La vida de un ‘city boy’ merece hábitos más saludables

La City de Londres ofrece una gran variedad de comida rápida a la hora del almuerzo
Es la una en punto de la tarde. La calle Bishopgate Street, en el centro financiero de Londres, está inundada de oficinistas que han salido a comprar sus almuerzos. En este lugar las opciones no escasean, estamos en el imperio de la comida rápida: sushi, sándwiches, sopas, hamburguesas, kebabs, pollo frito, pizza, burritos…solo por mencionar algunos, son parte de la oferta diaria de productos takeaway para las 300.000 personas que trabajan dentro del perímetro de la city londinense cada día de lunes a viernes. Estamos hablando del centro neurálgico financiero de una ciudad cuyos habitantes son entre semana, en su mayoría, oficinistas y particularmente banqueros. «De 12:00 a 14:00 horas la cola de gente es continua», cuenta el italiano Giovanni, quien trabaja en uno de estos locales de comida exprés justo en frente a la estación de Liverpool Street. «Además este tipo de clientes quieren ser atendidos rápidamente, no aguantan mucho la espera porque tienen que volver de nuevo al trabajo», añade.

Esta raza de hombres y mujeres trajeados es muy particular. «Hay un cliente que viene todos los días. Tenemos un programa de lealtad que consiste en llevarse un producto gratis a la décima vez que nos visitas». Por otra parte, Giovanni no entiende por qué muchos de sus clientes le pagan sin mirarle a la cara y tendiéndole un billete con desprecio. «No cuesta nada ser un poco más amigable, yo estoy haciendo mi trabajo pero ambos, el cliente y yo, somos personas humanas y nos gusta recibir un buen trato». Alguna vez se ha equivocado al dar el cambio y algún cliente, según él «con pinta de ricachón», ha vuelto indignadísimo a reclamar sus cuatro céntimos que le correspondían.

Trabajar en una de las oficinas de la city no parece un trabajo fácil. A los ojos del resto de la gente estos oficinistas parecen personas estresadas y con poco tiempo libre y aún menos vida social. Al parecer no es del todo cierto pero tampoco nos equivocamos. Pierre, quien trabaja en la London branch boutique de una empresa Americana cerca de Moorgate nos cuenta: «Yo no me siento estresado a pesar de que mi trabajo requiere un intenso esfuerzo mental. A veces al final del día estoy agotado pero algunos son apasionantes». Además, aparentemente las horas de trabajo en estas oficinas de la city son mejores que las que corresponderían a Nueva York o Hong Kong y la media de días libres es mayor, de aproximadamente 25 días al año, en comparación con las dos semanas que se ofrecen en estas otras dos ciudades.

A Pierre le gusta su trabajo pero a veces le es difícil compaginarlo con su vida social. «Me levanto muy pronto por la mañana y al final del día me encuentro muy cansado así que es bastante difícil quedar con gente entre semana». A pesar de eso, alguna cena con los compañeros de trabajo o una cerveza en el pub están permitidas. Pierre no espera filas a la hora de la comida en ningún negocio como en el que trabaja Giovanni porque su empresa trae todos los días comida de restaurantes a la oficina. «La comida es buenísima y gratis y a veces termino comiendo más de lo que debería, veo que estoy engordando». La vida sedentaria de oficina es bastante perjudicial ya que se pasan muchas horas en frente de pantallas de ordenador, y otras tantas sentados. A veces se puede ver a gente que llega a la oficina haciendo footing o en bicicleta y es que es el único momento del día que tienen para hacer algo de ejercicio. Pierre cuenta que en su empresa tienen un gimnasio al que todos los empleados tienen acceso gratuito pero como él mismo confiesa: «Trabajo muchas horas seguidas y termino sin ganas de utilizarlo, estoy cansado».

De todos modos el comportamiento de esta especie no se puede generalizar, en la city existen muchas razas diferentes de oficinistas. Ha llegado la hora de que todos los que tenemos un trabajo sedentario nos preguntemos qué nuevos hábitos deberíamos adquirir para tener un estilo de vida más saludable, tanto físico como psíquico. No nos cuesta nada cocinar algo en casa y llevarlo a la oficina, tener en la mesa una bolsa de frutos secos en lugar de una tableta de chocolate y dar un paseo de treinta minutos una vez al día. A igual que tampoco nos cuesta ser menos arrogantes y más amables con dependientes como Giovanni. En España aún tenemos la suerte de tener los famosos menús del día por el módico precio de unos 10 euros, con pan y vino incluidos. Media hora bien merecida de descanso para comer bien y apartarse de las preocupaciones del trabajo. Comer delante del ordenador en el escritorio donde uno se pasa ocho horas al día nunca fue una buena idea.

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