‘Me gusta pensar que puedo ayudar a traducir la ciencia en imágenes’/ Daniel Beltrá, fotógrafo

El fotógrafo de conservación español Daniel Beltrá es el ganador del prestigioso premio Veolia Environnement Wildlife Photographer of the Year 2011. Es un testigo privilegiado del estado de la naturaleza

Hay en el Museo de Historia Natural de Londres una exposición temporal de las fotografías ganadoras y participantes del concurso Veolia Environnement Wildlife Photographer of the Year 2011. Se inauguró el pasado mes de octubre y puede verse hasta el domingo 11 de marzo. El ganador del premio supremo de esta competición, Wildlife Photographer of the Year, es Daniel Beltrá, el fotógrafo español que lleva dos décadas documentando con su lente la naturaleza, los estragos del cambio climático y la deforestación en muchos lugares del mundo.

La fotografía ganadora, titulada Still Life in Oil, presenta a 8 pelícanos en proceso de limpieza que resultaron contaminados durante el vertido de crudo de BP en el Golfo de México en abril de 2010. La dramática imagen fue escogida por el jurado entre las 6 del proyecto que Daniel Beltrá presentó al certamen y que le valieron el premio Wildlife Photojournalist of the Year. Se trata de una serie de espectaculares imágenes aéreas del vertido en el mar, tomadas desde un helicóptero a 1.000 metros de altura. La muestra completa se encuentra actualmente expuesta en el Roca Madrid Gallery y estará abierta al público hasta el próximo 26 de mayo.

¿Cuál es la historia de la imagen de los pelícanos?

Eso fue en un centro de recuperación de aves en Fort Jackson, Luisiana. Estos centros abrían cada varios días para los medios de comunicación. Pasé un día entero con ellos y tomé fotos. Los pelícanos están en un cajón de madera, donde les dieron un spray de petróleo más ligero, que se amalgama con el que tienen en las plumas y empieza literalmente a gotear petróleo. En el suelo hay unas sábanas blancas que se dejaban ahí durante una hora. La foto está hecha durante este proceso, en el que los pelícanos gotean el petróleo y los van sacando de uno en uno para lavarlos con agua y jabón. Cada vez que abrían el cajón para meter o sacar un ave, me dejaban tirar cinco o seis fotos, y estuve un par de horas intentando tomar aquella foto, hasta que estuve contento con el resultado.

«La fotografía de conservación, son imágenes de denuncia,
con las que se intenta mostrar al observador lo que ocurre y
nos preocupa»

¿Cómo es el proceso de selección de la imagen ganadora?

Al concurso presenté la serie en la categoría de fotoperiodista del año, la cual gané, y el ganador final se selecciona a partir de los ganadores de las distintas categorías. Ese premio se anuncia en la velada de entrega. Yo fui a Londres sabiendo que había ganado en mi categoría, pero no tenía ni idea de que me iba a llevar el primer premio. Fue muy emotivo porque me llevé allí a toda mi familia. Y quedé muy contento sobre todo porque era la primera vez que este galardón se concedía a un tema medioambiental tan fuerte, porque tradicionalmente las imágenes premiadas eran de esa estética de belleza de naturaleza.

La cima 

 Este premio culmina una carrera dedicada a la fotografía cuyos orígenes profesionales se remontan a 1989, cuando Daniel Beltrá se presentó en las oficinas de la agencia EFE con unos negativos sin revelar de un atentado de ETA en Madrid, y más atrás, a su tierna infancia, cuando, fascinado por la naturaleza, empezó a hacer fotos en los parajes naturales alrededor de la capital. Esta fascinación le llevó a matricularse en Ingeniería Forestal, carrera que sustituyó por Biología.

En su camino se cruzó el fotoperiodismo, abandonando la universidad y dedicándose desde entonces a esta actividad que es tanto su profesión como su pasión. Trabajó durante tres años en EFE y casi una década en la mítica agencia Gamma como foto-reportero de noticias, aunque siempre haciendo incursiones en la fotografía de naturaleza -es freelance de Greenpeace desde 1990-. Hace unos 10 años, coincidiendo con su traslado a Seattle, EE.UU., donde reside, hizo la transición definitiva desde el periodismo fotográfico general al natural. Se centra fundamentalmente en documentar los golpes propinados por el hombre a los ecosistemas. Se le llama fotografía de conservación.

