El popular referéndum de Escocia ha centrado la atención del mundo entero. Sin embargo, no es tampoco la primera vez que se celebra una consulta de esta naturaleza en el Reino Unido:

1. Australia Occidental, 1933: Hasta la Primera Guerra Mundial Australia ni siquiera era considerada una nación, sino una confederación que agrupaba varios estados tutelada por el Reino Unido. Australia Occidental fue la última colonia que se unió a la federación. Es una región rica en bienes materiales, con una renta per cápita superior a la media pero dónde el gasto estatal siempre ha sido inferior al de otras regiones.

En 1930, el líder político Sir James Mitchell encabezó una plataforma para la secesión. 3 años después de su nombramiento, fue el encargado de celebrar una consulta donde se preguntaba si Australia Occidental debía retirarse de la Mancomunidad (Commonwealth). Más de un 66% por cierto de los ciudadanos votaron a favor de la ruptura, pero en esa ocasión el Parlamento Británico declaró ilegal la declaración, por proceder ésta de un estado individual y no de la propia Mancomunidad, y su resultado quedó anulado. A día de hoy aún existe un movimiento nacionalista en dicho país, pero en el práctica el engranaje legal impediría la secesión de dicho territorio.

2. Malta, 1964: La isla mediterránea está de celebración estos días, ya que hace 50 años se declaró independiente del Reino Unido. Malta fue incorporada al Imperio Británico en 1814 a través del Tratado de París. En 1964 se celebró una consulta cuyo resultado fue muy ajustado, ya que menos del 55% de los ciudadanos optaron por la secesión. Sin embargo, las tropas británicas siguieron instaladas en el país hasta 1979, y su salida se realizó sin cumplir el pago de una tasa requerida por el gobierno maltés.

3. Rodesia, 1964: Una consulta realizada siguiendo el proceso de descolonización de la década de los 60. En este caso el resultado fue abrumador, ya que el 90,51% de los ciudadanos apoyó su constitución como país independiente. El país se sumió en una guerra de guerrillas donde la minoría blanca, que ocupaba los cargos administrativos y de gobierno, se enfrentó a varias agrupaciones nacionalistas que a su vez mantenían una lucha entre ellas. No fue hasta 1979 cuando el Reino Unido reconoció la validez de dicho resultado, y tan sólo un año después el país pasó a ser aceptado internacionalmente cambiando su nombre por el de Zimbabue.

4. Bermuda, 1995: La unión de los Parlamentos de Escocia e Inglaterra en 1707 convirtieron al territorio de ultramar de Bermuda en una colonia, pese a que con anterioridad ya era administrada por la Corona Británica. En el año 1995 un 75% de los ciudadanos se opusieron a la constitución de dicho archipiélago como territorio independiente. A día de hoy goza de un estatuto especial bajo la tutela del Reino Unido y es uno de los 17 territorios bajo la supervisión del Comité de Descolonización.

Recientemente ha habido otro tipo de consultas amparadas por Gran Bretaña. Pese a que no son referéndums de autodeterminación, las consultas realizadas en Gibraltar en 2002 y las Malvinas en 2013 afectaban a la capacidad de autogobierno de dichos territorios, puesto que se preguntaba sobre la posibilidad de establecer regímenes de cosoberanía. En ambos casos dicha opción de rechazó y los partidarios de seguir con el régimen establecido contaron con el 99% de apoyo.

¿Consultas en el futuro?

En principio, no parece probable. Por un lado Escocia puede marcar un punto de inflexión en la postura de los británicos ante este este tipo de referéndums. Lo ajustado del resultado indica que este tipo de procesos son poco predecibles, y lo demuestra el hecho de que el movimiento rupturista haya crecido más de 20 puntos en tan sólo dos años. En el caso escocés se teme que el asunto puede desarrollarse al estilo de Quebec, y que tanto la presión de su nueva líder como de distintos movimientos sociales cercanos al entorno del SNP reabra el debate soberanista en una cuestión que dista de ser zanjada y que puede desestabilizar sempiternamente dicho territorio.

Menos probable parece la celebración de una consulta en Gales. En los últimos días y aprovechando el precedente en Escocia, Leanne Wood, líder del partido nacionalista Plaid Cymru, ha reclamado nuevas transferencias así como la celebración de una consulta a medio plazo. Pese a que el nacionalismo galés es anterior en el tiempo al de Escocia, su techo natural es menor, y a día de hoy tan sólo uno de cada cinco galeses apoya o vota a movimientos secesionistas.

El caso de Irlanda del Norte las tensiones religiosas harían inviable cualquier consulta. El conflicto en dicho país entre católicos y protestantes se mantiene latente, si bien con frecuencia se producen enfrentamientos en fechas señaladas.  La postura de Gran Bretaña ha sido siempre muy firme, llegando a anular la autonomía de dicho territorio en numerosas ocasiones. Pese al crecimiento del Sinn Féin y la declaración de un proceso de paz, el historial de violencia legitimaría al gobierno británico impedir la celebración de cualquier  consulta soberanista.

Por último, y a título anecdótico, recalcar que tan sólo unos días después de la consulta escocesa la empresa Survation realizó una consulta sobre la posibilidad de que Londres se constituyera como ciudad-estado independiente. El resultado fue sorpresivo, ya que si bien el conjunto de la población apoyaba abrumadoramente la continuidad, en el caso del grupo de población de entre 25 y 34 años casi la mitad de los entrevistados declararon que podrían apoyar el SI. Puestos a dividir, ¿quién pone el límite?

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