Los barberos antiguamente también ejercían de cirujanos y dentistas.Los salones de belleza masculinos han vuelto a ser populares, si es que alguna vez dejaron de serlo, y aunque no se necesita licencia para ser barbero, estos hábiles artesanos del cabello mantienen el estándar de la profesión bien alto

En términos de belleza y tratamientos de estética siempre se ha puesto a la mujer por delante: manicura y pedicura, cirugía, depilación, cremas… Sin embargo, en los últimos años, el mercado ha comenzado a centrarse también en el casi olvidado sector masculino. El dato fue revelado hace unas semanas por la publicación de The Economist, y es que cerca del 10% de los cerca de 35.000 salones de belleza en el Reino Unido, dedicados al cuidado y acicalamiento de la cabellera, son barberías. El número de este tipo de establecimientos ha incrementado más del doble desde el pasado 2001, y solamente en los últimos tres años se ha registrado un aumento del 32%.

 

Al contrario de las barberías, las peluquerías dedicadas al cuidado del pelo de las mujeres no están viviendo este boom, ya que las primeras están expandiéndose a una velocidad de más del doble en relación a los locales dedicados a la belleza femenina. Las razones, aunque inciertas, podrían ser varias; tal vez ahora los hombres se dedican más a cuidarse, o tal vez se trate simplemente de un negocio del que se puede sacar muchos beneficios por la sencilla razón de que en Gran Bretaña, a diferencia de América o el resto de Europa, los barberos no necesitan ninguna licencia.

Algunos barberos de gran reputación están preocupados por la falta de exigencias para poseer un permiso obligatorio para desempeñar su labor profesional. Éstos aseguran que, si ese reglamento existiera, se podría velar por mantener los altos estándares de la profesión, y así evitar que cualquiera que no estuviera propiamente cualificado pueda manchar el nombre de la profesión. Sin embargo, parecer ser que los barberos lo están haciendo bien, dejando su reputación impecable en ausencia de tal regulación. Por su parte, el Gobierno ha mostrado la voluntad de introducir este permiso, aunque de momento no se ha planteado nada más al respecto.

El papel del barbero de hoy en día poco tiene que ver con el de sus inicios hace años. Estos profesionales del cabello solían, a parte de cortar el pelo, ejercer de cirujanos y dentistas. Muchos de los clientes que acudían a una barbería lo hacían también para realizarse ‘sangrías’, ya que en esos tiempos eliminar sangre del cuerpo era considerado un acto de purificación para devolver salud al cuerpo. Es esta práctica la que da sentido al símbolo con el que se identifican de manera mundial las clásicas barberías; el famoso poste adornado con rayas rojas y blancas, unos colores que supuestamente hacen referencia a los vendajes llenos de sangre utilizados en las intervenciones. Eso sí, de un modo muy poco romántico.

Los curiosos pueden visitar la barbería más antigua del mundo cerca de la parada de metro de Green Park. Se su nombre es Truefitt & Hill, y aunque no realiza ese tipo de ‘sangrías’, aún sigue prestando servicio a su clientela masculina.

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