¿Qué es la fotografía de conservación?

Es una fotografía de denuncia que intenta mostrar al observador lo que está ocurriendo en el mundo sobre temas que nos preocupan a los que trabajamos en esto, con la idea de mejorar el estado general del planeta, del rumbo que está tomando todo. Por desgracia, los atentados medioambientales que está sufriendo el planeta son tantos y tan importantes que, o cambiamos esa idea de que todo es tan bonito, o nos van a ir las cosas muy mal.

¿En qué momento de su carrera decidió dedicar sus esfuerzos a fotografiar la naturaleza y denunciar su deterioro más que al fotoperiodismo noticioso?

Fue evolucionando. Por un lado mi amor por la naturaleza y mi preocupación por el medio ambiente, y por otro mi trabajo como fotoperiodista. Empecé a hacer cosas con Greenpeace, de quien yo ya era socio, como fotógrafo freelance. A raíz de eso comencé a encontrar esta voz en el mundo de la conservación y el medio ambiente. Pero fue cuando me vine a vivir a EE.UU. cuando ya definitivamente me dediqué al cien por cien a esto. Era lo que más me gustaba y más me interesaba.

¿Han influido sus estudios de biología en sus imágenes de conservación?

Lo que sí me ha dado la formación científica es entender lo que estoy viendo, y cuando trabajo con científicos estos me dicen que mis imágenes sirven para traducir la ciencia a la gente. Me gusta pensar que puedo ayudar a traducir la ciencia en imágenes; conceptos ambiguos de comprender como el cambio climático a veces se entienden mejor con imagen.

«Pasé un mes en el Amazonas, otro en Indonesia y otro en el Congo, los tres grandes ‘pulmones’ que pierden masa forestal a manos del hombre,
luego hicimos un libro para los líderes del mundo»

¿Qué destacaría de toda su experiencia como fotógrafo de naturaleza? ¿Qué es lo que más le emociona?

Un tema que me atrae mucho, con el que he trabajado muchos años ya, es la deforestación tropical. En el año 2009 tuve la suerte de ganar un premio con el príncipe Carlos de Inglaterra (Prince´s Rainforest Project), y aquello fue una oportunidad enorme para hacer un proyecto muy importante. Pasé un mes en el Amazonas, otro en Indonesia y otro en el Congo -los tres grandes «pulmones» del planeta, que pierden masa forestal a manos del hombre-. Luego expusimos las fotos e hicimos un libro de edición limitada para los líderes del mundo, de cara a la Cumbre del Clima de Copenhague en 2009.

¿Cree que ya estamos concienciados sobre el cambio climático o aún queda por hacer?

Yo creo que sí pero aún queda mucho por hacer a la vez. Por desgracia parece que solo nos enteramos cuando tenemos miedo, ¿no? La política del avestruz: la cabeza en la arena, y el siguiente vendrá y apañará… A veces me preguntan si soy un optimista, si estamos por el buen camino, y yo digo, bueno, no es cuestión de ser optimista o no, es cuestión de ¿qué otra opción tenemos?

Uno de los acontecimientos más impactantes de los que la cámara de Daniel Beltrá ha dado cuenta al mundo es la sequía del Amazonas de finales de 2005, que le valió premios en los certámenes World Press Photo (Tercer Premio, Nature Stories) y China International Press Photo (Oro, Nature Category, y 2 Special Commendations) de 2006. Aquella imagen –titulada Sequía en Barreirinha, Brasil- del enorme barco encallado en la duna de lo que había sido un caudal es, a la par que estéticamente bella, profundamente estremecedora. Estos y otros premios avalan al fotógrafo como representante de un grupo cada vez más numeroso de personas que quiere hacer ver al resto de la humanidad lo que le estamos haciendo al planeta.

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