Lincolnshire Poacher, la radio espía de Reino Unido

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Música. 1,4,8,5,7, pausa, melodía. 1,0,2,9,3, fin de la transmisión, de nuevo la canción. Eres un radioaficionado. Y quizás, estabas a la búsqueda de una emisora para informarte sobre la actualidad. O alguna donde se pudiera escuchar música. Y lo que terminas oyendo es una música repetitiva. Una canción que se repite sin parar y que sólo se entrecorta para dar una serie de dígitos o palabras. Sin darte cuenta has topado con una “emisora de números”, algo que sus promotores dirán que no existe, pero que es capaz de proporcionar información esencial para sus receptores. Estás ante una radio espía.

El origen de la radio espía

Debido a la necesidad de mantener la discreción, resulta complicado determinar cuáles son las primeras emisoras en operar bajo esta modalidad. La mejora de las retransmisiones y la necesidad de comunicación siguiendo criterios de opacidad hizo que ya en la Primera Guerra Mundial comenzaran a usarse por todos los contendientes, habiendo un repunte en su uso por las mismas razones años después en la Segunda Guerra Mundial.

Básicamente, consiste en emisoras de las que no se sabe nada, ni desde dónde emiten, ni quien opera tras ellas, y ni siquiera para quién o qué objetivo. El sentido común nos lleva a pensar que se utilizan como medios de difusión de mensajes encriptados. Son los receptores, con los códigos adecuados, los que pueden descifrarlos. Son tremendamente económicas, ya que ni siquiera cuentan con personal. Se utilizan voces pregrabadas, generalmente femeninas. Tienen un alcance enorme ya que pueden ser sintonizadas en muchos lugares. Y además, resultan sumamente seguras. Esto se debe a que los mensajes facilitados son tan crípticos que resultan incomprensibles para quién sea que da con ellas.

Este tipo de radios acaban siendo reconocidas por algo en particular: una música o palabra que se repite con frecuencia. De este modo, existe la emisora “Atención”, conocida por repetir esa palabra antes de cada mensaje y que se cree sirve de plataforma de información a la resistencia anticastrista en Cuba. También esta la conocida como “Rapsodia Sueca”, en la que se escucha la tenebrosa voz de una niña recitando mensajes. Y por último, la radio británica más famosa de todas, la conocida como Lincolnshire Poacher.

La emisora del “cazador furtivo”

Esta radio de números no es, ni mucho menos, la única dentro del mundo anglosajón, pero sí la más conocida. Entró en funcionamiento en algún momento a mitad de la década de los 70. Se mantuvo emitiendo hasta una fecha tan reciente como junio de 2008. En su momento fue una más del boom de radios que surgieron durante los momentos de mayor tensión en ese período de décadas conocido como Guerra Fría.

A pesar de que jamás se ha confirmado, algunos rastreos de la señal por parte de especialistas han llevado a establecer la base operativa de la misma en Chipre, concretamente en la zona de Akrotiri, en un lugar muy cercano a donde está ubicada una base de la Royal Air Force, con lo que siempre se ha especulado con que el MI6, el Servicio de Inteligencia Exterior del Reino Unido, era quién estaba bajo su operativa.  

La Lincolnshire Poacher fue una radio que adquirió su nombre por la emisión continua de la canción folk del mismo nombre, melodía que se veía interrumpida para dictar grupos de 4 o 5 números por una voz femenina, algo que podía hacerse varias veces al día sin seguir un patrón de tiempo específico.

¿El final de la emisora?

Sin motivo aparente, la radio dejó de estar operativa en junio de 2008. Pero se especula con que esto no supuso una interrupción de su servicio.

En 2013, un medio digital llamado The Daily Dot dijo haber localizado un teléfono que desde entonces operaba supliendo la función realizada anteriormente por la radio. Aparentemente, el número +44 1252 230 607, en la actualidad bloqueado, estuvo durante años emitiendo códigos numéricos similares a los utilizados antes por la radio. Si Lincolnshire Poacher sigue operando hoy día desde otra emisora no detectada o un número alternativo es algo que desconocemos. Ocurre lo mismo con prácticamente, la totalidad de lo que se mueve en este inquietante mundo de las radios numéricas.

Sobre el autor

Economista y abogado de formación y profesión, y curioso por vocación. Un libro pegado a un hombre, llegó a Londres por ver qué hay detrás. Analítico, pero sencillo y (demasiado) despreocupado, jamás dirá que no a un café. Lleva más de un año tecleando para EL IBÉRICO, y lo que aún le queda.

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