Mamá, papá: me voy a Londres

Llega septiembre. Para muchos es el comienzo de un nuevo ciclo, más que el propio inicio del año. Es la época en la que nos intentan vender colecciones de pintura o piezas de barcos que nunca terminaremos. Es también el mes en el que se llenan los gimnasios con la esperanza de culminar demasiado tarde una operación bikini que nunca dio frutos. Quizás para el verano próximo. Y es el mes por excelencia en el que nos proponemos aprender inglés.

Sin embargo, en los tiempos que corren, este objetivo, que siempre ha estado en el top ten de los propósitos de año nuevo, se ha colocado en la primera posición con la intención de quedarse de forma indefinida.

Y es que septiembre lleva consigo el lema de la vuelta al cole. Pero para muchos peques adultos, este año, al igual que el anterior, y quizás el otro, no habrá vuelta al cole. Tampoco habrá depresión vacacional, porque las vacaciones han decidido ser indefinidas. Y para muchos jóvenes esto se ha convertido en el principal motivo para comprimir toda una vida en veintitrés kilos de equipaje y partir rumbo a lo que para muchos es un sueño que nunca se atrevieron a cumplir y que quizás la crisis haya hecho realidad.

En estos días se escucharán en muchos hogares aquello de «mamá, papá, me voy a Londres». «No, si sólo es una temporada, para aprender inglés». «¿Trabajar? En cualquier cosa, para ganarme un dinerillo, hasta que encuentre algo mejor».

Reino Unido y, especialmente la capital británica, se ha convertido en el destino predilecto de la oleada de emigración desde todos los rincones de la península.

Con un paro juvenil del casi 50 % en España, se prevé que seis de cada diez personas salgan del país en busca de oportunidades, sumándose así a los más de 360.000 españoles que, según el Instituto Nacional de Estadística, lo fueron haciendo desde que estos datos empezaron a contabilizarse en 2008.

El valor de intentarlo
Una cifra que sólo muestra a aquellos que se han registrado en consulados españoles con el objetivo de, por ejemplo, seguir ejerciendo su derecho a voto en España. Los que no han pasado por estas oficinas también están aquí, aunque nadie los haya contabilizado aún. Y junto a los 360.000, que también han reunido sus ahorros para aprender inglés, también pagan una habitación de alquiler en una casa que compartirán con historias enmascaradas en distintas nacionalidades. Muchos encontrarán el trabajo de sus sueños, otros se enamorarán y lo que empezó como una temporada se convertirá en toda una vida. Muchos otros sueñan con volver a su añorada tierra mientras disfrutan de las ventajas de una vida distinta y otros reservarán un vuelo de vuelta porque, simplemente, se han equivocado de sueño. Y todos ellos podrán añadir a sus currículos la mejor de las experiencias: el valor de haberlo intentado.

Y ese valor crece estos días en muchas personas, cuando se celebran despedidas de «hasta luego», cuando se empaqueta jamón serrano entre jerseys y cuando el miedo y la curiosidad se unen para crear esa sensación de cuando todo no ha hecho más que empezar.

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