‘La Casa de Bernarda Alba’ revive a Lorca en Londres

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Suenan campanas parroquiales. Ya se siente la tensión y el drama y aún no ha empezado la acción. El hielo lo rompe Poncia, la “perra obediente” que lleva sirviendo en casa de Bernarda Alba durante décadas. Ella y la otra criada sientan las bases jerárquicas de la familia nada más empezar. Al poco, la casa se inunda de oscuridad. Bernarda aparece con su prole de flores marchitas, como un ejército fantasmal dominado por el color negro. La jerarca de la familia ha enviudado por segunda vez e impone en su casa ocho años de luto.

El Teatro Cervantes consigue transportarnos, desde Londres, a la España profunda y ultracatólica de primera mitad de siglo XX. Esto lo hace posible una conjunción de factores ensamblados con esmero. Y es que se hace evidente al ver esta representación de ‘La Casa de Bernarda Alba, dirigida por Jorge de Juan, el gran trabajo que hay detrás del apasionante espectáculo. El montaje de la obra maestra de Lorca desborda raudales de pasión en sus interpretaciones. Todas femeninas.

La tragedia española, y en castellano (también se representa en inglés), consigue encoger el corazón de los asistentes durante las casi dos horas de función. El íntimo auditorio y escuetamente decorado, permite que el espectador se sumerja de lleno en la acción. La atmósfera es de lo más envolvente y, cual estadio inglés de fútbol, parece que tocas al elenco en sus idas y venidas. Sientes su dolor, comprendes sus temores y vives su prisión interna, que se retroalimenta con la externa.

La acción se desarrolla dentro de los muros de la casa, de los cuales nada ni nadie puede salir. Bernarda ordena, el resto obedece. El orden jerárquico es uno de los elementos que sobrevuela toda la obra. El sexo masculino, cada vez que es mencionado, estremece el volcán inactivo que reprime a todas las hijas de Bernarda. El contexto en el que se desarrolla la historia se entiende en estas reacciones; de unas chicas reprimidas en muchos aspectos, sobre todo sexualmente. Los dictados puritanos de la época unidos a una madre inquisidora forman un peligroso cóctel.

La madre de Bernarda, un haz de luz en la obra del Teatro Cervantes

Otro aspecto clave que desprende la obra es la juventud como fuerza arrolladora de toda autoridad y capaz de romper cadenas. Los (escasos) momentos divertidos de la función quedan prácticamente reservados para la madre de Bernarda. Contrasta su vestimenta blanca con el negro dominante. No es casualidad que la “tirana” la mantenga marginada y encerrada dentro de la casa.

Las interpretaciones son todas maravillosas. Mención especial merecen las cinco hermanas, que consiguen que entendamos las complejidades que encierran sus almas. El poeta granadino les lanza el guante, y ellas lo recogen con desparpajo.

‘La Casa de Bernarda Alba’ representa la importancia del ‘qué dirán’, de la fachada que había que mostrar al exterior en la sociedad tradicional del momento; aunque fuese a costa de la salud interna de una familia. Cuestiona la utilidad de utilizar la tragedia como refugio indefinido, imponiendo la ley del silencio.

La obra se podrá ver, en español e inglés, hasta el 9 de diciembre en el Teatro Cervantes de Londres.

4 hijas, de cerca a lejos: Adela (Maite J.), Martirio (Lucía E.), Magdalena (Candela G.) y Amelia (Pia L.) Foto: Elena Molina

 

Sobre el autor

Nacido en Montilla. Crecido en Córdoba. Madurado en Madrid. Y ahora sobreviviendo en Londres. Graduado en periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. También estudio sociología, pero con calma.

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