La SSRF, los «Malditos Bastardos» de Winston Churchill

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Mirando hacia el pasado, podremos ver cómo en los tiempos coloniales los corsarios británicos actuaban como marinos libres. Cumplían con el código no escrito que regía la vida en alta mar y gozaban de total libertad para sabotear el tráfico mercante de las naciones enemigas. En el plano de la ficción, todo el mundo conoce a James Bond. Un espía que sólo rinde cuentas ante su Majestad y que goza de “licencia para matar”. Y entre casos pasados y otros de carácter literario y cinematográfico, podemos encontrar uno real y más cercano en el tiempo. El de un comando secreto que actuó durante la Segunda Guerra Mundial. La Small Scale Raiding Force -SSRF-, también conocida como No. 62 Commando, dañaba al enemigo con tácticas de combate poco comunes.

Winstons Churchill y las SSRF durante la Segunda Guerra Mundial

Corría el año 1940 y el devenir de la Gran Guerra no iba bien para el Reino Unido. Acorralados y sin apoyos, sólo cabía defenderse y prepararse para los bombardeos de la aviación alemana. Así que no había un mejor momento para hacer válido el dicho de que “ante situaciones desesperadas, sólo caben medidas desesperadas. Si en la lucha de ejército contra ejército la victoria era clara para las tropas hitlerianas, quizás había llegado el momento de probar con otro tipo de tácticas que incluyesen la participación de tropas irregulares con métodos alternativos. Y bajo la orden del premier británico Winston Churchill de “incendiar Europa”, se creó esta unidad de combate destinada a derribar al enemigo con tácticas inusuales.

La SSRFnació en julio de 1940, quedando bajo el mando del joven aristócrata danés Anders Lassen. Conocido por todos como Andy, rápidamente se ganó el aprecio de sus subordinados, y disfrutaba de un bombardeo o una fiesta por igual. Unos 2.000 hombres se prestarían voluntarios ese mismo otoño para integrar dicha unidad, en la que la que tropas y secciones eran divididas en grupos de 75 y 15 efectivos. Después de un rápido entrenamiento en Escocia, los integrantes se desplegaron en el campo de batalla, distribuyéndose por las islas del Canal, África y diversos países en Europa al objeto de llevar ataques poco convencionales.

SSFR, bebedores y fuera de control

Como en la famosa película de Quentin Tarantino, la SSRF se caracterizó por un sanguinario método de lucha que no tan sólo exasperaba a los nazis, sino a numerosos altos cargos del ejército británico que los consideraban poco más que carniceros. Se dice que eran conocidas dentro del Reino Unido como Ministry of Ungentlemanly Warfare (algo así como “Ministerio de la Guerra poco gentil”). Una definición un tanto hipócrita, ya que, aunque era despreciada por los altos cargos castrenses, se la llegó a considerar como una herramienta imprescindible para romper el frente alemán y de gran utilidad para mermar la moral de las tropas hitlerianas. Se trataba de una especie de equipo destinado a hacer el trabajo sucio de los soldados.

Una de tácticas que dejaba más desconcertados a los enemigos era el uso de arcos y flechas por dicha unidad. Dado que en muchas ocasiones ejecutaban actos de sabotaje con incursiones rápidas, se evitaba el uso de ametralladoras u otras armas a fin de evitar llamar la atención de tropas circundantes. Sus integrantes no dudaban tampoco en vestir ropas de soldados alemanes a fin de poder tender emboscadas y valerse del efecto sorpresa. Hasta el mismo Anders Lassen tenía por costumbre dar órdenes a sus tropas en alemán para confundir al enemigo.

Pero no sólo eran las peculiares técnicas de combate lo que irritaba a los altos mandos, sino el poco rigor al informar sobre ellas. El propio Andy solía firmar los partes con un mensaje breve e irreverente: Landed. Killed Germans. Fucked off”. A todo ello había que añadir la pasión por la fiesta y el alcohol.  Con el paso de los meses se hizo notorio que el lugar más fácil de encontrar a cualquier miembro de la SSRF era el pub más cercano.

Churchill y la operación más popular

Muchas de las operaciones en las que participó dicha unidad son tan secretas que ni siquiera hay constancia de ellas o  no se han desclasificado. A eso tampoco ayudó el carácter poco descriptivo de sus oficiales y la elevada mortalidad entre sus integrantes. El balance se podría definir como ambivalente. Con algunas operaciones de éxito y otras tantas de derrotas absolutas, entre estas últimas resaltaba la operación Aquatint en la costa de Normandía, donde murieron todos sus participantes.

No obstante, la operación que les catapultó a la fama fue la llamada Postmaster. Esta fue ejecutada en la colonia española de Fernando Poo, actualmente llamadaBioko. En dicha isla estaban anclados varios barcos alemanes e italianos. Dado que España fue durante la II Guerra Mundial un país neutral, Churchill no quería tomar el riesgo de llevar a cabo una operación en dicho territorio que pudiera suponer una declaración de guerra. Pero la SSRF tuvo una idea. Se desplazaron a la zona decorando un pequeño buque de guerra británico como si fuera un crucero de vacaciones sueco. Aprovechando la celebración de una cena multitudinaria, amarraron en dicha isla ofreciendo un pequeño tour a las tropas del Eje. Y estas, que estaban demasiado embriagadas como para sospechar terminaron cayendo en el engaño. Una vez allí dentro fueron desplazados hasta Nigeria, territorio por entonces británico, donde se les ejecutó o arrestó. Según todos los implicados, incluso sus propios autores, fue un acto de piratería vil. Sin embargo, le sirvió al Reino Unido para eludir cualquier responsabilidad, debilitar la presencia alemana e italiana en África y evitar un enfrentamiento con España.

Últimos coletazos de las SSRF

Progresivamente la unidad de combate especial fue desvaneciéndose. Fue en 1943 cuando se firmó oficialmente su disolución. La muerte de gran parte de sus componentes, incluido el propio Andy, supuso una desaparición casi por capítulos. Asimismo, el cambio del escenario de combate, donde ya no era tan necesario mantener una “guerra de guerrillas” por mantener frentes más abiertos, los hizo innecesarios. Quizá nunca se sepa sobre gran parte de sus actividades. Y es que la frase más acertada para describirlos sería la realizada por un oficial alemán que se enfrentó a ellos: “Vienen como gatos, y desaparecen como fantasmas”.   

Sobre el autor

Economista y abogado de formación y profesión, y curioso por vocación. Un libro pegado a un hombre, llegó a Londres por ver qué hay detrás. Analítico, pero sencillo y (demasiado) despreocupado, jamás dirá que no a un café. Lleva más de un año tecleando para EL IBÉRICO, y lo que aún le queda.

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