex. / Imagen cedida por la ONG.

El madrileño Ignacio Labayen de Inza dirige Controlling Chemsex, una organización benéfica online con sede en Londres, cuyo objetivo es amainar los efectos del “chemsex” (drogas químicas -chemical- y sexo). Algunos resultados de esta fortuita combinación apuntan a la mayor desgracia que afecta al colectivo LGBTQ+ desde el impacto del SIDA en las décadas de 1980-1990. Aunque los afectados por “chemsex” no se contabilizan en la misma escala de muertes que alcanzó el sida, la amenaza se ha convertido en una tragedia en aumento, según pronostica Ignacio, de 54 años, rehabilitado. Lleva mucho tiempo limpio como llevó sus problemas, y adicciones, entre Madrid y Londres hace también mucho tiempo.

El rehabilitador, que empezó su trabajo con el NHS (el Sistema de Salud inglés), trata a centenares de pacientes a la semana por sobredosis, ataques psicóticos o enfermedades de transmisión sexual. Todo ello como consecuencia del “chemsex” en el que, a tenor de Ignacio, “no interviene solo el sexo y la droga, sino también la autoestima, el aislamiento y la soledad, homofobia interiorizada, ansiedad, timidez, deseo de intimidad o de sentirse querido. Desde una dimensión psicosexual, el ‘chemsex’ puede resolver problemas de eyaculación precoz, libido o sexo doloroso. Por eso, el abordaje no puede centrarse únicamente en las sustancias”. El terapeuta separa las sustancias químicas de la conocida viagra y sus derivados, nacidos para tratar la disfunción eréctil y convertidos en otra cosa.

En 2018, como indagación en lo que era un problema de salud pública, Labayen abrió un canal de información y consejos por medio de la aplicación Grindr, una de las utilizadas por practicantes de “chemsex”. La respuesta le abrumó: 13.000 personas le contactaron en un año; muchas encerradas en una prisión que ellas mismas se habían creado y de la que querían salir. El estudio derivó en la ONG Controlling Chemsex, formada por 50 profesionales y voluntarios. La ubicación de algunos de ellos convierte la organización en un eje anglo-hispano que ofrece sus servicios gratuitos y, como segunda lengua, el castellano, gracias al doctor Emilio Arbe, psiquiatra y miembro de la junta directiva; Martin Valero, terapeuta especializado en “chemsex”, residente en Barcelona, o David Pena Charlon, terapeuta psicosexual, que vive en Santander. Desde sus lugares tratan a los pacientes pasando por un Londres virtual.

Ignacio Labayen de Inza dirige Controlling Chemsex.

Ignacio aduce que “dependemos de aportaciones privadas con toda la burocracia que ello conlleva, lo cual me genera muchas horas de trabajo diario”. Y explica lo siguiente: “Las sustancias más usadas para fortalecer el sexo pueden ser las estimulantes, como la tina (metanfetamina o crystal meth) y la mefe (mefedrona) que generan euforia y desinhibición, y las depresoras, como el chorri (GHB/GBL), que aumentan la sensibilidad al tacto y al sexo”. Desde 2008, el terapeuta ha tratados miles de casos. Algunas de estas drogas se fabricaron con otras intenciones a principios del siglo XX. Entrados en el siglo XXI se aplicaron al sexo y afectan sobre todo a la comunidad LGBTQ+. “Lo positivo llevaba también lo negativo: adiciones, problemas económicos, legales, laborales, de salud sexual y mental, suicidios, sobredosis, vulnerabilidad a robos, asaltos o violaciones…”, relata el fundador de Controlling Chemsex.

Asegura Ignacio que, en Londres, con darle a la aplicación Grindr u otra similar, “localizas un encuentro ‘chemsex’ a diez minutos andando a cualquier hora del día; en España, son más de fin de semana”. A su parecer, Londres todavía ofrece el anonimato a españoles gay que optan por no ser vistos. “Los hay que se van de Albacete a Madrid para vivir su homosexualidad, otros prefieren la diversidad de Londres; aquí a los españoles nos resulta fácil la sociabilidad porque nos gustan las fiestas y el ocio, más que, por ejemplo, a los japoneses. Un signo de ello es que algunas empresas organizadoras de fiestas gay en el mundo son españolas, como We Party o SuperMartXé. Estos grandes encuentros con frecuencia derivan en reuniones menores ‘chemsex’ siguiendo un ritual establecido”, cuenta Ignacio, conocedor del voluble circuito del que habla.

Controlling Chemsex cuenta con un embajador de excepción: Matthew Mitcham, primer atleta olímpico abiertamente gay con una medalla de oro; hoy rehabilitado. En España no ha surgido ningún nombre destacado asociado al “chemsex”, pero para combatir sus excesos han brotado Apoyo Positivo en Madrid y Stop Sida en Barcelona. Una de las últimas iniciativas de Controlling Chemsex es un curso de ocho sesiones durante ocho sábados (global chemsex toolbox o caja de herramientas global para “chemsex”) con coordinación horaria entre Europa y EE.UU. en el que participan casi 500 personas. “Hay participantes de Australia o India con los que no contábamos por razón de horario, no obstante, ahí están”, apostilla el fundador de Controlling Chemsex, quien reconoce que “el éxito del curso se debe, en parte, a que es anónimo, puesto que cuando tienen que identificarse, algunos se retiran, una muestra del miedo o vergüenza que todavía persiste en el colectivo”.

Como si de una premonición se tratase, la serie de televisión estadounidense Breaking Bad alcanzó gran éxito en 2008. Trataba de un profesor y científico con cáncer terminal que fabricaba tina para proveer a su familia, y la vendía a través de traficantes en el circuito comercial ilícito y violento.

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