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La vida no se mide en años

La entrada de un nuevo año siempre nos hace reflexionar, hacemos balance de lo que hicimos, lo que quisimos cumplir y nunca llegamos a alcanzar, e incluso las cosas que no fueron tan bien como esperamos.

¿Por qué contar la vida en años?

Hay gente con 60 años que no ha vivido ni la mitad que mucha gente de 25. Podríamos decir que no tiene ningún sentido seguir contando la vida en años. A mí me pesan más los suspiros que he dejado escapar, los besos que he llegado a robar y las veces que mi piel se ha erizado de la emoción.

Cuando unos meses cuentan como años

Este último año lo cuento como unas de las épocas más intensas. Han sido como cinco años de tiempo terrestre, “at least”…Y es que:

Me he despedido de todo mi mundo para entrar en otro completamente extraño, he abrazado y he llorado despidiéndome. He alojado mariposas en mi estomago. He sentido vértigo la primera vez que llegué a Liverpool Street station, donde, con mi ritmo andaluz relajado, me he visto envuelta por una película a cámara rápida de multiculturalidad y prisas. Y me sigo asombrando al pasar por ahí ahora y sentirme parte de esa marea de caras, nacionalidades y todo-para-ayer.

He entrado en pánico cada vez que sonaba el teléfono y una voz en inglés hablaba al otro lado, me he visto envuelta en muchas situaciones surrealistas por el idioma. He hablado con extraños en el metro y he creado una nueva familia en una casa que no era la mía. Me he cruzado con gente increíble y otros que ni te lo creerías. He alucinado con tanto verdor, he acariciado ardillas y he sentido las patitas de las mariposas al posarse en mi cuerpo.

He llorado mientras caminaba por los museos, me he emocionado con una violinista en una esquina cualquiera y me he sobrecogido ante la filarmónica de Londres. He respirado el olor a libro nuevo y también a libro muy antiguo. He crecido, he indagado, la infinita curiosidad ha sido mi eterna compañera. He bebido cerveza caliente, sin espuma y una sidra de frutas delicios

He amado, me han amado, me han roto el corazón y yo también he dañado. He notado el calor tibio y el latir del corazón de otros cuerpos. Me han besado bajo la lluvia. Me he perdido en ojos de infinita ternura y he notado en mi piel el escozor de unas uñas que arañan. Me he dejado abrazar por el caos mientras el raciocinio bregaba por tomar el control. He cerrado los ojos, me he dejado querer y he sentido que pertenecía a este lugar.

Y todo ello sin dejar de respirar ni un solo segundo, notando en mis fosas nasales los aromas de la primavera, el aire templado y también el frío que se clava como escarpias. He celebrado con vino caliente, pavo y “mince pie”. Los polvorones y la sidra “el gaitero” los dejaré para otra ocasión.

Ha sido un año inolvidable, sin duda alguna.

Mientras tanto solo le pido a este nuevo año que venga cargado de más sensaciones exquisitas ¿Y tú? ¿Qué has sentido este año?

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