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La Tate recupera al pintor romántico menos reconocido

John Martin/ Alpheus and Arethusa, 1832. John Martin/ Destruction of Sodom and Gomorrah, 1852.

El arte de John Martin fue desechado por muchos críticos del siglo XX porque parecía representar el mal gusto victoriano

 La Tate Britain ha inaugurado recientemente la retrospectiva del artista romántico Jonh Martin (1789-1854), coetáneo de los celebrados Blake y Turner, artistas más sofisticados y complejos, que siempre han acaparado la atención de los expertos. A pesar de que fue muy popular en su época, Martin fue menospreciado por el arte oficial y objeto de críticas muy hostiles por parte de la prensa especializada. Durante largo tiempo su arte se vio relegado e incluso desechado, para muchos de los críticos del siglo XX parecía representar lo peor del mal gusto victoriano, estridente, grandilocuente, obvio y superficial.

Ahora, siguiendo con su tradición de creación de significados y construcción de discursos educativos de todo lo británico, la Tate reinventa a John Martin destacando su poder de acercamiento a una audiencia masiva del arte, y lo presenta como el pintor del gran público. Su obra, de gran impacto visual, estableció su reputación como pintor de lo sublime. Esta muestra lo reconoce como inspirador de varias generaciones de cineastas, como D.W Griffith, Cecil B. de Mille ó George Lucas, influenciados por su tratamiento de los grandes espacios naturales y perspectivas arquitectónicas.

Corrían las últimas décadas del Siglo de la Luces y soplaban vientos de cambio. El triunfo de los cánones racionalistas del XVIII, impuso la razón como única forma de alcanzar verdades universales, la geometría representaba el ideal de todas las ciencias, incluida la filosofía. En las artes también imperaba el academicismo, con el deseo de recuperar las huellas del pasado, el neoclasicismo adoptaría los valores estéticos greco-romanos regidos por estrictos principios de simetría y monumentalidad. Las guerras que azotan Europa y la crisis interna de los sistemas del antiguo régimen provocan la pérdida de fe en la razón y va floreciendo una nueva sensibilidad. Como rebelión a lo establecido, surgió el Romanticismo, un movimiento cultural y político originado en Reino Unido y Alemania, desde donde se extendió a otros países. Su ideología fue una reacción a la imposición de los estereotipos racionales y se caracterizó por conceder un valor primordial al sentimiento, la exaltación de las pasiones, la intuición y la libertad imaginativa del individuo. Por primera vez, los pintores no trabajaban por encargo, sino conforme a los dictados de su imaginación. Frente a la simplicidad y la sosegada grandeza clasicista, los románticos creían que el arte debía sustentar emociones. Los grandes temas de la nueva época oscilaban desde las revoluciones políticas, guerras, desastres, temas religiosos y mitológicos, lo exótico y lo fantástico.

La imaginación de los artistas románticos se sintió atraída por el paisaje y la naturaleza, utilizadas como recurso para transmitir los estados de ánimo.

La obra pictórica de Jonh Martin se enmarca en este periodo. A pesar de que nunca logró su ingreso en la Academia, fue acusado de buscar el éxito fácil con composiciones repetitivas y sensacionalistas. Su pintura gozó de gran popularidad entre el publico menos versado, ávido de imágenes grandilocuentes y de desastres apocalípticos. El gran efecto óptico de sus lienzos, dieron a Martin una merecida reputación de pintor de lo sublime, una categoría estética que consistía fundamentalmente en la representación de una belleza extrema, capaz de llevar al espectador a un éxtasis mas allá de la racionalidad o incluso provocar dolor por ser difícilmente asimilable.

En The Fall of Babylon (1819), un enorme lienzo de su primera época donde interpreta la escena bíblica de la caída de Babilonia, ya se observa una declaración de intenciones de lo que se sería su producción posterior. Los macro escenarios y las irreales perspectivas arquitectónicas donde sitúa sus minúsculos personajes, buscaban la impresión espectacular y apocalíptica tan del gusto popular de la época y que durante mucho tiempo ha servido de inspiración a cineastas, video-artistas o dibujantes de cómic.

Tal es el caso del Alpheus and Arethusa (1832), un escenario idílico para una leyenda de la mitología clásica del que bien podía salir Frodo, el hobbit protagonista de El Señor de los Anillos. Su exaltación de la naturaleza como escenario de fuerzas superiores, prevalece aquí sobre cualquier otra consideración. Martin corona la cima de la pintura dramática de efectos especiales con su Destruction of Sodom and Gomorrah (1852), donde destaca una vez más el poder ejercido por el medio sobre los hombres, mediante huracanes, tempestades, incendios, terremotos o rayos justicieros.

En suma, esta exposición propone una nueva lectura del artista inglés que supo popularizar lo espectacular y adelantarse a los gustos visuales del mundo contemporáneo.

Hasta el 15 de enero de 2012
Apocalypse
John Martin
Tate Britain
Millbank
SW1P 4RG

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